El descontrol cambiario ha paralizado la producción de libros. Las papeleras no venden el insumo básico. El contexto de esa nueva corrida es un mercado deprimido por la caída de ventas.

Incertidumbre e impotencia. Leonora Djament, directora editorial de Eterna Cadencia, condensa en dos palabras el impacto que está teniendo en la industria del libro la corrida del dólar. Las papeleras no venden papel a las editoriales. Nadie sabe cuánto cuesta hoy uno de los insumos principales. Las imprentas tampoco cotizan el trabajo de impresión. En junio, el Observatorio Universitario de Buenos Aires (OUBA), que depende de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (UBA), difundió un informe titulado Fahrenheit criollo: “editoriales, libreros y cámaras de la industria editorial argentina confirmaron en los primeros meses de 2019 su peor crisis histórica agravada por los millones de volúmenes perdidos y por la generación de verdaderos daños estructurales”.

La caída editorial argentina desde 2016 registró, con la combinación explosiva de retracción del consumo generalizada a nivel nacional, inflación acumulada superior al 200 por ciento y devaluación persistente, una baja de ventas de al menos 36 por ciento, así como la pérdida del 35 por ciento de puestos de trabajo directos e indirectos y el cierre de decenas de librerías, con problemas de ventas, según el informe de OUBA.

Papel

¿Cómo afecta la corrida del dólar y la especulación que genera el hecho de que parece no encontrar un techo en 60 pesos? Hace diez días la resma de papel costaba 1670 pesos. Para una tirada de 1000 ejemplares de un libro de unas 200 páginas se necesitan 17 resmas. El costo asciende 28.390 pesos, a lo que hay que sumar las cartulinas de las tapas. “Las papeleras no están vendiendo papel. La situación con el papel es irregular, intermitente desde hace dos meses y medio con semanas en donde no se consigue”, advierte Djament, directora editorial de Eterna Cadencia. “En este momento no hay papel y cuando haya, las papeleras e imprentas comunicaron que será sin financiación y de acuerdo a la cotización del dólar del día, lo cual no es una novedad porque el papel siempre cotiza en dólares en nuestro país. No solo el papel sube por encima de la inflación sino que, como si fuera poco, tiene inflación en dólares. Hasta la semana que viene no vamos a tener papel ni precio de papel, de modo que no podemos saber cuáles van a ser los precios de nuestros próximos libros. Ya teníamos una economía absolutamente recesiva, con un mercado de libros muy deprimido. Obviamente, este nuevo contexto va a empeorar todavía más la situación”, agrega Djament.

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El sociólogo, escritor y editor Damián Tabarovsky, de Mardulce, precisa que esta corrida ocurrió el año pasado. “En 2018 las papeleras no te vendían papel porque no tenían precio. En nuestro caso hizo que se atrasara un libro un mes; finalmente te lo terminan vendiendo, pero a otro precio. Esto favorece la concentración de las grandes papeleras y de las grandes editoriales porque en ese momento quisimos comprar papel para adelantar dos o tres libros y obviamente no nos vendieron porque era poco. Pero si Planeta compra papel para 60 libros por adelantado, que es lo que sacan en dos o tres meses, lo consiguen”, compara Tabarovsky. “En lo que va del año la imprenta en la que Mardulce imprimía las tapas -nosotros imprimimos las tapas en una imprenta y los interiores en otra- ya quebró. La papelera a la que le comprábamos papel, que se llamaba Alsina, también quebró, con lo cual van quedando las papeleras más grandes, las imprentas más grandes y las editoriales más grandes”.

Precios

Víctor Malumián, de Ediciones Godot, dice que los libros que van a editar en los próximos meses ya están en imprenta. “A nivel precios algo tenemos que tocarlos, no tenés mucha opción. Pero tampoco demasiado porque el consumo ya está muy castigado, si los subís todo lo que necesitás subirlos para empatar la devaluación, los libros quedan fuera del alcance de la mayoría de las personas”, reconoce el editor. “En estos contextos se complica mucho pensar a cuatro meses para terminar el año; estamos viviendo algo parecido a la corrida anterior. Hay muchas personas haciendo mucho dinero con estas corridas, y todos los que están del lado de la producción y no del juego financiero lo pagan muy caro”, plantea Malumián que reconoce que aún no saben qué harán de cara al futuro junto al codirector de Godot, Hernán López Winne. “Es como cuando se inunda; hay que esperar a que baje el agua y ver todos los daños para poder tomar una decisión”.

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En el caso de los que tienen libros en imprenta, con un presupuesto pautado, ¿se cumplirá lo acordado o se incrementará el costo? Ediciones Godot, que imprime sus libros en Porter, subraya que la imprenta “siempre mantuvo su palabra” y que el libro ya había sido aprobado antes de la corrida del dólar. “De todas formas, también entiendo la situación de una imprenta que tiene que pagar salarios en este contexto”, admite Malumián.

Desde Corregidor, Juan Manuel Pampín confirma que en el corto plazo habrá aumentos en el precio de los libros. “En principio, vamos a esperar una semana, diez días, hasta tanto el mercado se tranquilice, se regule y vea sobre qué base de precios se va a trabajar. Nosotros hemos tenido un aumento relativamente bajo, del 25 al 28 por ciento de 2017 a 2018. Estamos apostando a un crecimiento, a una mejora en la situación, pero lamentablemente no se dio. Como nos vamos a quedar muy atrás en los precios, vamos a hacer un retoque. No sé si llegaremos para fin de agosto, sino será a fin de septiembre”.

Producción

Diana Segovia, gerenta de la Cámara Argentina del Libro (CAL), entidad que nuclea a medianos y pequeños editores, confirma el momento dramático que atraviesa el sector: “La caída continúa. La producción en ejemplares del pasado semestre cayó más. No es que en algún momento dejó de caer y se estabilizó. No; sigue cayendo. Otro dato que surge del primer semestre es que el valor de la tirada que más se repite en el registro de los nuevos títulos del sector editorial comercial, que era de 3000, pasó a 1000. Se están produciendo menos libros”.

Para Tabarovsky el fenómeno central del que hay que hablar es la crisis del consumo. “El dólar sube y nos empobrecemos más; la clase media tiene cada vez menos capacidad de consumo y la industria cultural y editorial tiene menos demanda. Ese es el corazón del asunto. Esto es una bomba explosiva porque a la crisis del consumo se le adjunta un aumento en los costos, que es básicamente el papel. Entonces tenés costos que suben y ventas que bajan. Las dos variables juntas hacen la eclosión –explica el editor de Mardulce-. Una de las dos se podría tolerar; a veces pasa que las ventas bajan porque una editorial publicó dos o tres libros que no funcionaron, eventualmente puede pasar que haya una suba en los costos por alguna razón. Pero una suba tremenda en los costos como esta y una baja impresionante en las ventas, mes a mes, en los últimos dos años, hace que esto sea inviable”.

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Muchos editores decían: “después de octubre, veremos qué pasa». Todos coincidían que en estas condiciones es muy difícil editar libros. “Lo que pensamos que iba a pasar en diciembre se adelantó a agosto –precisa Tabarovsky-. Todo esto nos perjudica porque Mardulce es una editorial chica y al ser más chica sos más frágil. Estos procesos de ajuste brutal y de disparada del dólar, que es uno de los modos del ajuste, favorece siempre a los más fuertes en todos los campos.

Las editoriales independientes o las más pequeñas somos las más frágiles; no tenemos mucha capacidad para pelear contra esta situación. Tengo que sacar cuatro libros de acá a fin de año, bueno sacaré dos. Lo que me preocupa, además del aumento del papel, es que se viene otro momento dramático de baja del consumo. Ese es el tema del que no podemos dejar de hablar: la falta de consumo. La gente no tiene un peso y si no tiene un peso no compra un libro”.

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