Tras la detención de la exsecretaria de Documentación Susana Martinengo y el exjefe de contrainteligencia de la AFI Darío Dalmau Pereyra, el expresidente Mauricio Macri optó por guardar silencio. En su entorno, indicaron a este diario que lo que tenía para decir ya lo dijo en el comunicado que publicó junto a algunos de los dirigentes de su espacio el domingo. «Un sector del oficialismo parece enfocado en enrarecer el clima
político, con el aparente objetivo de conseguir la impunidad de ex
funcionarios procesados o condenados por corrupción», fue la explicación que ofrecieron sobre la causa de espionaje ilegal que involucra a diversos sectores del Gobierno y que, curiosamente, tiene como víctimas a algunos que firmaron ese comunicado de Juntos por el Cambio.

Macri viene guardando silencio con ocasionales y estratégicas apariciones desde que terminó su mandato. Reapareció, por ejemplo, para apoyar el banderazo a favor de Vicentin -empresa que fue aportante de su campaña y a la que le otorgaron generosos créditos del Banco Nación-, y el domingo pasado para ejercer una defensa pública ante la causa de espionaje, tras el allanamiento a su secretario Darío Nieto.

Tras las detenciones, no volvió a hablar y en su entorno explicaron que no lo hará, dado que él sostiene que no la conocía a Martinengo y, por lo tanto, no tiene nada para decir al respecto. Pese al desconocimiento que manifiestan hacia la persona que se ocupaba de la correspondencia que recibía el presidente, acotaron a su lado: «Que digan que ella era el nexo con espías es la pavada más grande que vi en mucho tiempo. Realmente es muy gracioso». A Martinengo no debe estar causándole tanta gracia. Tampoco que nieguen toda relación, dado que este diario pudo reconstruir
que llegó a formar parte de la Unidad Presidente de la mano de un dirigente de Boca Juniors que acompañó a Macri en su carrera política: Jorge Alves.

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Tampoco se ocuparon de hablar de las detenciones los habituales voceros de Macri, como son Miguel Angel Pichetto y Patricia Bullrich, quien hace dos días dijo sobre el tema: «Hay un sector del gobierno avanzando contra las instituciones, empecinado en fogonear causas ridículas». Bullrich fue la que estuvo detrás del comunicado del domingo, para el que tuvo algunos problemas en alinear a la tropa, incluso la propia.

Aunque era más que nada una defensa pública de Macri, la excusa del comunicado fue el allanamiento al secretario presidencial Darío Nieto. «Los integrantes de Juntos por el Cambio queremos decir que estamos
tranquilos, porque creemos en la integridad moral de Darío y confiamos
en que la Justicia demostrará que es inocente», indicaron, en una extraña lectura de cómo funciona el sistema judicial, donde rige la presunción de inocencia y no lo contrario.

Y continuaron: «Sí nos preocupa que, mientras la sociedad está angustiada por la
pandemia, un sector del oficialismo parece enfocado en enrarecer el
clima político, con el aparente objetivo de conseguir la impunidad de ex
funcionarios procesados o condenados por corrupción». Esa fue la defensa que empezó a bajar Macri desde el comienzo: que se trata de una causa «armada» para distraer la atención y que él no conoce a la mayoría de los implicados.

Curiosamente, el comunicado avanza como si las acusaciones fueran por «corrupción» cuando en la causa judicial se investiga una red de espionaje ilegal. Y concluyen: «Como siempre, creemos en el Estado de Derecho y colaboraremos con la
Justicia en lo que haga falta, más allá de cualquier atropello o
tergiversación de la verdad. Y confiamos en que finalmente se hará
justicia».

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El comunicado del domingo pasado no sólo fue importante por lo que decía Macri, sino por quienes lo acompañaron con sus firmas (y quienes no). En la primera versión (del domingo a las 17.30), además de Macri, estaban Bullrich, Pichetto, el titular de la UCR, Alfredo Cornejo, Elisa Carrió y el jefe de Gobierno, Horacio Rodríguez Larreta. Las omisiones eran llamativas.

Tras algunos llamados de Bullrich, una hora y media más tarde el comunicado fue enviado de vuelta con el agregado «corrige firmas». En verdad, no corregía nada, sino que agregaba una única firma: la de María Eugenia Vidal, junto con Larreta y Diego Santilli -que también firmó- víctimas del aparato de escuchas ilegales que está bajo investigación.

Ninguno de los gobernadores radicales se había sumado a la defensa de Macri (disfrazada de defensa del secretario presidencial) hasta el lunes a la mañana, cuando el gobernador de Corrientes, Gustavo Valdés, apareció en una tercera versión del mismo comunicado. También se sumaron otros nombres, como el del jefe de la bancada PRO, Cristian Ritondo. No obstante, no lo sumaron con su consentimiento. «Básicamente, copiaron la lista completa de Diputados, incluído a Cristian. Él no quería firmar porque está en la Bicameral de Inteligencia», indicaron fuentes del bloque de Diputados del PRO. En pos de defender a Macri, Bullrich pareció tomarse algunas atribuciones.

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