«Agarren un martillo, una maza y un cortafierro y van a ser igual que los hombres», evangelizó el obispo Luis Urbanc a las mujeres presentes durante una homilía en Tinogasta, Catamarca. Las declaraciones misóginas del obispo generaron el rápido repudio de la Asamblea de Mujeres provincial que le recordó la posición de la Iglesia contra «derechos reales que nos han sido históricamente negados».

«Las chicas quieren ser igual que los varones: ¡laburen!», había sido la frase previa del obispo catamarqueño antes de recomendarles con qué herramientas trabajar. Es que Urbanc estaba dedicando parte de la homilía a los «calienta sillas», en referencia a los legisladores, para que promueven una ley que obligara a todos los catamarqueños a construir casas únicamente con piedra.

«Ahora está de moda hacer casas para ganar votos. Tienen que sacar una ley para que en Catamarca no se use más el adobe, los ladrillos y los bloques. Andan depredando la tierra y piedra sobra», fue la innovadora recomendación del obispo para criticar a la clase política y hacer una exhortación genérica para crear puestos de trabajo en la construcción, antes de completar su mirada de género.

«Yo tenía a mi madre que no arrugaba, trabajaba a la par de mi padre, como un hombre y era bien mujer», recordó el obispo en la homilía que ofreció en la capilla del Señor de la Agonía, en la localidad tinogasteña de Palo Blanco.

«Fue un ataque deliberado a la comunidad en general y, especialmente, dirigido a las mujeres que pertenecen a sectores sociales vulneardos históricamente. Además,  atacó peligrosamente al sistema democrático», advirtió la Asamblea de Mujeres de Catamarca, según el diario El Acansti.

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La asamblea le recordó a Urbanc las omisiones y acciones de la Iglesia contra los derechos de las mujeres y, en particular, sus posiciones  «en contra de la implementación de la Ley Educación Sexual Integral».

«Si alguna mujer se sintió agraviada le pido humildemente perdón», tuvo que retractarse el obispo tras la homilía de la semana pasada, aunque consideró que quienes no estuvieron presentes en la celebración religiosa no pudieron «interpretar sus matices, lo que se dice, hay tonos de voz, silencios, miradas, gestos.»

«Cómo no apreciarlas —destacó el obispo en su comunicado— si el 90 por ciento de las colaboradoras en la vida eclesial son ellas, que con su sencillez, generosidad y abnegación sostienen la fe y la transmiten a las futuras generaciones», argumentó respecto de las monjas y otras religiosas impedidas de acceder a posiciones de poder en la estructura católica.

«No lo excusa de la violencia ejercida con sus palabras en un contexto en el que las mujeres bregamos por derechos reales que nos han sido históricamente negados», concluyó la Asamblea de mujeres.

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