Comer uvas de Año Nuevo a las 12 de la noche para recibir el primer día de enero forma parte de una herencia española.

A las doce de la noche del 31 de diciembre, se acostumbra en la mayor parte de los países occidentales comer una docena de uvas de Año Nuevo, que simbolizan cada mes de la siguiente vuelta al Sol. Entre vítores y buenos deseos, se despide la última noche de diciembre para dar la bienvenida a la primera madrugada de enero.

El origen del rito de las 12 uvas

uvas de año nuevo
Foto: Getty Images

 

Un rito es un acto simbólico compartido por un grupo de seres humanos. Generalmente, se celebra en forma ceremonial de manera repetida, con la finalidad de cristalizar un sistema de pensamiento o un esquema de valores determinado.

Existen diversas manifestaciones rituales, desde las celebraciones religiosas hasta ciertos patrones que imitamos de manera inconsciente, porque nos dan seguridad. A nivel cultural, generan un sentido de pertenencia.

A pesar de que estos dos ejemplos representan los extremos del fenómeno social, es un hecho que comparten el principio de seguir un camino con una finalidad específica a nivel simbólico.

¿De dónde vienen las uvas de Año Nuevo?

uvas de año nuevo
Foto: Getty Images

 

El caso de las uvas de Año Nuevo sirve muy bien para ilustrar cómo opera un rito. Sin importar el hecho de que traigan o no buena suerte para el año que comienza, el hecho es que la gente se reúne para comerlas a la media noche como parte de una actividad social. La superstición, en cierto punto, es lo de menos: lo importante es que se lleva a cabo en colectivo.

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Ésta es una costumbre que América Latina heredó de España, tras el proceso colonizador. La tradición dicta que, con cada campanada a media noche, se debe de comer una uva. A pesar de que no se tiene certeza del origen preciso de la costumbre, se sabe que los burgueses españoles que llegaron al Nuevo Mundo imitaban de manera aspiracional a los franceses, quienes despedían la Nochevieja tomando vino espumoso y comiendo uvas.

Otra propuesta histórica sugiere que, una vez que la tradición se extendió en todo el país, los madrileños acudían a la Puerta del Sol para despedir el año que llegaba a su fin. Para festejar, llevaban las uvas de Año Nuevo que, para acompañar cada toque cuando el reloj marcara las 12, pudieran terminárselas una por una.

 

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