Bolivia decide hoy si mantiene el rumbo fijado de progresos socio-económicos ratificándole la confianza al presidente Evo Morales o desanda el camino que comenzó a recorrer en 2006 inclinándose por cualquiera de las opciones opositoras donde –según las encuestas previas- sobresale el candidato Carlos Mesa. Será una primera vuelta que podría tener su continuación en el ballotage previsto para el 15 de diciembre, aunque los sondeos le otorgan chances muy firmes al oficialismo para imponerse en esta instancia. Los comicios inauguran un ciclo de elecciones crucial para la región que continuará en la Argentina y Uruguay el próximo domingo.

El país tiene un padrón de 7.315.364 electores que pueden optar por nueve fórmulas presidenciales. El Congreso además renovará 36 bancas de senadores y 130 de diputados, en otra disputa que resultará clave para la gobernabilidad del futuro presidente. Todos los cargos cubrirán el período 2020-2025. La importancia que adquirieron las elecciones bolivianas está dada por la numerosa presencia de veedores internacionales. Llegaron desde distintos puntos del planeta y pertenecen a distintas organizaciones o son integrantes del cuerpo diplomático. La lista llega a 235 y 92 se acreditaron por la OEA, que mandó una delegación encabezada por el excanciller de Costa Rica, Manuel González Sáenz.

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Este escenario prefigura comicios más que controlados donde se desploma la campaña opositora basada en que el oficialismo planearía un fraude. Si se hiciera un promedio de los resultados que arrojaron las encuestas preelectorales, Evo está muy cerca de obtener el 40 por ciento de los votos y el adicional 10 % de ventaja sobre el segundo candidato para ganar en el primer turno. Esos porcentajes hacen que estos comicios sean los más reñidos desde que el dirigente cocalero llegó al gobierno en 2006 con el 54 % de apoyo. En sucesivas elecciones, Morales amplió la diferencia al 64,22 en 2009 y el 61,36 en 2014. Hoy es evidente que esos márgenes no se repetirán, aunque el MAS, el partido en el gobierno, se beneficia de la atomización con que lo enfrenta la oposición.

Más allá de los porcentajes electorales, el tono agresivo de campaña y las acusaciones por imparcialidad a favor del oficialismo contra el Tribunal Supremo Electoral (TSE), en Bolivia se discuten dos modelos. El llamado Modelo Económico Social Comunitario que con autonomía del establishment financiero internacional llevó adelante Morales durante catorce años, con avances verificables hasta para sus detractores y el que pretenden volver a imponer Mesa de Comunidad Ciudadana y el tercer aspirante a la presidencia según los sondeos, Oscar Ortiz, de Bolivia dice No. Se trata de un retorno al pasado en que los opositores se diferencian con matices, donde el libre mercado fijará las reglas y no el Estado como sucedió hasta ahora.

Ayer el presidente realizó una convocatoria por twitter para que los comicios se desarrollen con normalidad: “Hacemos un llamado a nuestro pueblo a participar pacífica y activamente de las elecciones de mañana. Estamos seguros de que será una fiesta democrática gracias a la conciencia y madurez de los electores. Bolivia será de nuevo ejemplo para delegaciones y veedores que nos visitan”.

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Evo votará en Chapare, la región del trópico cochabambino desde donde surgió como líder cocalero mucho antes de lo que se supone, en la década del 80. Lo hará en el colegio de la villa 14 de septiembre. En los días previos a la elección se lo vio muy activo, de viaje en viaje, cubriendo los nueve departamentos del país, mientras la prensa opositora lo cuestionaba por violar presuntamente la veda electoral en actos de gobierno. Durante la campaña, la agitación del fraude que hicieron sus rivales políticos, derivó en situaciones insólitas, como que el Tribunal Supremo Electoral (TSE) tuviera que desmentir que algunos de sus vocales estaban dispuestos a sabotear el sistema de Transmisión de Resultados Electorales Preliminares (TREP) el mismo día de las elecciones.

Las imputaciones contra el MAS y su líder por no respetar la veda electoral se volvieron inofensivas porque la oposición siguió haciendo campaña en las redes sociales. Hasta ahí no llegaron las prohibiciones del TSE y la Ley del Régimen Electoral. El auto del buen gobierno, como se lo denomina en este país, también conlleva otras restricciones para la población el día de la elección. Está vigente la prohibición de la venta de bebidas alcohólicas hasta las 12 del mediodía de este lunes. Tampoco se pueden realizar manifestaciones públicas de apoyo o rechazo a cualquiera de los candidatos y se dificulta viajar porque casi no habrá transporte público. En la Argentina, donde vota la mayoritaria comunidad boliviana en el exterior, podrán hacerlo 161.057 inscriptos. El total del padrón fuera del país representa el 4,7 del electorado. Un porcentaje nada desdeñable si toma en cuenta cómo se está disputando el voto en esta elección.

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