Pichetto se disfraza de garca y Macri –que es gato- anda con cara de perro.  Todos eligen una máscara para ocultarse y en verdad es su modo de revelarse. Mientras tanto, Piñón Fijo  dice sus verdades a cara pintada.

Somos lo que fingimos ser, así que debemos tener cuidado con lo que fingimos ser.

Kurt Vonnegut

 

Se termina junio y el invierno se presenta como una fiesta de enmascarados. En Pakistán, la semana pasada, ocurrió un extraño episodio. El ministro de Información Yousuf Shaukat Zai leía un comunicado a la prensa cuando de repente le brotaron orejas y bigotes de gato, y sus mejillas se empezaron a teñir con un tono de colorete rojo. No fue magia: alguien se olvidó de quitarle el “filtro de gato” a la filmación, y esto fue transmitido en vivo. Cuando el partido emitió una nota aclarando que todo esto había sido un error humano, el daño ya estaba hecho y todo el mundo se reía o se enternecía con el ministro gato.

Recordemos que en 2016 Mauricio Macri –en uno de estos pasos de comedia con los que nos divierte cada semana- inauguró su cuenta de Snapchat presentándose con lengua de perro y nariz y orejas de dálmata. Nunca quiso aparecer como gato porque sería hacerles la vida demasiado fácil a los creadores de memes. De hecho, el alter ego animal del presidente es el perro Balcarce. Macri es un gato que se autopercibe perro. Pero quizás la mejor hipótesis sea la de Esteban Podetti: el rostro de Mauricio Macri es una máscara. Si se la quita podremos ver algo terrible, su verdadera cara, que es… la de Mauricio Macri.

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En mayo Batman cumplió 80 años. Esta encarnación del héroe oscuro y conflictuado que imaginaron Bob Kane y Bill Finger tenía algo del Zorro, algo de Superman y algo de La Sombra, el héroe de la pulp ficción de los 30. Se ha dicho muchas veces que Batman es la persona real y el millonario Bruce Wayne el disfraz. “Dale una máscara a un hombre y te dirá la verdad”, decía, irrefutable como siempre, Oscar Wilde.

Los detractores de la fórmula Alberto Fernández-Cristina Fernández de Kirchner dicen que Alberto es la máscara de Cristina. Cristina desenmascarada, ¿tendrá la cara de Alberto? Hace unos días que Miguel Ángel Pichetto cambió su estilo de parlamentario peronista con saco gris, camisa y corbata, por un look más acorde a Juntos por el Cambio. Se embutió en una campera de canelones -campera de garca-, camisa de jean, anteojos negros y fue en peregrinación a la nueva estación Belgrano C, acompañado de sus nuevos amigos Larreta y Santilli. ¿Era Pichetto un peronista disfrazado de gorila o un gorila disfrazado de peronista? ¿Es, como dice Gustavo Sala en Barcelona, un exponente del “peronismo antiperonismo”, una de las tantas formas de ser peronista? Del otro lado del arco ideológico, el payaso Piñón Fijo dijo que “el neoliberalismo derrama miseria” y que “más allá de los matices que pueda tener uno, se ve que estamos mal, la realidad habla por sí sola”. El cordobés rescata la tradición del bufón de la corte, que puede decir la verdad sin ser castigado, porque nadie le da crédito a un payaso.

Habrá que recordar que para muchas culturas máscara no significa ocultamiento sino revelación. Algo parecido es lo que acaba de señalar Bob Dylan en un documental dirigido por Martin Scorsese y estrenado, justamente, en estos días. Un Dylan con su cara pintada de blanco que afirma que cada artista debería llevar puesta una máscara transparente, porque con la máscara se puede decir la verdad. En estas semanas de cierres de fórmulas, con requiebros, alianzas y rupturas vivimos en un baile de máscaras en el que muchos candidatos se quitan una máscara para cambiarla por otra mejor. Tiempo de revelaciones y nuevas oscuridades. Los enmascarados no se rinden.

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