Siendo 25 de Mayo y con algunos periodistas de la corporación mediática viviéndolo con angustia por la pandemia, es bueno recordar la angustia –según Mauricio Macri– de los protagonistas de la independencia, como Mariano Moreno, cuando decía “prefiero una libertad peligrosa a una servidumbre tranquila”. Lo angustiaba la servidumbre, no la libertad. Macri lo entendió al revés, caramba.

También es un 25 de Mayo que el país festeja bajo la tensión de una puja al borde del default por una deuda externa que alimentó el gobierno macrista. Esa deuda se tomó mientras el macrismo machacaba sobre las bondades de los grandes prestamistas internacionales; los argentinos tenían que “enamorarse” de los que les prestaban plata. A Moreno lo acusan de libremercadista.

Pero el hombre decía: “El extranjero no viene a nuestro país a trabajar en nuestro bien, sino a sacar cuantas ventajas pueda proporcionarse, miremos sus consejos con la mayor reserva y no incurramos en el error de aquellos pueblos inocentes que se dejaron envolver en cadenas en medio del embelesamiento que les habían producido”.

No lo decía por el inmigrante trabajador sino por los gobiernos extranjeros y cuando habla de cadenas, dice dependencia. Después de cuatro años de macrismo, también queda claro a qué se refiere con el exactísimo término de “embelesamiento”, que ha sido la peste que contagió a más del 40 por ciento de los argentinos antes de la covid-19.

Negociemos con los ingleses y con todo el mundo, decía Moreno, pero desde el interés propio, no del de los demás. Eran las premisas del gran promotor de ese 25 de Mayo de 1810, alrededor del cual se agrupaban Manuel Belgrano, Juan José Castelli, Juan José Paso, Domingo French, Antonio Berutti y otros.

Porque al hablar de los ingleses contaba que: “Yo he visto llorar muchos hombres por la infamia con que se les entregaba; y yo mismo he llorado más que otro alguno, cuando a las tres de la tarde del 27 de junio de 1806, vi entrar a 1560 hombres ingleses, que apoderados de mi patria se alojaron en el fuerte y demás cuarteles de la ciudad”.

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Y cuando se habla de ampliación de derechos y empoderamiento, Mariano Moreno, en el amanecer de la Nación, decía: “Si los pueblos no se ilustran, si no se divulgan sus derechos, si cada hombre no conoce lo que puede, vale, debe, nuevas ilusiones sucederán a las antiguas y será tal vez nuestra suerte cambiar de tiranos sin destruir la tiranía”.

Son actitudes que se repiten y frases que se han escuchado al paso del tiempo. Más de uno hubiera dicho ahora que eran unos populistas cualquiera y si estuviera el juez Bonadío los hubiera acusado por corruptos y los hubiera metido presos sin condena en firme. A Mariano Moreno no lo metieron preso, como todo el mundo sabe. Le hicieron un golpe –el primero de la naciente república– lo nombraron embajador para alejarlo y murió misteriosamente cuando estaba en altamar.

Eran hombres haciendo política, haciendo una revolución. Y no eran mayoría los que rodeaban a Moreno. La votación en el Cabildo por la destitución del virrey fue: 155 a favor de la destitución, 69 por la permanencia del virrey y 27 se abstuvieron. Si no sumaban a los sectores moderados que representaba Cornelio Saavedra, hoy no habría ningún festejo.

El cartero French, con fama de valiente y divertido, votó por sí mismo “y por 500 más que están afuera”. Eran los chisperos que habían convocado con su amigo Berutti, que desde la noche anterior recorrían a caballo con antorchas las calles de la ciudad. Y que coparon los accesos a la plaza de Mayo hasta que Saavedra los reemplazó con el Regimiento de Patricios, para tranquilizar a los comerciantes y vecinos que lo seguían.

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El mismo Berutti habló en el Cabildo salteándose la lista de oradores y les dijo que el pueblo ya no les creía y que tenían que darle el gobierno a la Junta. Los revolucionarios habían acordado que Belgrano se asomaría al balcón del Cabildo y arrojaría un pañuelo blanco si el virrey insistía en mantenerse en el gobierno. Esa sería la señal para que los 500 chisperos irrumpieran en el salón.

El 25 de Mayo dialoga desde el fondo de la historia. Un científico de la materia diría que no se puede. Que todo sucede en un contexto y que equiparar mundos tan diferentes distorsiona. Lo que también es cierto. Pero sucede y cada quien se lo apropia. Macri pensó que a Moreno lo angustiaba la libertad. Pero si Moreno luchó por ella, quiere decir que lo angustiaba la servidumbre. Son formas de apropiarse de la historia según la conveniencia o las ideas y en esa elección se asume una identidad como sociedad y como utopía.

Resulta ahora, que la angustia da para el debate. Una vocera de la corporación mediática habló de la angustia por la cuarentena y Alberto Fernández respondió que a la angustia la hubiera producido un Estado que no protejiera al ciudadano. Es el lugar de Macri y Moreno en el ejemplo anterior. El 25 de Mayo da más que para el chocolate con churros.

El 25 de Mayo marcó las vidas de ese grupo hasta el último suspiro. Desde French y Berutti que rompieron la fuerte amistad que los unía cuando Berutti se hizo unitario, todos murieron en el campo de batalla o enfermos y olvidados, como Belgrano. Y Castelli, el orador de la revolución, fue llevado a juicio y murió de un cáncer de lengua mientras era juzgado.

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Este es un 25 de Mayo raro, con la gente en cuarentena, donde quedó demostrado que las únicas herramientas para defenderse de la epidemia son la responsabilidad social y un Estado presente.

Son premisas que estaban en la conciencia de los próceres de Mayo: un ciudadano consciente, empoderado, conocedor de sus derechos y deberes, que asume una actitud social responsable. La opción contraria es la de un individualismo insensible del daño que le puede provocar al prójimo y que acusa de totalitario al Estado por mantener la cuarentena.

“Felizmente –dice Moreno–, se observa en nuestras gentes, que sacudido el antiguo adormecimiento, manifiestan un espíritu noble, dispuesto para grandes cosas y capaz de cualesquier sacrificios que conduzcan a la consolidación del bien general.” Y la idea de un Estado presente: ”… el mejor gobierno, forma y costumbre de una Nación es aquél que hace feliz al mayor número de individuos…”.

Y la frutilla del postre para los que se indignan ante el aporte extraordinario que se aplicará a las grandes fortunas como parte de la lucha contra la pandemia. Dice Moreno: ”…las fortunas agigantadas en pocos individuos, a proporción de lo grande de un Estado, no sólo son perniciosas, sino que sirven de ruina a la sociedad civil, cuando no solamente con su poder absorben el jugo de todos los ramos de un estado, sino cuando también en nada remedian las grandes necesidades de los infinitos miembros de la sociedad…”.

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