La vuelta a clases presenciales, o «acompañamiento educativo», como la llama el gobierno porteño, arrancaría el martes. El dirigente de UTE explica las prevenciones de los docentes.
Desde la llegada del coronavirus a la Argentina, 56.064 chicas y chicos menores de 18 años fueron diagnosticados con esta enfermedad. Eso representa el 7% de los infectados identificados hasta el momento. Los datos, presentados el viernes durante el reporte del Ministerio de Salud de la Nación, indican el riesgo que asumen las jurisdicciones que a partir de esta semana avancen en el regreso a las clases presenciales. Pocas horas después la Ciudad de Buenos Aires, el distrito con mayor cantidad de infectados y fallecidos acumulados cada 100 mil habitantes, anunció que el martes comenzará a recibir estudiantes de manera gradual en las escuelas porteñas.“Larreta no tuvo tiempo para cargar los datos de algunos fallecimientos del mes de julio y quiere abrir las escuelas”, denuncia Eduardo López, secretario general adjunto de la Unión de Trabajadores de la Educación (UTE), que convocó a sus afiliados a una retención de tareas presenciales pero manteniendo el dictado virtual. La Ciudad, no obstante, asegura que cuenta con los docentes necesarios para mantener su cronograma.

En la Provincia de Buenos Aires, en tanto, el gobierno lanzó un programa especial para que docentes y estudiantes avanzados del profesorado vayan a las casas de los chicos que perdieron vinculación escolar.

Zona liberada

“El Ministerio de Educación de la Nación decidió ceder la responsabilidad de las aperturas a las provincias en base a negociaciones políticas. Pero no tuvo en cuenta a los docentes, a los alumnos, ni su salud”, explica López, también secretario gremial de la Confederación de Trabajadores de la Educación de la República Argentina (CTERA). El gremio nacional se reunirá el martes para resolver una posición conjunta. “El ministro Nicolás Trotta le liberó la zona a Larreta en la Ciudad y le permitió avanzar. Nosotros ahora vamos a pedir un hábeas data para que la Ciudad informe los muertos reales que hay a octubre, para que las decisiones se tomen con datos actualizados”, añade.

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López se refiere a que la decisión de CABA fue posible porque el Consejo Federal de Educación cedió la potestad de abrir o cerrar las escuelas a cada jurisdicción del país. Para ello definió previamente una serie de protocolos de cuidado e indicadores epidemiológicos que establecen los niveles de riesgo. Pero en los hechos, la estrategia sanitaria parece subordinarse al costo político que cada gobernador esté dispuesto a asumir.

El otro dato que plantean desde UTE es que la demora en la carga de datos afecta la información sobre la que se toman las decisiones. Como muestra puede señalarse que de los 515 fallecimientos informados el viernes, casi el 10% (49) había fallecido más de 13 días atrás. Entre ellos, una persona que murió el 12 de julio en la Ciudad y otras cinco del 5 de agosto (una en CABA, dos en Mendoza, una en Entre Ríos y otra en Salta).

Aplanada pero alta

Tanto la Ciudad como la Provincia de Buenos Aires han logrado aplanar la curva de contagios y acumular varios días de descenso tanto en el nivel de casos nuevos como en la ocupación de camas de terapia intensiva. A pesar de ello, siguen liderando el ranking de casos acumulados cada cien mil habitantes y de muertes por millón. Según las filminas presentadas por el presidente de la Nación en su anuncio del viernes, CABA incluso mantuvo en los últimas dos semanas una tasa de incidencia superior a la media del país (267 casos por cada 100 mil habitantes versus 238 cada 100 mil).

En esta nueva etapa el gobierno porteño no habla de clases, sino de “acompañamiento educativo”. Será voluntario y solo para las niñas y los niños del último año de cada ciclo lectivo. Estará dividido en tres etapas: primero las escuelas técnicas, después las escuelas medias secundarias y luego las primarias. Se hará en grupos de hasta diez personas y en “burbujas” (sin mezclarse con otros grupos). Podrá ser entre dos y cuatro veces a la semana en turnos de entre una y cuatro horas. A pesar del rechazo de los sindicatos UTE y Ademys, desde el Ministerio de Educación porteño ratificaron que avanzarán. “No todos los docentes están sindicalizados y no todos los gremios rechazaron la medida”, respondieron ante la pregunta de Tiempo.

El plan ATR

El Ministerio de Educación de la Provincia de Buenos Aires identificó unos 279 mil estudiantes de primaria y secundaria que “perdieron la comunicación cotidiana con la escuela”. Para ellos lanzó el programa de Acompañamiento a las Trayectorias (ATR), que acercará a unos 40 mil docentes a sus casas dos veces por semana. La semana pasada se inició la inscripción de docentes y también se habilitó a estudiantes de los últimos años de formación para que participen. Cada uno tendrá a cargo a seis estudiantes a quienes visitará dos veces por semana, coordinando su intervención con los docentes de los cursos a los que iban los chicos. El gobernador Axel Kicillof además anticipó que 24 de los 135 municipios bonaerenses fueron identificados de bajo riesgo epidemiológico y allí se avanzará en la vuelta a clases presenciales en atención a protocolos.

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