Los clubes de lectura cobran impulso durante la cuarentena con aumento de suscriptores, mayor demanda de entregas de libros como regalos con dedicatorias especiales y la incorporación de ebooks como alternativa, afianzando su concepto de comunidad a través de la experiencia literaria compartida.

Los responsables de los clubes Bukku, Blatt & Ríos, Carbono y Escape a Plutón dialogaron con Télam sobre el funcionamiento de estos espacios durante el período de aislamiento social, preventivo y obligatorio y coincidieron en advertir que en estos meses consolidaron sus vínculos y redes de participación.

«Desde que arrancó Bukku en octubre 2018 todos los meses crece, pero sin dudas mayo 2020 fue el mes con más suscriptores nuevos hasta el momento», dice Ana Brandstadter, de Bukku -una de las formas de decir libro en japonés-, que explica que al comenzar la cuarentena decidieron no cobrar la cuota de abril que correspondía a la entrega de mayo.

Además tuvieron pausada la web hasta el 1 de mayo, cuando la reactivaron y advirtieron el notorio crecimiento. «Cuando cerraron las imprentas tuve que tomar una decisión sobre la continuidad de la suscripción, ya que si las imprentas no funcionaban no íbamos a poder hacer las siguientes entregas. Los pedidos mes a mes son cada vez más grandes y los libros que entregamos son novedades recién salidas de imprenta. La entrega de mayo no llegó a ir a imprenta antes de la pandemia», detalla.

Al igual que Bukku, Escape a Plutón funciona con entrega de libros de manera mensual para luego acompañar esa lectura de manera compartida y Martín Jali, su impulsor, cuenta que en el club envían sus selecciones a domicilio a todo el país y ante esta «situación inédita» el número de miembros creció.

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Actualmente tienen 200 socios, la mayoría de la colección Libro del mes, destinada al público adulto, aunque también cuentan con una colección para niños: Plutón Infantil.

«El club sigue funcionando con la misma dinámica y nuestros paquetes del mes, tanto en abril como en mayo, llegaron a los socios y socias sin problemas. Pusimos mucho énfasis en las selecciones de lectura que preparamos para estos meses tan extraños, por ejemplo en mayo a nuestro libro elegido sumamos un cubrebocas literario con una frase de Alicia en el país de la maravillas», relata.

Brandstadter cuenta que Bukku tiene la opción Regalá, que equivale a una sola entrega y puede agregarse una dedicatoria, y en tiempos de cuarentena fue altamente demandada.

La editorial Blatt & Ríos también cuenta con un club de lectura, en el que participan 70 personas, y funciona desde 2013 con una selección de cuatro libros hecha por Damián Ríos y Mariano Blatt que los miembros del club, pagando una cuota anual, reciben durante el año con uno de regalo.

Blatt cuenta que este año decidieron poner en marcha el club durante la cuarentena porque los socios de años anteriores lo estaban reclamando y la repercusión «fue muy buena».

Ríos cuenta que los lectores «saben qué libro van a recibir pudiendo cambiar uno de los cuatro» y señala que «los socios hacen devoluciones de lo que van leyendo y se sienten parte de la editorial».

Lidijover es el impulsor de Club Carbono, que nació hace menos de un año con cuatro editoriales independientes, de las que surgió su nombre que es el mismo de la distribuidora de Ediciones Godot, Gourmet Musical, Sigilo y Leteo y ya cuenta con 4000 integrantes.

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«Al ser un club de lectura que funciona vía mail, medio que estábamos preparados para una pandemia. Como en abril no estaban abiertas todavía las librerías, el libro que leímos fue una novedad de Godot que se lanzó en digital, ‘Biblioteca bizarra’, de Eduardo Halfon. La editorial puso su catálogo digital con un 60% de descuento durante la cuarentena, así que eso, más la posibilidad de conseguirlo en distintas plataformas de ebooks, hizo que las personas del club pudieran leerlo sin problema. Para muchos fue el primer acercamiento a un libro digital», explica.

¿Cómo funciona el hábito de la lectura para los integrantes de estos clubes en una coyuntura en la que cambió radicalmente la forma de transitar la cotidianidad?

«La lectura tiene buena prensa y está bien vista. A muchos les cuesta concentrarse pero creo que se lee más y hay avidez por conocer nuevas cosas. En general la devolución que tenemos es que se enganchan más y lo agradecen», sostiene sobre lo que sucede en el club de Blatt & Ríos.

En ese sentido, asegura que «la concentración para la lectura fue un tema al principio, después todos nos acomodamos y acomodamos los espacios». Mientras que Jali considera que es una coyuntura en la que «se da una tensión entre el tiempo disponible -que en muchos casos no es tal porque el trabajo se vuelve más agobiante y las obligaciones en casa se potencian- cierta imposición por aprovechar el encierro, la desconcentración y un estado emocional muy cambiante».

El responsable de Escape a Plutón dice que una socia le comentaba hace unos días que «el hogar, que siempre había sido una especie de refugio para leer, ahora se había convertido en un espacio que le generaba rechazo» y en sentido contrario, otro socio expresaba que «lo único que estaba logrando hacer con regularidad era leer».

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Por eso resalta la importancia de las selecciones de títulos: «Tienen un fuerte sentido experiencial, me parece importante que no sean ajenas y que sincronicen con lo que estamos viviendo. La selección de abril, por ejemplo, fue ‘Una guía sobre el arte de perderse’, de Rebecca Solnit, que incentiva el descubrimiento, propone nuevas maneras de habitar el presente y apuesta por la perdida como posibilidad de un hallazgo y ‘El cocinero’, de Harry Kressing, que fue la selección de mayo, y es una lectura encantada y adictiva que provoca una extraña teletransportación a otro mundo».

Lidijiver coincide en hacer hincapié en esa selección de obras y cuenta que en Carbono los libros leídos en abril, el de Halfon, y en mayo, ‘Secretos de belleza’ de Jean Cocteau, fueron elegidos pensando «en lecturas que pueden hacerse de a ratos. El de Cocteau es un libro de aforismos que puede leer abriéndose en cualquier página».

«Ambos nos permitieron hablar en los mails de otras cosas, conectarlos con la experiencia de leer, con las propias bibliotecas de cada uno, pensar cómo llegamos a los libros», expresa.

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