Un policía retirado de la Federal se presentó como una fuente de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI) y negó haber integrado la banda de los Súper Mario Bros. Se trata de Gustavo Ciccarelli, el primero de los imputados en la causa de Lomas que aceptó responder preguntas ante el juez Juan Pablo Augé y los fiscales Cecilia Incardona y Santiago Eyherabide en un intento no del todo exitoso por desvincularse de la trama de espionaje que incluye a Cristina Fernández de Kirchner, a Hugo y Pablo Moyano y al intendente de Avellaneda, Jorge Ferraresi.

El «Tano» Ciccarelli era, para los fiscales, la persona que suministraba información a los espías sobre el partido de Avellaneda. En su primera indagatoria, Ciccarelli contó que había trabajado en el Municipio y que, durante los últimos años, tenía la custodia de unas casitas en un predio en Villa Tranquila. “Les pude haber dicho algún chusmerío barato del lugar, pero nunca hice tareas de inteligencia”, se atajó Ciccarelli en una presentación por escrito que hizo ante el juez antes de la audiencia virtual.

Ciccarelli era amigo de Jorge Sáez. “Íntimos amigos”, contó en su primera indagatoria. Tanto que hasta fue al casamiento. Se habían conocido cuando Sáez todavía integraba el área de inteligencia del Servicio Penitenciario Federal (SPF), o sea, mucho antes de su salto a la Policía Metropolitana y a la AFI. Cuando a Ciccarelli le hicieron un sumario en la Policía Federal (PFA) se acercó a su amigo por ayuda. Sáez le dijo, según éste, que tenía muchos conocidos y que incluso podría conseguirle un trabajo en la AFI. Ciccarelli se entusiasmó con el ofrecimiento y, para los fiscales, hizo aportes en el espionaje contra Fernández de Kirchner, los Moyano, Ferraresi y el padre Francisco Olveira Fuster.

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En su descargo, Ciccarelli sostuvo que nunca trabajó para la AFI ni cobró de la AFI, lo que contradice lo que han dicho otros de los integrantes de la banda de espías como Leandro Araque. Por eso pidió un careo. También trató de mostrarse como un visitante ocasional al departamento de Mataderos, donde tenían su base de operaciones los Súper Mario Bros, pero ante las preguntas de los fiscales terminó diciendo que era más habitual de lo que él pretendió exhibirse. «A veces pasaban hasta 20 días sin que fuera», dijo. Para los investigadores se trata de un agente inorgánico que hizo aportes al espionaje político.

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