En las últimas semanas retomó la costumbre de Néstor Kirchner de entablar el diálogo directo con los y las jefas comunales. Almuerzos, actos y apoyo estratégico para la gestión.
Un fantasma recorre el Conurbano y es el de Néstor Kirchner. Allí, en el entramado urbano más denso y extenso del país, donde se disputa una acumulación de poder que irradia al resto del territorio, Alberto Fernández decidió construir política con los intendentes. Cada semana, el presidente hace una visita al Conurbano y otra a una provincia. Pero en estos días se quedó en Buenos Aires. Las tres recorridas en el territorio fueron en: Ezeiza, Luján y Lomas de Zamora. En todas participaron los jefes comunales anfitriones, pero también sus vecinos. Y en todas, Alberto se quedó a comer un asado o a una charla post actividad. Tiene decidido retomar una tradición que supo cultivar su exjefe político y amigo: mantener una relación cercana, casi personal con los y las intendentes.En esos encuentros en el territorio bonaerense, Fernández, respetuoso de las estructuras institucionales, siempre participa al gobernador Axel Kicillof y a alguno de sus ministros. Esta semana se sumaron a las charlas posteriores la intendenta de Quilmes Mayra Mendoza y la titular de la Anses Fernanda Raverta. Pero hay otros encuentros que se hacen en la Rosada, como el del jueves, en el que el presidente recibió en su despacho a Juan Zavaletta de Hurglingham y Alberto Descalzo de Ituzaingó. La pata albertista en el Conurbano bonaerense la arma el ministro de Obras Públicas Gabriel Katopodis, exjefe comunal de San Martín, conocedor de la complejidad política y territorial de los cordones que rodean a la Capital. La obra pública es una de las claves de inserción de la gestión en la Provincia, pero también de la política. Para cualquier intendente siempre es bueno tener obra pública en su territorio porque además de empezar a solucionar problemas estructurales en los barrios –que exceden la capacidad financiera de un municipio–, también presenta una buena foto a la que subirse.

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Además de la obra pública y la producción, que hasta ahora habían sido temas de agenda del presidente, se suma a partir de esta semana el de la seguridad. Es que después del acuerdo entre Provincia y Nación sobre el paquete de dinero asignado al área como consecuencia del levantamiento de la bonaerense y la recuperación de la coparticipación excedente concedida a la ciudad de Buenos Aires por Mauricio Macri, la llegada al territorio había quedado frenada por diferencias de criterio a la hora de la asignación de partidas.

Es que los intendentes quieren mayor autonomía a la hora de dar destino a esos fondos dentro de sus municipios ya que, argumentan, conocen mejor las necesidades y las faltas en cuestiones de seguridad en sus propios territorios. Esa diferencia de criterios se convirtió en queja formal durante una reunión en la que se juntaron los y las intendentes de la primera y tercera sección la semana pasada en Berazategui. Alberto y Axel tomaron nota y la situación quedó saldada a favor del criterio más localista con la presentación de los patrulleros este viernes en la que estuvieron el presidente, la ministra de Seguridad Sabina Frederic y el jefe de Gabinete Santiago Cafiero.

No es solo una cuestión de gestión. Desde la campaña electoral, Alberto Fernández avisó que iba a construir política en base a los acuerdos con los y las dirigentes que tienen territorio. Los votos cristalizados en institucionalidad son uno de los activos del Frente de Todos, que no cuenta con la amabilidad de los grandes medios de comunicación ni el compromiso fehaciente de los grupos de poder económico. A ese armado también se suman los y las gobernadores, a los que también convocó desde la campaña. Una vez en la gestión, Fernández logró acercar al esquivo mandatario peronista cordobés Juan Schiaretti.

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“Néstor vivía con los intendentes. Almorzaba con ellos, recorría lugares”, recuerda un dirigente de la Provincia. Tenía trato directo, los llamaba por teléfono seguido y seguía de cerca sus temas”, añoran. Esta tarea parece haberla asumido otro Kirchner, Máximo, quien estuvo en Lomas de Zamora junto a Martín Insaurralde el día del décimo aniversario de la muerte de su padre. Su atención también estuvo en el territorio el día del desalojo de Guernica, y no dio su discurso de cierre como jefe de bloque en el recinto de Diputados.

Los intendentes siguieron de cerca ese proceso. Las organizaciones sociales atribuyeron el final abrupto de las negociaciones al miedo de los jefes comunales de que se extendieran las ocupaciones de tierras en sus distritos. Pero ellos y ellas desmienten esa versión y aducen que sus territorios están bien controlados. Las tomas se suelen dar en zonas más rurales que urbanas, característica más propia de los municipios más periféricos. A su vez, muchos jefes comunales ponderan el trabajo del ministro de Desarrollo Social Andrés Larroque y su dispositivo interministerial en la puerta de la toma. Como sea, el control político del territorio bonaerense también deviene en territorial, y se expresa en la disputa entre los barrios populares establecidos históricamente a fuerza de tomas y la privatización de los terrenos, opción que creció durante la última década en forma de barrios privados.

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