La Cámara Federal virtualmente cerró la causa penal contra el ex camarista Eduardo Freiler, perseguido durante el macrismo y que fue apartado de su cargo en una maniobra bochornosa concretada con la complicidad de la Corte Suprema. Los hombres de la administración Macri no tenían los votos en el Consejo de la Magistratura para acusar a Freiler, pero la Corte demoró el juramento del consejero peronista Mario País por un par de horas, y el macrismo aprovechó ese rato para suspender y concretar el juicio político de Freiler. La orden vino directamente del entonces Presidente y se adujo un supuesto enriquecimiento ilícito del camarista, pero este viernes la Cámara Federal terminó con esa acusación y cerró la causa.

Freiler fue uno de los jueces que insistió con la indagatoria de los directivos de Clarín y La Nación por la compra de Papel Prensa durante la dictadura. También votó por apartar al juez Claudio Bonadío del caso Hotesur y avaló, desde la Cámara Federal, junto a Jorge Ballestero, la decisión del juez Daniel Rafecas de cerrar la causa del Memorándum de Entendimiento con Irán, por inexistencia de delito. Macri, de manera descarada, insistía con que Freiler debía ser expulsado de la Cámara Federal.

En el debate en el Consejo de la Magistratura, el camarista alegó algo más que razonable: que debía hacerse una pericia contable sobre sus bienes para evaluar si existía o no el supuesto enriquecimiento ilícito. No se hizo. Y lo que correspondía también era que se evaluara que en la causa penal había sido sobreseído –era cosa juzgada– en un primer momento y que de manera más que sospechosa ese expediente se reabrió, justito en los tiempos en que deliberaba el Consejo.

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Lo sucedido fue curioso. Se presentó en la fiscalía un abogado llamado Maximiliano Goetzner y dijo que conocía que la causa estaba radicada allí, pese a que estaba cerrada. El individuo aseguró ser asesor del senado de la Provincia de Buenos Aires, pero resultó imposible ubicarlo allí. Dijo entonces que vió un programa de televisión en el que aparecía una hostería, supuestamente de Freiler, en Quequen, y que eso nunca fue investigado. En verdad, la hostería Costa Bonita era de los padres del camarista y sí había sido investigada. Aún así, la maniobra consistió en reabrir la causa para evitar que Freiler alegara en el Consejo que ya estaba absuelto. El aparato de Comodoro Py fue parte de la maniobra.

Después de la reapertura trucha, tampoco se encontraron elementos, pero fue sostenida por dos jueces que el macrismo puso de manera irregular en la Cámara Federal: Leopoldo Bruglia y Pablo Bertuzzi. Ambos dejaron abierto el expediente para facilitar la expulsión de Freiler, pero después la Cámara de Casación revocó su fallo diciendo que el fallo de 2016 de cierre de la causa era cosa juzgada.

Lo que ocurrió ayer es que la Cámara Federal –siguiendo órdenes de la Casación– anuló aquella reapertura y dejó firme el sobreseimiento. En su momento, utilizaron como gran excusa que Freiler tenía una casa en Olivos cuyo valor era muy superior a lo que él declaraba. El camarista presentó los avisos de la propiedad en el sitio Zonaprop que demostraba que había comprado la casa al valor declarado. Se argumentó que existía una tasación que contradecía a Freiler, hecha por el Banco Nación, pero resultó falso: los tasadores dijeron que no podían evaluar porque había que ver cómo estaba la propiedad en el momento en que se encontró.

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Después de ser apartado del cargo en el Consejo, Freiler recurrió a la Comisión Intercamericana de Derechos Humanos donde el caso está radicado hoy. El fallo de este viernes le juega totalmente a favor, aunque Freiler hoy trabaja de abogado y no está claro si quiere volver a la justicia.

El 17 de noviembre de 2017 se produjo la expulsión de Freiler con la votación del Consejo. Ese día, Macri estaba cenando con un funcionario internacional en la Quinta de Olivos e hizo saber su satisfacción por lo que decidió el Consejo. Su frase debería quedar en la memoria: «gracias a esto, van a venir inversiones al país».

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