Exigen que el presidente colombiano desista de sus proyectos de reforma laboral y previsional.

Las cacerolas siguen sonando fuerte en las calles de Colombia. El descontento del pueblo colombiano continúa expandiéndose en las calles, casas, oficinas y hasta estadios. Después de la enorme movilización del 21 de noviembre, todos los días, los colombianos se están manifestando en grupos en parques públicos y también en sus espacios privados y redes sociales: exigen que el gobierno de Iván Duque les escuche y desista de sus proyectos de reformas laboral y previsional, que se proteja la vida de líderes sociales, pueblos indígenas, y que se cumpla el Acuerdo de Paz que justamente cumple 3 años de su firma esta 24 de noviembre.

Colombia está de pie, además, en rechazo a los abusos policiales que reprimen las marchas pacíficas. En Bogotá, cuando los ciudadanos cantaban el himno nacional a las seis de la tarde de ayer, en el centro de la ciudad durante uno de los muchos “cacerolazos” realizados, el Escuadrón Móvil Antidisturbios (Esmad) comenzó a lanzar gases y golpear a las personas. Esta y decenas de escenas más de golpes a los manifestantes pacíficos quedaron registradas en los teléfonos celulares de los transeúntes y circulan como evidencia de uno de los momentos más represivos en la historia de Colombia. Todo esto en medio de desmanes e intentos de saqueos a las casas de los barrios populares de Bogotá y Cali, donde estarían involucrados los mismos policías, según los videos que muestran encapuchados bajándose de camiones de la Fuerza Pública, y donde también se aprecia a los uniformados rompiendo vidrios y causando destrucción con palos y piedras. En la capital, donde hubo toque de queda el viernes, estos irrumpieron violentamente en varias viviendas. Y el viernes le dispararon al joven Dylan Cruz, de 17 años, durante protestas en el Centro dejándolo con muerte cerebral. Estudiantes y ciudadanos se reunieron junto al hospital donde se recupera con flores y oraciones para pedir por su vida y exigir al gobierno respeto al derecho a la protesta y la vida. La escena se repetió a lo largo del país, en especial en las capitales, la tarde y noche de ayer: miles de personas con cacerolas, velas, mensajes, guitarras, flores, poesía, invocando la no violencia, una generación de colombianos que se hartó de los abusos, el desempleo, la corrupción, pero que, a diferencia de años anteriores, parece no tener miedo ni simpatizar con las armas o formas violentas para hacerse escuchar.

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En Medellín, el joven músico Alex Osorio caminaba tranquilo con su trompeta en la mano cuando la policía se le vino encima. Pese a los traumas en su cuerpo, dice no exigir nada, solo pacificación, y que el paro que comenzó el pasado jueves sea un avance para la sociedad. Alex contó: “Estaba con un compañero guitarrista a unas cuadras de la Universidad de Antioquia, y vi que por una calle se vinieron muchos policías Esmad en motos. Un policía me dio un puño en el oído izquierdo y me tiro al piso, nos cogieron a mi amigo y nos llevaron a un callejón. Nos rotabam entre policía y policía pegándonos con el bolillo, patadas y puños. No tengo audición por el golpe que recibí en el oído izquierdo”.

Catalina Reyes, joven bióloga de la Universidad de los Andes, y habitante de Bogotá, agrega que “una de las exigencias puntuales creo que es el desmonte del Esmad. Las manifestaciones responden a un derecho que tenemos como ciudadanías y hemos visto que buscan sistemáticamente acallar su espíritu a través de los abusos”. Junto a Nicolás López, Catalina y cientos de jóvenes están unidos en un grupo de whatsapp desde donde coordinan convocatorias y cuidados para manifestarse. También invitan a la esperanza y se dan fuerzas y mensajes de amor para este momento, uno de los más decisivos en la historia reciente de Colombia donde la participación de los jóvenes es mayoritaria. “Vamos por todo”, dice Nicolás a este diario. “Al principio convocamos los estudiantes y los trabajadores, y ya todo el pueblo colombiano se sumó. Vamos por todo: No queremos reformas social ni pensional ni tributaria, tampoco queremos que sigan asesinando a nuestros líderes, a los ex combatientes de Farc… El gobierno firmó un acuerdo con las Farc y con los incumplimientos nos quieren llevar otra vez al conflicto. También por las mujeres”, agrega el joven que estudia en la Universidad Santo Tomás de Bogotá y que representa el sentir de cientos de miles que coparon las calles durante todo el fin de semana a pesar del miedo y el terror infundidos por las autoridades.

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Mientras tanto, en las zonas rurales se celebró el tercer año de la firma del Acuerdo de Paz y se enviaron mensajes de ánimos y agradecimientos a los jóvenes y familias que, en las ciudades, están peleando por el cumplimiento del acuerdo. En el espacio de reincorporación de la vereda Pondores, en La Guajira, el ex guerrillero Oscar* declaró que “hay algunas dificulades en la implementación, pero continuamos luchando y tratando de crear actividades y opciones para que el proceso se siga desarrollando. Porque nosotros volvimos para quedarnos”. Con fútbol, voleibol y un taller de periodistas en esta zona del Caribe se celebran la paz, a pesar de las enormes dificultades que tiene. Acá viven más ex combatientes de los que llegaron a dejar las armas y aunque tienen proyecto de vivienda en curso, la falta de avance en proyectos productivos y condiciones de seguridad como el asesinato de ex combatientes ponen en riesgo la reincorporación colectiva. Para Oscar, el hecho de que en las capitales hoy estén peleando pacíficamente la implementación de la paz le da esperanza y fuerzas para mantenerse en la legalidad. “Me parece importante que la gente se manifieste, salga a decir lo que hay que decir, el gobierno debe mirar y escuchar, porque fueron manifestaciones muy grandes y siguen, entonces el paro no ha terminado y ojalá no termine hasta que logremos nuestras conquistas”, agregó el ex combatiente mientras recibía un trofeo.

En Bajo Cauca antioqueño, por su parte, lamentaron el homicidio de un líder social. “Es inaudito que desde el 2017 que se inició la implementación del acuerdo de paz en el municipio de Tarazá, los homicidios van en aumento”. Allí los cultivos de coca tienen en jaque a la población pues los grupos ilegales se disputan el control, mientras la Fuerza Pública no cumple con copar los territorios dejados por Farc, pero sí está en las calles de las capitales reprimiendo las protestas. También en Riohacha, Guajira, y Bojayá, Chocó, las balas acabaron con la vida de líderes este fin de semana. Entre tanto el comandante de la Policía de Bogotá, la institución más cuestionada de las jornadas, provocó el descontento de la gente y los jóvenes anunciando de manera burlona que -frente a las quejas por los abusos- enviaría a descansa a sus hombres “porque se lo merecen”. El presidente Iván Duque por su parte y la oficina de prensa de Presidencia siguen sin responder su postura ante los abusos policiales, pese a que medios de todo el mundo exigen un pronunciamiento de su parte pues los videos y fotos con evidencias son cada vez más. Dijo Duque, sí, que entablaría un diálogo. Sin embargo, se sentó para empezar con los alcaldes de municipios de Colombia, pero no aún con los comités promotores del paro compuesto por sindicatos, organizaciones de mujeres, sociales, estudiantes, iglesia, entre otros. Mientras, en las calles siguen siguen escuchándose los coros de una generación que toma el curso de la historia en sus manos y que logra que los vientos de cambios a favor del pueblo soplen las cocinas de la gente del común donde las ollas y cacerolas ya no están.

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