Algunos parches, pedidos de disculpas, llamados a la vereda de enfrente. Macri se pone el traje de la buena onda para seguir en campaña.

El pedido de disculpas de Macri admite más de una lectura. Puede entenderse como un intento de recuperar electores mostrándose respetuoso de los votos adversos y recurriendo a un viejo truco PRO: reconocemos cuando nos equivocamos. Para eso se apela a peripecias humanas que, por esa misma condición de humanas, merecen ser perdonadas: el exceso de optimismo, no darse cuenta de lo jodido que estaba todo al asumir, pasarse de rosca con el entusiasmo. Esta vez las excusas fueron la bronca y la falta de sueño. Se podría acotar que cuando se tienen responsabilidades de presidencia, no hay espacio para que los humores influyan en las decisiones, el poder exige racionalidad. Las puteadas van puerta para adentro.

Por otra parte, ese pedido de disculpas no incluyó al máximo acusado de la conferencia del lunes: el kirchnerismo. Otra manera algo tosca de tratar de meter una cuña entre votantes y candidato. Lo que se mantuvo en pie es que la responsabilidad del caos económico es del triunfo del Frente de Todos. Que después tomaría su costado amable con la charla que no deja de ser un gesto que no permite avizorar consecuencias, pero que implica el riesgo de que los mercados sigan en la suya. Además, aparece como una iniciativa presidencial por lo cual, si llega a detener las escaladas, se presentará como un mérito del gobierno que supo dialogar a tiempo.

Es difícil hacer futurología en la Argentina, pero las razones de las reacciones de los mercados al resultado de las PASO pasan por otro lado. Para ellos, Fernández sigue siendo un cuco, por más espíritu de Moncloa que se pretenda instalar. Habría que ver quién gana y quién pierda en este juego de acercamientos. El riesgo para Cambiemos es que, al restringir la convocatoria solo a Alberto, si hay paz el Frente de Todos aparezca como único garante de la gobernabilidad. O sea, en el dueño de la pelota.

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Invitado a farfullar delante de Morales Solá, Juan Carlos de Pablo hizo una afirmación plena de lógica, si Macri hubiera ganado o perdido por una escasa diferencia, el dólar seguiría en calma. Una primera lectura de esta verdad es que el problema es el triunfo de Alberto Fernández, de otra manera viviríamos en la mayor de las paces. A esto apela Alfredo Cornejo, presidente de la UCR, un partido que viene haciendo de las soluciones inocuas o irrealizables una marca de estilo. Según sus declaraciones a TN, Alberto Fernández debería hacer claro su plan económico y el nombre de los eventuales responsables del área para traer tranquilidad (esta fue el orden de su lista) al FMI, a los bancos, a los inversores y a los trabajadores.

Hay un plan formulado en sus grandes líneas por el candidato del Frente de Todos: redistribución del ingreso, apoyo al consumo para recomponer el mercado interno, reestructuración de la deuda externa y baja de los intereses para recuperar el crédito. Si es factible o no hacer esto es otra discusión que no está siquiera planteada. Y se saben los nombres de los posibles integrantes de su equipo económico, Kuska, Nielsen, Delfina Rossi.

Pero se podría decir que la reacción de los así llamados mercados no es contra este programa manifiesto -aunque cuestionen alguno de sus aspectos- sino a uno latente, cuyas medidas potenciales Fernández debe desmentir día por medio: regreso del cepo, expropiaciones, más carga impositiva, defaults parciales más o menos encubiertos en especial a los tenedores de Leliqs.

Para decirlo de otro modo, que hay un proyecto más o menos moderado de Alberto y uno salvaje de Cristina y La Cámpora que es el que terminará imponiéndose.

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Hay una parte de esos mercados que efectivamente se beneficiaron y mucho bajo el gobierno de Macri, en especial las energéticas, los especuladores, los grandes agroexportadores y los bancos, aunque estos últimos están jugando con fuego. El resto de la actividad económica, incluso las grandes empresas, sin dejar de lado algunas de capital extranjero, experimentan una terrible caída. Sin embargo, apoyan a Macri y se sienten parte de esos mercados que llevan el dólar a la estratósfera.

Todo esto demuestra que hoy por hoy existe una grieta insalvable entre mercados y democracia. El funcionamiento económico –planteado por el gobierno al igual que sus periodistas propaladores- tiene bastante de irracional. Esa irracionalidad es traducida por los medios en términos bastante similar por los medios. (en realidad, viven de prestarse argumentos): Venezuela, regreso al pasado, autoritarismo populista y riesgo del sistema republicano.

Claro que todo este proceso deja tendales y arrasa, o amenaza con arrasar con todo. Que tiene mucho de suicida, porque no hay democracia con demonización. El estado sacado de Macri muestra que la apuesta es a la irracionalidad. Y en eso, el gobierno tiene mucha experiencia.

 

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