Es el legado que recibimos del pasado, que se mantiene en el presente y que se transmite a las futuras generaciones, por lo tanto, es muy importante tomar conciencia de su cuidado y preservación.

El patrimonio cultural y natural son fuentes irreemplazables de vida e inspiración, de esta manera, el patrimonio cultural de un lugar es un bien que transciende en el tiempo y la memoria de sus habitantes y visitantes, por su importancia para reflejar su identidad, preservar sus costumbres y en definitiva contar su historia.
Nuestra ciudad posee una gran variedad de bienes patrimoniales que debemos valorar.
Uno de los bienes más emblemáticos, es sin dudas la Casa de Casco.
Desde el punto de vista de su arquitectura y mobiliario, el edificio posee varios elementos de gran valor, como ser la lámpara de cristal, los pisos de pinotea, el cortinado de pana, el gobelino antiguo de origen francés, la cocina donde pasaban sus días los negros esclavos preparando las delicias que servían a la familia, entre otros.
Sin embargo, hay algo más, y acá viene lo intangible, lo subjetivo, lo que trasciende los ladrillos y las paredes que tiene que ver con los relatos que encierra esta casa: historias de amor, de locura, de muertes, de negros y candombe.
Todo en su conjunto, tanto lo tangible como lo intangible hacen de ese edificio histórico un lugar único y mágico en toda su expresión, por el cual depende de todos nosotros su cuidado y preservación con el fin de salvaguardar nuestra historia, identidad y origen, dando perpetuidad a nuestro pueblo.

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