Tras el escenario devastador que dejaron las PASO, los jefes comunales buscan desarrollar una campaña local, sin contacto con la campaña presidencial.

«En las barriadas, nos están votando en contra diez de diez. Es ya una cuestión de clase, visceral: es ‘hay que sacar a los chetos’. Los punteros hace un año que no me inauguran un local con un cartel de Macri.» El relato, crudo, proviene de una autoridad de una de las intendencias gobernadas por el macrismo. Tras la derrota de las PASO, que arrastró a buena parte de los intendentes macristas que buscan reelegir, el nuevo escenario llevó a los mandatarios municipales a desarrollar una campaña local, donde habrá poco o ningún contacto con la campaña presidencial. De hecho, su principal responsable, el jefe de Gabinete, Marcos Peña, intentó ir a un asado con intendentes y le sugirieron que mejor no se acercara. «¿Para qué nos quiere escuchar ahora?», dijeron algunos de los comensales.

Es más fácil contar cuáles intendentes del PRO tienen posibilidades de sobrevivir en octubre. Se cuentan con los dedos de una mano. Son el de Vicente López, Jorge Macri; el de San Isidro, Gustavo Posse; y el de  y San Miguel, Jaime Méndez. Este último, que responde al ministro de Gobierno de María Eugenia Vidal, Joaquín de la Torre, logró un corte de boleta antológico: superó por 46 contra 37 al kirchnerista Franco Laporta en un distrito en el que Vidal cayó 35 contra 47 de Axel Kicillof y Macri, 31 a 50 de Alberto Fernández.

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La caída de Macri, al mantener unificada las elecciones – y hay que recordar que desdoblar era un pedido de los intendentes PRO-, se llevó puestos a la mayoría en las PASO. En algunos distritos se esperaba la derrota como en Quilmes, en el que Martiniano Molina perdió por 20 puntos, o en Pilar, donde Nicolás Ducoté cayó por 13 puntos. Otras fueron sorpresas como Lanús, donde Néstor Grindetti quedó 12 puntos abajo; Tres de Febrero, donde Diego Valenzuela debe escalar también otros 12 puntos; o Morón, donde Ramiro Tagliaferro debe escalar desde los siete puntos de diferencia que le sacó Lucas Ghi. Otros quedaron en una situación de virtual empate, como el intendente de Bahía Blanca, Héctor Gay, quien fue crudo en sus primeras declaraciones tras la elección. «La elección en Nación y en Provincia está terminada», sentenció.

¿Cuál será la estrategia en este escenario? Una campaña lo más local posible. «La campaña va a ser más local. Va a haber poca o nula presencia nacional. Olvidate», indicaban desde uno de los distritos complicados. «No creo que hagamos campaña conjunta. Tiene el efecto contrario al buscado: nos tira a nosotros para abajo», relata otros dirigente, que explicó lo difícil que es recorrer las zonas más carenciadas y la cantidad de reclamos que reciben por la situación económica. También advierten que la principal animadversión es contra Macri y que los intendentes no siempre reciben el mismo trato, lo que le da esperanzas a algunos de revertir el resultado.

Así como habrá un despegue de la campaña nacional, no será así con la provincial: Vidal estará presente en recorridas y habrá una unificación de criterios con su gobierno con respecto al discurso que bajarán, que está muy centrado en las obras hechas durante la gestión. En la guerra fría entre Peña y Vidal, los intendentes parecen estar del lado de esta última. Es un hecho que el jefe de Gabinete pudo comprobar en carne propia: intentó ir a un asado que hacen periódicamente los intendentes del PRO y se le sugirió que no lo iban a recibir con los brazos abiertos. Es que algunos de los comensales plantearon: «¿Para qué va a venir? ¿Ahora quiere escucharnos?».  De todas maneras, no hay unanimidad tampoco en el acompañamiento a Vidal: algunos indican su responsabilidad en la falta de un armado provincial más sólido: «En cuatro años, no sumó un intendente, un diputado provincial, ni un concejal», se escuchó decir.

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Pese a este escenario, un intendente señalaba que no ocultarán a Macri, como se simplificó en varios intentos de comunicar la estrategia: «Es ridículo esconder a alguien que está en la boleta», opinó. De todas maneras, destacó que el rol del presidente en la campaña va a ser mucho menor, habida cuenta de la decisión de mantener un discurso más enfocado en la gestión hasta entrar en octubre. «Igual, me lo imagino a muy concentrado en su rol de presidente más que con el traje de candidato»,  indicó el mismo intendente.

No obstante, la suerte de Macri y Vidal está atada a ellos. «En cualquier escenario, que Macri suba 2 puntos es importante. O que suba Vidal medio punto es importante. No nos podemos desentender», contaba otro de los dirigentes provinciales, versado en varias elecciones. «Vamos a retener el voto del PRO duro, porque la gente vota boleta entera. Sobre el resto, tenés que salir a buscar el corte. Hubo distritos con un corte de siete puntos y eso que no lo trabajamos», explicaba. Ahora no es tan sencillo ir a buscar ese corte: «A la clase media, si le doy la boleta cortada, me lo toma como una falta de respeto. No lo podés hacer de una manera tan evidente. Además, tampoco podemos ir a un corte total, porque perdemos esos 25 puntos de base que nos da Juntos por el Cambio», razonaba. Sobre esa línea delgada deberán caminar los intendentes macristas.

Con amargura, uno recordaba una frase de un integrante del Gobierno nacional a comienzos de este año: «Nos decían: ‘Van a ver. Los intendentes del PJ nos van a cortar boleta a favor de Macri’. ¿Vos te das cuenta?».  Los insultos que siguieron a ese recuerdo fueron ahorrados en esta nota.

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