El libro de Porretti tiene prólogo de Martín Caparrós

El libro de Porretti tiene prólogo de Martín Caparrós

El embajador de carrera, académico y escritor Eduardo Porretti presentó hoy en Caracas su quinto libro, «Señales lejanas», una serie de artículos en los que fusiona la crónica testimonial con el ensayo para poner en contexto político, económico o histórico a ciertos momentos y lugares, en una operación que los resignifica o exhibe significados que no eran evidentes.

Nacido en 1963 en Paraná, Porretti se crió en Santa Fe, estudió en Rosario y por su carrera diplomática vivió en Buenos Aires, Bogotá, La Habana y Nueva York, y desde 2015 reside en Caracas, donde, como encargado de negocios, está al frente de la embajada argentina.

Con prólogo de Martín Caparrós, «Señales lejanas» es su quinto libro después de «Naturaleza humana» (relatos de ficción, 2003), «La nación elegida: el rol de la religión en la política exterior de los Estados Unidos de América» (ensayo, 2010); «La astucia de la pasión: introducción a la obra de José Pablo Feinmann» (ensayo, 2013), y «Geografía anímica» (ficción y ensayos, 2016).

Los artículos que integran «Señales lejanas» fueron escritos y publicados en diversas épocas y en diferentes países, por lo que su reunión en un libro ofrece una perspectiva sistémica que habilita al menos un par de enfoques: la unidad de un estilo narrativo que no es habitual y la contradicción -resaltada por Caparrós en el prólogo- de quien pierde algunas raíces a medida que va haciéndose ciudadano del mundo.

Télam: ¿Fue deliberada o intuitiva la decisión de cultivar este estilo narrativo tan poco usual?

Eduardo Porretti: Fue intuitiva. Cuando junté todos los ensayos que publico en este libro descubrí que hay una conexión y una similitud en el enfoque, que está vinculado a la idea de conectar lo evidente con lo más oculto. En este sentido, el mecanismo literario se dedica a describir una serie de condiciones físicas, visibles, arquitectónicas, y a establecer la conexión que existe entre eso y algunos sucesos que tuvieron lugar en esas instalaciones o en esas circunstancias.

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T: ¿Cómo vive esa aparente contradicción entre la sensación de que tantos lugares transitados son a la vez «no-lugares» y la idea de que el mundo es «una familia sola y un barrio», como proclamó Sarmiento 90 años antes de que McLuhan esbozara el concepto de «aldea global»?

EP: No lo sé. Probablemente sucedan las dos cosas, porque el mundo se ha interconectado de una manera asombrosa desde la aceleración de la globalización en los últimos 20 o 30 años, que no es un fenómeno nuevo sino que refiere a otras etapas previas muy conocidas de lo que se llama en francés «mundialización». Pero, sin embargo, algunos lugares mantienen características especiales o particulares, que yo he tratado de trabajar. Y en particular, cuáles de esas situaciones me interesan y son relevantes en un punto de vista en que no parecen cercanas y no parecen actuales. Por eso trato de establecer cuáles de esos mensajes quedaron, de alguna manera, perdidos o vigentes pero transformados en el presente de una manera en que la mayoría de la gente no los advierte. Quiero decir: en una plaza olvidada en Manhattan está la modificación de la geografía de Estados Unidos y de México, y me llama la atención que eso no tenga ninguna relevancia prácticamente para nadie.

T: Caparrós, que a su manera es también un expatriado, subraya en el prólogo las sensaciones y las consecuencias de quienes pasan un tiempo significativo fuera de su lugar de origen. ¿Podría haber escrito el prólogo de este libro alguien que no haya dejado de vivir en la Argentina?

EP: El prólogo de Caparrós descubre algo que yo no había tomado en consideración, y es que el libro está escrito por un expatriado o por un diplomático. Yo, que tengo la costumbre de separar en general mi actividad académica, mi actividad narrativa y mi labor cotidiana como diplomático, no había tomado en cuenta un elemento obviamente visible ahora y que está puesto de manera significativa en el prólogo, que es el hecho de que quien escribe todo esto es un diplomático, que es una forma de migración y de movilidad humana muy diferente de cualquier otra. Es verdaderamente particular y extraña, no tiene que ver con un viajero, un turista o una persona que va a radicarse a otro lado, sino que es alguien que está un muy buen tiempo adaptado e instalado en un sitio pero después vuelve a su propio país.

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Es probable que este libro -no lo sé, es una cosa que aborda el prólogo, no lo hice pensando en eso- no pudiera ser hecho por una persona que no pase tanto tiempo en otro lugar. La conversación que tiene el escritor, en Caracas, en Nueva York, en La Habana, no es tanto con esos lugares como con su propio país, con su propia formación sentimental, su educación, pero, sobre todo, con los registros emocionales que tuvo en la infancia temprana, cuando crecía en su lugar, en este caso el Litoral argentino.

T: Es su segundo libro publicado fuera de la Argentina. ¿Vive eso como una simple circunstancia o como una frustración?

EP: Lo vivo con satisfacción. Porque muestra que no solamente estoy aquí trabajando como diplomático sino que también estoy viviendo como Eduardo Porretti. Si publico también fuera de la Argentina -porque podría publicar este libro también en la Argentina-, si yo logro aquí interesar a un par de editoriales, quiere decir que aquí también tengo un rol y estoy viviendo y puedo satisfacer otras inquietudes.

T: Además de escritores que ocasionalmente fueron diplomáticos -como Sarmiento y Rubén Darío-, hay una larga tradición de diplomáticos que también fueron escritores, como Alfonso Reyes y Abel Posse. ¿Qué características tienen en común los diplomáticos-escritores que los diferencian del resto de los escritores?

EP: No lo sé. Hay casos de gente que ha escrito muy bien, como los chilenos Jorge Edwards y Pablo Neruda. También el caso de Posse. Sarmiento es una de las referencias más altas que existen. No sé si hay una característica de los diplomáticos-escritores. Lo que me parece que sí hay en los diplomáticos que escriben es un interés y una sensibilidad particulares y obvios sobre temas culturales. Esa sensibilidad les permite mirar la realidad de donde están destinados de una manera diferente de otros diplomáticos u otros expatriados que hacen otras cosas.

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T: Usted escribe o ha escrito monografías, tesis, informes a la Cancillería, relatos de ficción, diferentes tipos de ensayos y estos artículos con elementos de la crónica y el ensayo. ¿Hay algún hilo conductor que atraviese a todos esos géneros?

EP: Hay un hilo conductor. En mi trabajo cotidiano en la Cancillería, en los relatos de ficción, en los ensayos, en el trabajo académico, a mí me interesan los asuntos intangibles: los elementos culturales, la cultura de la política, el impacto de las ideas, el impacto de la religión… Me parece que le damos una enorme importancia, que es razonable, a los elementos visibles, materiales -la capacidad militar, el volumen comercial-, pero no tenemos en consideración algunos aspectos vinculados a la circulación de ideas y a las nociones que parecen muy intangibles, y de hecho lo son, pero que tienen un impacto muy marcado en la vida de muchas personas y están siempre subestimadas en el proceso de toma de decisiones, en el impacto que tienen sobre la historia de los países, en el momento en que se deciden unos u otros rumbos. Por supuesto que eso no es más importante que las condiciones materiales, sino que las condiciones inmateriales, subjetivas, inasibles, conversan con las condiciones materiales y ayudan a interpretarlas.

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