Una septuagenaria de Villa Lynch denunció a sus dos descendientes por violencia física y verbal. La anciana aseguró que los maltratos comenzaron cuando enviudó.

«No me puedo olvidar todo lo que hicieron”, reflejó, con profundas tristeza y desolación, Osvaldina, en referencia a los maltratos que recibe diariamente por parte de sus dos hijas. Un padecimiento que se extiende desde que la anciana enviudó y por el cual realizó sucesivas denuncias por violencia física y verbal, e incluso por la sustracción de la documentación de su vivienda, de la que sospecha es objeto de codicia.

“Cuando mi marido se murió empezó mi calvario”, reconoció Osvaldina Figueredo, de 70 años, quien reside en Villa Albertina, en el partido de Lomas de Zamora. La odisea que ella reveló se desencadenó hace cuatro años, puesto que al poco tiempo de la partida de su esposo se sucedieron las agresiones físicas y verbales, pero principalmente las muestras de desamparo, y una falta de cariño de hijas a madre que Osvaldina requería.

En este sentido, la abuela detalló que “en principio tuve un problema muy grande cuando mi yerno me quiso pegar. Por eso me fui de mi casa, a lo de un sobrino durante seis meses”. Sin embargo, durante su alejamiento, sus hijas, de 44 y 33 años, “me hicieron una denuncia, en la que ellas asentaban que yo no estaba en mis facultades mentales, para sacarme la casa. Entonces me hicieron las pericias psicológicas y psiquiátricas, que confirmaron que no presentaba ningún trastorno mental. Finalmente el Juzgado de Familia de Lomas de Zamora falló a mi favor”.

No obstante, su amor de mamá no cambió ni se moderó, continuó siendo el mismo y hasta se agrandó, porque, a pesar de dicha acusación y de los maltratos, ella se acercó nuevamente a sus hijas. Al respecto, Figueredo aseguró que “yo me sentía sola, entonces decidí acercarme a mi hija más grande. En ese momento aparece la menor, que llora y me pide perdón, y de volver a casa porque no tenía plata”.

La madre accedió y “el primer mes estaba todo bien, pero el segundo cambió completamente. Me ignoraba, y un día mi yerno me empezó a insultar, diciendo que él era el hombre de la casa. Llamé a la policía y él jamás volvió a mi casa. A los pocos meses, ella se fue con él”, relató la anciana.

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En ese lapso de intentar restablecer lazos y relaciones, esperanzada por empezar de nuevo el vínculo con ellas, Osvaldina asumió préstamos de sumas cuantiosas para financiar los compromisos económicos de sus hijas. Sin embargo, tras aquella discusión con el esposo de una de las mujeres, quien la atacó verbalmente, volvieron a agudizarse los maltratos.

En referencia a ello, la damnificada remarcó que “me sacaron mis pertenencias, me cortaron las fotos con mi marido, destrozaron recuerdos y lo más grave de todo es que se llevaron los papeles de la casa”. Por esta razón, radicó la denuncia en la Comisaría de la Mujer de Temperley, requiriendo la devolución de la documentación, dado que sospecha que “me quieren sacar la casa, por eso no me regresan lo que me sacaron. Tienen el corazón de piedra, no las entiendo. Lo único que pido son los papeles de mi vivienda”, y con ese afán ruega a las autoridades judiciales intervinientes que al menos le permitan recuperar los títulos de su propiedad, sabiendo que jamás le devolverán el afecto de sus hijas, que ella tanto anhela.

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