A diferencia de numerosas encuestas que arrojan que la venta de libros digitales no supera el 10%, un estudio indica que la lectura en ese rubro está muy por arriba de esa cifra y que en la Argentina los lectores tienen una doble condición: son mayoría híbridos que eligen el formato de acuerdo al momento y a los géneros, mientras la narrativa es terreno del libro físico, los textos de no ficción suelen ser al menos igual de preferidos que los que se consumen a través de pantallas, según la consultora Proyecto451.

¿Cómo leen las y los argentinos? Para editores y libreros, la venta de ebooks apenas si representa -antes de la pandemia, e incluso los primeros días cuando las librerías estaban cerradas- entre el 5% y el 10% de sus ventas. Pero más allá de cuánto venden, lo que no está claro es cuánto se lee de manera digital: para actualizar los datos de la aceleración digital en la vida cotidiana, la empresa Proyecto 451 que brinda servicios en materia de estrategia digital para el sector, desarrolló esta encuesta sobre el acceso en libro físico y digital.

Uno de los datos más llamativos es que un 62% de los encuestados declaró una lectura similar en papel que en formato digital, lo que demuestra que «la lectura de libros digitales es mucho más elevada de la que suponemos, y en esencia es porque siempre se toman los indicadores de mercado para medir esto», explica a Télam Daniel Benchimol, responsable de Proyecto 451.

Esa condición de «lectores híbridos» lo que significa es que «un 62% de los encuestados leyó en el último año de igual forma libros digitales y papel, para diferentes contextos, contenidos y momentos, pero coexiste con ambos formatos y los abraza por igual. Si a esto le sumamos el 4% puramente digital, estamos hablando de un 66% de lectores que lee libros digitales. Claro, el desafío está en la monetización y en cómo la industria puede hacer que esto funcione como negocio. Pero la demanda está».

No estamos hablando de lectores que no estén dispuestos a pagar. Un 32% dijo que pagaría por un Netflix de los libros, un 50% dijo que lo haría de acuerdo al precio y solo un 21% señaló que no pagaría por una plataforma de este tipo

Daniel Benchimol

Las y los lectores hacen uso de un formato u otro de acuerdo a necesidades e intereses, y mientras el papel gana lugar los fines de semana como formato ideal, el digital es más elegido en el trabajo y en los tiempos de espera. Lo mismo en los géneros que se leen: para no ficción se presenta una preferencia similar entre el ebook y el físico, a diferencia de la narrativa que predomina la elección en formato tradicional, vinculado a una percepción más de «desconexión».

Pero la diferencia está entre consumir y comprar: «Tenemos una lectura digital mucho más alta de la que pensábamos, en torno al 60%, pero son muy pocos los que compran libros digitales, un máximo de un 20%. La enorme mayoría accede y lee en forma gratuita, ya sea por canales legales o piratas. Las razones son el precio de la oferta editorial, donde hay una distancia muy grande entre lo que piden lectores y lo que ofrecen las editoriales. Y la oferta porque hay muy pocos contenidos digitalizados».

«Ahora bien -profundiza Benchimol-, no estamos hablando de lectores que no estén dispuestos a pagar. Un 32% dijo que pagaría por un Netflix de los libros, un 50% dijo que lo haría de acuerdo al precio y solo un 21% señaló que no pagaría por una plataforma de este tipo. Estamos hablando de una transformación profunda en la forma de acceder a los contenidos y monetizarlos».

Aunque la encuesta no se desarrolló para evaluar el impacto de la aceleración de la digitalización por las restricciones de aislamiento que activó la pandemia, el estudio da cuenta de que «los hábitos de consumo están cambiando drásticamente, y nadie sabe con claridad cuándo volveremos a una nueva ´normalidad´. La encuesta demuestra que antes de la Covid-19 ya había un consumo muy elevado de libros digitales. Hoy está creciendo y monetizando en mayor medida».

 
El escenario de la pandemia «generó que las altas en las plataformas de lectura digital crecieran enormemente y que las ventas de libros digitales también lo hagan en el mismo sentido. Es difícil tener precisiones, pero estamos hablando de un crecimiento mensual en abril cercano al 50% en ventas digitales, y en mayo está nuevamente cerca del 30% por sobre ese aumento anterior. Y esto esta obligando a su vez a trabajar sobre un reclamo de los lectores: la oferta».

El estudio también señala que frente a la creencia de que plataformas como Netflix quitan tiempo de lectura por disponer del tiempo libre -sobre todo aquellos que se declararon lectores frecuentes-, la encuesta concluye que la responsabilidad no cae en la series sino en el trabajo, las tareas domésticas y el uso de redes sociales.

Por otro lado, el estudio destaca «las fortalezas» del valor cultural del libro en papel como experiencia sensorial y la importancia de atesorar una biblioteca. La librería tampoco perdió su lugar «como espacio de descubrimiento de contenidos y de vínculos con los lectores, aún para el consumo de libros digitales», apunta Benchimol. El estudio sostiene que además de las librerías, otros canales de recomendaciones son amigos y familiares, seguidas por redes sociales.

En linea con los canales de venta: el estudio advierte que Mercado Libre «peligrosamente» monopoliza el ecommerce «porque las editoriales y librerías han descuidado paulatinamente este canal». Si bien las ventas online no significarían más que «una pérdida porcentual de los ingresos», en opinión de Benchimol «el principal aspecto negativo de Mercado Libre son los datos porque aprende sobre lectores y los mantiene cautivos en el mismo ecosistema, ya que pocos piensan luego en comprar en otro canal».

«Entonces -continúa- cuando se piensa en el cuidado de la cadena de valor del libro, este es un punto critico. Como experiencias interesantes para pensar, uno de los mejores modelos es Bookshop.org, una plataforma en Estados Unidos que vende libros por Internet pero de todas las librerías en Estados Unidos, promoviendo la fortaleza del canal librero pero sin dejar de desarrollar el ecommerce».

El responsable del Proyecto451 cree que el desafío es que «las editoriales deben pensar cómo los lectores quieren acceder al contenido -cuándo, de que forma- y no tratar de ´obligarlos´ a que consuman como la industria prefiere. Si el lector quiere acceder al contenido en papel, bien. Si el lector quiere acceder en forma digital, también. Si lo quiere comprar en una librería física, bienvenido. Si prefiere por ecommerce, no hay problema. ¿Quiere escucharlo en audiolibro? Que el lector decida, esa es la gran moraleja».

Deja un comentario
Mirá También:  Presencia argentina en Fondamenta, la versión online de la feria Artissima

Artículos Relacionados

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Required fields are marked *