Desde principios de siglo diversos intentos de golpes tanto fallidos como efectivos, y un permanente acoso a los diversos gobiernos y fuerzas progresistas a través de operaciones mediáticas, judiciales, e incluso con fuerzas de seguridad son las herramientas del poder económico para mantener sus privilegios de clase.

Siendo oposición, la derecha no deja de agitar que tanto la Democracia, como la República, o la Libertad están en peligro. A eso le podemos sumar las declaraciones del ex presidente interino Eduardo Duhalde quien dijera en un programa televisivo que en 2021 no habrá elecciones legislativas y que no descarta que haya “un golpe de Estado”. “Es ridículo pensar que el año que viene va a haber elecciones. Tenemos un récord, la gente no lo sabe o se olvida: entre 1930 y 1983 hubo 14 dictaduras militares, presidentes militares”, dijo Duhalde asegurando que lo que se viene va a ser peor que lo ocurrido en 2001.

¿Tan endeble es la democracia en la Argentina? En el discurso de la derecha da la sensación de que de acuerdo a quien gobierne, la democracia existe o no. Se supone que siendo así, toda la institucionalidad sería extremadamente maleable e incluso descartable. Todo pasaría a depender exclusivamente de voluntades personales o sectoriales. Tal vez la derecha tenga algo de razón en ello y haga de eso su práctica efectiva.

Si nos atenemos a lo que viene sucediendo con las diferentes democracias latinoamericanas desde el inicio de este siglo, podemos extraer diversas conclusiones. Si bien tras el paso de dictaduras muy sangrientas, las democracias retornaron en la mayoría de los casos durante los 80, para fines de los 90, en diversos países se produjeron severas crisis de representatividad, en gran parte provocadas por el despiadado saqueo neoliberal.

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La oleada de gobiernos progresistas que tuvo lugar durante la primera década de este siglo, en gran parte fue el resultado de las crisis antedichas. Fueron respuestas sobre todo defensivas, intentos de generar alternativas al neoliberalismo que siempre siguió en pie, a pesar de soportar gobiernos que venían a ponerle ciertos límites.

Los diferentes grupos económicos y sectores cívicos que habían estado detrás de las dictaduras nunca se resignaron, y fueron generando diversas expresiones políticas que puedan llegar a los gobiernos para que gestionen a favor de sus privilegios de clase. No escatimaron nunca la utilización de diferentes modos de intervención ajenos a la democracia. Todo con el apoyo casi explicito de los Estados Unidos a partir de ONGs, fundaciones y ciertos organismos como la DEA, sin descartar la intromisión directa de su propia embajada.

De esta manera a partir del nuevo siglo podemos corroborar el accionar del bloque social dominante en diferentes ocasiones acosando seriamente a los sistemas democráticos latinoamericanos. Diversos intentos de golpes tanto fallidos como efectivos, y un permanente acoso a los diversos gobiernos y fuerzas progresistas a través de operaciones mediáticas, judiciales,  e incluso con fuerzas de seguridad que ellos mismos habían infiltrado o cooptado.

La guerra tanto mediática, como la desarrollada a partir del uso de las redes sociales, no deja de intentar que se plasmen crisis de autoridad que generen inestabilidad política. Cualquier faceta positiva es proclive a la reversión. Desde el inicio de la cuarentena en la Argentina, en la que el gobierno nacional alcanzó una notable imagen positiva, no se escatimó ningún artilugio para lograr tanto desgastar las medidas sanitarias, con la intención de hacerlas caer, y que con ello también devenga imagen negativa para el gobierno.

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Mientras las derechas mediáticas, políticas y económicas no escatiman la utilización de cualquier recurso para llevar adelante sus objetivos; los sectores progresistas pecan de un ingenuo democratismo, cuando toda la institucionalidad dominante no fue hecha para satisfacer a los sectores populares.

El discurso de los sofistas

Los hechos acontecidos el 1 de septiembre en el Congreso marcan lo endeble del sistema democrático argentino. No se trata solamente del capricho y la belicosidad de la oposición de Juntos por el Cambio, sino de una carencia de reglas establecidas que diriman el conflicto suscitado. Recordemos que la principal fuerza opositora fue decidida a abortar la sesión legislativa pretendiendo que fuera completamente presencial ya que para ellos el protocolo sanitario para sesiones virtuales había caducado. Está de más señalar que se trataba de una discusión ultra bizantina para impedir cualquier resolución.

Lo peor de todo es que la justicia el día 4 de septiembre a través de la Cámara en lo Contencioso Administrativo Federal  se pronunció a favor de JxC. “Y de improviso, la Justicia sacó del cajón un expediente y se metió de lleno en la disputa política. Afirmó que, tal como sostiene Juntos por el Cambio, el protocolo para las sesiones virtuales en la Cámara de Diputados de la Nación ´no se encuentra vigente´ y que, por tanto, la única forma de sesionar que tienen hoy los legisladores es presentándose en el Congreso” decía el diario La Nación ese día.

Sin embargo desde el entorno del presidente del Congreso Sergio Massa afirmaron que el protocolo al que hacía alusión la justicia se trataba de uno anterior, mientras que el nuevo ya había sido promulgado en esa semana.

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La derecha no deja de defender a ultranza a la independencia del Poder Judicial. Mientras fueron gobierno lo utilizaron desmedidamente, sin acordarse de esa independencia reclamada. Vale señalar que la Justicia en la Argentina es el principal bastión de la complicidad civil de la dictadura. Con el regreso de la democracia en el 83 siguió actuando impunemente y lo sigue haciendo, a pesar de los cambios que alguna vez se intentaron hacerle.

Las izquierdas latinoamericanas si verdaderamente pretenden transformar la sociedad deben poner sobre la mesa de debate los principales obstáculos que les impiden gobernar. Obviamente no se puede cambiar la estructura social simplemente desde un gobierno, se requiere del protagonismo activo de los sectores populares organizados.

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