Una pintura de la época que representa a Dante Alighieri.

Una pintura de la época que representa a Dante Alighieri.

Esta semana comenzaron los actos del 700º aniversario de la muerte de Dante Alighieri con la reapertura de su tumba en Rávena -ciudad en la que murió exiliado el 13 de septiembre de 1321- y la Argentina no está ajena a estos homenajes: desde el siglo XIX la «Divina comedia» estuvo presente en la literatura argentina con tanta fuerza que hace 100 años existió en nuestro país un ambicioso proyecto para traer los restos del poeta florentino a Buenos Aires.

La tumba de Dante en la ciudad de Ravena.

La tumba de Dante en la ciudad de Ravena.

Con la reapertura de la tumba de Dante, que se realizó el sábado pasado ante la presencia del presidente de la República de Italia, Sergio Mattarella, se dio comienzo a los distintos actos que se realizarán durante todo el año en distintas ciudades de Italia y que tendrán correlato en el escenario local con actividades alusivas y la reedición de su obra.

La imagen de Alighieri como poeta, guía y exiliado ha tenido una gran importancia en Argentina, repercusión que no ha alcanzado en otras culturas y naciones. Habría que asociar, sin ir más lejos, el caso de los distintos autores exiliados argentinos desde Esteban Echeverría a la “lista negra” de 1976.

El poeta Jorge Aulicino -traductor de la última versión de la “Divina comedia” editada hasta el momento- señala que este libro “es el centro de un fenómeno increíble, maravilloso pero inexplicable”. Y aclara: “Participé de la lectura masiva con comentarios por Twitter que se hizo en 2018. Fueron decenas o cientos de personas. ¿Qué es lo que pasa? No tengo la menor idea, excepto que tal vez es un libro mágico, un imán de lectores. Quizá porque une realísticamente el mundo miserable en que vivimos con un mundo trascendente”.

Para Alejandro Crotto, escritor  y traductor del “Infierno” -primer canto de los tres en que está dividida la “Divina comedia”, que en octubre publicará la Editorial Audisea- dice: “Todo este entusiasmo tiene una explicación muy sencilla: Dante es un poeta increíble, con una imaginación poética deslumbrante”.

Sin embargo, la dantista Claudia Fernández Speier -quien tradujo la obra completa en una versión que se publicará próximamente- cree que «el impacto excepcional de la lectura de Dante es un milagro que no conviene limitar a nuestro país», ya que «desde la primera circulación del poema, su difusión fue extraordinaria, como muestra la cantidad de manuscritos que han llegado a nosotros, y como sabemos también en base a testimonios de su recepción oral en distintas capas sociales».

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«¿Por qué se leyó, se lee y –me atrevo a profetizar- se leerá siempre? Porque es un libro único, de una verdad y una belleza que vuelven a sorprender en cada lectura. Porque aunque habla del más allá, su materia es nuestra vida. Porque no es un libro de este mundo”, analiza.

Para rastrear alguna explicación histórica al “fenómeno” de Dante en Argentina, hay que remontarse a Esteban Echeverría, quien introduce la “Divina Comedia” -juntamente con el romanticismo y el género cuento- al Río de la Plata. La lectura echeverriana de Dante es profunda y a partir de este momento histórico las referencias a la obra italiana se hacen cada vez más frecuente en los escritores argentinos, hasta que en el siglo XX es Borges quien “contamina” toda la literatura con la citación alusiva o explícita de versos, recreando la estructura, los nombres topográficos, las bestias y, sobre todo, los personajes más renombrados: Dante, Beatrice, Paolo, Francesca y el conde Ugolino.

En España, a partir del siglo XV, la “Comedia” fue, según el filólogo español Marcelino Menéndez Pelayo, “casi olvidada” por los españoles. Por esto no es de extrañar que en las importantes bibliotecas coloniales del Río de la Plata no figuren en sus catálogos ejemplares y que en la literatura de “los fundadores” y la “virreinal” hayan sólo menciones ambiguas a la topografía y al bestiario dantesco, de aparentes procedencias bíblicas o grecolatinas: las “almas puestas en tormentos” en el “Romance elegíaco” de Luis de Miranda y la mención de “las furias del Averno” en “La gloriosa defensa” de Pantaleón Rivarola y no mucho más.

Hasta la traducción de Bartolomé Mitre de 1889, la «Divina comedia» era leída en su lengua de origen, como lo demuestran los epígrafes en italiano de “La cautiva” de Esteban Echeverría, “El ramito de romero” de Eduarda Mansilla y la cita de su hermano, Lucio V. en “Una excursión a los indios Ranqueles”.

Ayuda a esta recepción del libro en Argentina, la italianidad que existía en el Río de la Plata. Fernández Speier recuerda que la suerte de la “Comedia” en el país está muy ligada al proceso migratorio de la Italia de la alta cultura en contraste con el imaginario de los italianos analfabetos, concordando en este tema con las palabras del especialista en lengua y literatura italianas Alejandro Patat.

Por otro lado, los porteños patriotas trataban de escapar a los vínculos españoles y eran seducidos por la participación que habían tenido los italianos en la sociedad porteña desde sus orígenes. Cabe resaltar que en su visita a Buenos Aires en 1884, el escritor Edmondo De Amicis, autor del famoso libro “Corazón”, dice sentirse en una ciudad del Piamonte.

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Por su parte, Leopoldo Lugones en “El payador” no duda en llamar a Dante “Nuestro padre” y “el épico más grande que haya producido la civilización cristiana” y señala que el “Martín Fierro” es comparable a la “Comedia” en el sentido de que ambos fueron escritos en un lenguaje de formación reciente, y que esta última “formó definitivamente el italiano, sólo con tomar como vehículo el dialecto de la Toscana,” señala el “poeta nacional”.

La vuelta de Martín Fierro está compuesta por treinta y tres cantos (al igual que cada parte de la «Divina comedia»), y el “Hijo mayor” dice que en el umbral de la entrada de la penitenciaria se leía: “El hombre que dentre allí / Deje ajuera la esperanza”, como en el propio dintel de la puerta del Infierno.

Pero es antes que Hernández, en la progresión de tormentos sufridos en el “abismo horizontal” de la pampa del poema “La cautiva” de Echeverría, donde la presencia de la «Divina comedia» es relevante. No sólo es aludida en dos epígrafes, se manifiesta, además, en la estructura del poema y en diversas alusiones al Infierno, Purgatorio y Paraíso dantescos. Los nueve cantos de obra representan los nueve círculos del Infierno, el arroyo “copioso” sirve de límite como los ríos del infierno. La quemazón son los fuegos infernales, los malones son las catervas de demonios y, al igual que Dante, María pide piedad a Dios ante la presencia del “fuego vencedor”.

El amor como móvil aparece en el final del poema de Dante. El escritor Miguel Cané en “Juvenilia” (1884), al mencionar al “Loro” Larrea perdidamente enamorado de una niña de la Chacarita escribe: «Por fin, a las primeras claridades del alba, al canto de los gallos matinales, el cuerpo exhausto y rendido, el alma agriada contra la pasión dantesca de Larrea».

La lista de referencias al Dante es interminable, a tal punto que podría alcanzarse fácilmente el grado de “pé-dantesque” (mezcla de pedante y dantesco) con el que Paul Groussac acusó a Victoria Ocampo —-.quien confesaba “yo vivía a Dante”- luego de haber leído el cuaderno con sus estudios: “De Francesca a Beatrice”.

Es Jorge Luis Borges en el siglo XX quien con más fervor lo “utiliza” en su variada cantidad de referencias verdaderas y ficticias. Cabe destacar el libro “Nueve ensayos dantescos”, los personajes del cuento “El Aleph” -por un lado Beatriz y por el otro Carlos Daneri, cuyo apellido es la síncopa de DANte AleghiERI- y el nombre de la colección policial que fundó y dirigió juntamente con Bioy Casares titulada “El Séptimo Círculo”, que alude al recinto de los violentos en Infierno.

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También hay cuentos de Horacio Quiroga como “El infierno artificial”, “Más allá” y “El síncope blanco” con referencias a la escatología dantesca. Aparecen referencias en los cuentos de Roberto Arlt: “El criador de gorila”, “Los hombres fieras”, “Odio desde la otra vida”, “El viaje terrible” y en la obra de teatro “El fabricante de fantasma”.

Adolfo Bioy Casares, quien leyó en 1933 la «Divina comedia» en la “traducción muy anotada de Manuel Aranda y San Juan”, en su novela “La invención de Morel”, a pesar de ser una clara reescritura de “La Isla del Doctor Moreau”, utiliza de “hipotexto” la obra de Dante. Morel es prófugo desterrado al que su amada le es indiferente y su cuerpo se disuelve en la nada para entrar en el paraíso, “para lograr la inmortalidad con Faustine”, al igual que Dante quien al escribir su poema se inmortaliza junto a Beatrice.

En Julio Cortázar aparece la catábasis (el descenso) en “Las puertas del cielo”, penúltimo cuento de «Bestiario». La descripción infernal que hace el doctor Hardoy, el protagonista, del baile en el “Santa Fe Palace” dice: “justamente el caos, la confusión resolviéndose en un falso orden: el infierno y sus círculos. Un infierno de parque japonés a dos cincuenta la entrada y damas cero cincuenta”. Se diseminan por el cuento una decena de referencias al infierno dantesco. 

La novela “Adán Buenosayres” es dantesca y su autor Leopoldo Marechal dantista en todos sus sentidos. Asimismo lo es la emblemática novela de Abelardo Castillo “El que tiene sed”, especialmente el capítulo “El cruce del Aqueronte”. En 1951, el escritor confiesa haber robado de la biblioteca del colegio los tres tomos de la «Divina comedia» traducida por Bartolomé Mitre y aseguraba: “Digan lo que digan, es la mejor traducción castellana en verso que se ha hecho de ese poema”.

Tal es la importancia de la misteriosa presencia de Dante en Argentina que no solo se diseminó en la obra de escritores, apasionó a lectores (incluso a aquellos que no son apasionados de la literatura, como señala Fernández Speier), se tradujo con pasión sino que en Buenos Aires se llegó a construir un edificio para los seiscientos años de la muerte para traer los restos que se disputaban Florencia y Ravena a la Argentina: el Palacio Barolo.

El Palacio Barolo, un edificio de Buenos Aires que homenajea a la "Divina Comedia".

El Palacio Barolo, un edificio de Buenos Aires que homenajea a la «Divina Comedia».

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