Mircea Cartarescu, el más importante narrador rumano de la actualidad que con su escritura onírica encontró lectores en todas partes del mundo, participó hoy del Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires (Filba) en una charla con la editora y periodista cultural Lala Toutonian, en la que se declaró admirador de Ernesto Sábato, al que definió como «una especie de Dante Alighieri del siglo XX especialmente con su ‘Informe sobre ciegos'».

En la sección titulada «Conversación en primera persona», el poeta, novelista y crítico literario nacido en Bucarest en 1956 se dispuso a una conversación mediada por pantallas pero en la que la calidez y el humor dieron lugar a un intercambio sobre sus lecturas de autores argentinos como Jorge Luis Borges y Julio Córtazar.

Cartarescu contó que en este tiempo de pandemia volvió a escribir poesía después de haber suspendido esa práctica por treinta años: «Retomé la escritura de poesía como una forma de sanarme y deshacerme de mi negatividad, mis miedos, mi angustia».

El autor de «Las Bellas Extranjeras» y «Lulu» aseveró que «la poesía no es el arte de construir versos sino el de ver las cosas» y reconoció que «ser poeta es un enorme privilegio, el de intentar encontrar belleza».

«La belleza está en todas partes y cada búsqueda de la verdad que persigue una persona es una búsqueda de belleza», remarcó Cartarescu, quien comenzó a cautivar lectores con la publicación en 1993 del volumen de cuentos «Nostalgia», que fue reconocido con el Premio de la Academia Rumana y contiene el célebre relato «El Ruletista».

Toutonian recordó que se ha definido como «alguien que escribe, no como un escritor» pero que sí se considera un poeta. Ante lo que el autor de «Solenoide» recuperó a Kafka, el escritor que más le gusta, quien sostenía que «no escribía libros para venderlos sino para comprenderse a sí mismo».

También dijo escribir para comprenderse y entender lo que pasa en el mundo: «Me gustaría ser un científico, un filosofo. Ser teólogo o matemático. Pero no puedo, no tengo un talento en ese sentido. Entonces trato de comprenderme de la única manera que puedo que es escribiendo literatura».

El ganador del Premio Formentor de las Letras 2018 dijo que en Rumanía lo halagan «como poeta y no tanto como novelista» y recordó que comenzó a escribir poesía en una máquina de escribir, en una Erika.

«Mi padre me la trajo cuando tenía 20 años. Fue uno de los días más felices de mi vida porque la idea de escritor que tenía estaba conectada con la máquina de escribir», rememoró.

¿Cómo se fue transformando con los años su relación con la escritura? Ahora escribe «todos los días y paso a paso, poco a poco, como el arte de tejer» de su abuela, dejó la máquina de escribir y pasó a los cuadernos.

Mircea Cărtărescu en FILBA

«Nunca arranco una hoja de lo que escribo, no hago correcciones. Cuando le doy el manuscrito a mi editor, sabe que todo está perfecto desde mi punto de vista. Así que las hojas están impolutas, sin correcciones, sin palabras tachadas desde la primera hasta la última página. Por ejemplo, ‘Cegador’ tiene 1400 páginas. Lo escribí en cuatro años y no saqué ninguna hoja. Puedo mostrar los cuadernos a los que no me creen, porque a veces ni yo me creo», manifestó.

Sobre el universo onírico que atraviesa sus ficciones, Cartarescu subrayó que «soñar es un regalo enorme que alguien le dio a la humanidad. Si no pudiésemos soñar, tomaríamos la realidad como es. Nunca hubiésemos tenido la idea de trascendencia porque soñar es cambiar el mundo».

«Soñar nos permitió ver que la realidad no es el único mundo en el que se puede vivir. De hecho nos mostró que la realidad es uno de los sueños, nada más», afirmó y dijo que le encanta soñar porque puede ver cosas de su mente.

Cree que esto lo heredó de su madre que, tanto a él como a su hermana, cuando se despertaba les contaba qué había soñado y «tenía los más maravillosos cuentos» que jamás ha «leído en la literatura».

La definió como «una genia del sueño», que «con 91 años sueña todas las noches» y por la mañana, si está con ella, le narra «las historias maravillosas de sus sueños».

Cartarescu dice que no le gusta que sus seres queridos lean sus libros: «Quiero mantener una relación humana, no la relación de un autor con sus lectores. Sé que a la mayoría de los escritores les gusta leer sus obras a sus familiares, incluso Kafka lo hacía. Pero yo lo odio, nunca leo mi obra porque creo que es algo muy íntimo. Podría ser muy doloroso leerle mi obra a mi madre, a mi padre, no quiero».
«Leemos las obras que escribimos, pero solo cuando la terminamos. en el proceso de elaborar nuestras obras nunca decimos nada. Pero luego le digo ‘Ioana, ¿podrías por favor leer lo que escribí?’. Y ella lo lee y con mucha sinceridad, sin halagarme, con mucha honestidad me dice lo que le gustó y lo que no. Y yo hago lo mismo con todos sus libros», relató.

Acerca de la relación entre sus sueños y sus ficciones, dijo que en «Solenoide» todos los sueños que narra son reales pero a veces los construye «tal como hacen los surrealistas» porque explica que «Magritte o Dalí no pintaban el sueño, pintaban en la clave de esos sueños. Por eso tenían tanta magia».

«Solo quiero capturar la magia y el misterio de nuestra vida cotidiana al describir los sueños», precisó y retomó a Julio Cortázar al que dijo admirar y haber leído la mayoría de sus libros.

Para Cartarescu, el autor de Rayuela es «un escritor esencial para la literatura latinoamericana porque introdujo el surrealismo en Latinoamérica y mediante el surrealismo introdujo el romanticismo alemán» y agregó: «Después de eso se puede hablar de realismo mágico, que es una forma exótica del romanticismo alemán».

El escritor dijo que «cada nación tiene su propio estilo o tradición estilística, las maneras de pensar definen el modo de escribir o de ver al mundo» y mostró su conocimiento y admiración por la literatura argentina.

«Leí muy asombrado a Ezequiel Martínez Estrada, su ‘Radiografía de la Pampa’ sobre la Argentina y sobre los mitos, mitología que luego encontré en Borges, por supuesto, en muchos de sus primeros libros sobre luchas con cuchillos, sobre el tango. Los argentinos basan sus vidas y su pensamiento en mitos antiguos que los definen. Los encontramos en Bioy Casares, Silvina Ocampo, Sábato. Son como aguas subterráneas que nutren a todos», sostuvo.

Cartarescu contó que en los últimos diez años comenzó a leer a Borges con mucha atención e intentó «hacer pequeños pastiches de sus historias, intentando obtener algo de su método», al que definió «fascinante» y «de una prosa mordaz».

Si bien dijo que escribió «un poco de ficción siguiendo su método», la suya no ha sido una de las influencias más importantes como lo fue Ernesto Sábato, que para Cartarescu puede ser definido como «una especie de Dante Alighieri del siglo XX especialmente con su ‘Informe sobre ciegos'» y señaló que la suya «es una de las obras más maravillosas».

El escritor dijo que creció sin religión y recién a los treinta años comenzó a leer la Biblia, «uno de los grandes libros de la humanidad».

«No tenía idea de lo que era, pensé que era un libro de plegarias. Encontré la mejor novela jamás escrita. Es una gran obra de la literatura, un libro de conocimiento, de sabiduría. Incluso las personas que no creen, como los ateos o los agnósticos, pueden comprender mucho de la Biblia, porque no se trata de la fe, se trata de la belleza, de la sabiduría secreta del mundo», resaltó.

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