Todo comenzó el 2 de octubre de 2017 con un beso y un cigarrillo bajo el domo que está frente a la estación de trenes de Constitución. Marian Gómez fumaba y se besaba con su esposa Rocío, hasta que dos policías se acercaron para pedirles que pagaran el cigarrillo. “Pibe, apagalo”, le dijo Jonathan Rojo a Marian. Se dio un forcejeo y en el intento por no caer al suelo cuando los policías intentaban sujetarla, Marian Gómez le arrancó parte del cabello a la oficial Karen Villarreal. La redujeron, la esposaron y la trasladaron a estación Boedo de la Línea E, donde funciona la estación policial. 

Horas después fue liberada, pero el caso recién comenzaba: dos años después, el 28 de junio de 2019, justo el Día Internacional del Orgullo, el Tribunal Oral en lo Criminal N°26 a cargo de la jueza Marta Yungano condenó a Marian a un año de de prisión (y al pago de las costas del proceso) por resistencia a la autoridad y lesiones leves contra dos efectivos de la Policía de la Ciudad. La fecha que eligió la jueza, que además había pedido un cambio de sala a una más grande para que entraran más gente, parecía coincidir con el diagnóstico inicial de la defensa: una persecución por su orientación sexual.

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(Foto: Gentileza Mariana Leder Kremer)

A casi cuatro años de aquel beso, a casi dos años de haber sido condenada a un año de cárcel por besar a su esposa, a Marian Gómez le llegó la absolución. La Cámara de Casación hizo lugar al recurso de la defensa y por unanimidad resultó absuelta del delito de resistencia a la autoridad y lesiones leves, sin cargar con los costos. El caso de Marian y Rocío se había vuelto una bandera para las organizaciones feministas, de lesbianas y de la diversidad. Casi cuatro años después, llegó el resultado. 

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