Las universidades y centros de estudio del de la Unión Europea y de Estados Unidos, financiadas por los aparatos estatales y privados, locales e internacionales del propio sistema de poder, comenzaron a distribuir por el mundo periférico en lucha nacional y social a sus jóvenes egresados, mayormente sociólogos, politólogos y comunicadores, investidos con una aura de ilustradísimos progresistas, como asesores y operadores para su propio beneficio.

Y son monstruos grandes, como los de la canción, que a veces, si no se los descubre a tiempo, provocan daños parecidos a los de las guerras, que no siempre ni todas a los tiros se libran, ya que, en silencio, el poder económico las propone contra las mayorías también y cada vez más por otros medios, e invierte la vieja fórmula de Carl von Clausewitz al proponer a la política  como continuación de acciones armadas, pero desde la comunicación y la manipulación en tanto misiles de baja intensidad preferidos por las democracias leves.

Cumplida o no la intención de darle volumen a su título, este texto comenzó a pensarse a sí mismo cuando a mediados de la semana pasada publiqué la siguiente apostilla en Facebook, breve y fugaz como son todas  las irrupciones en esa zona vaporosa y efímera que suelen llamarse redes sociales: “Viendo al programa de Gustavo Sylvestre en C5N…Lo del encuestador español -un tal Alfredo Serrano Mansilla (N. de la R.: ver foto de portada), director de un ampulosamente intitulado Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG) – …Viejos conocidos buscas…Es patético…Leyó los diarios y le explica a los argentinos lo que sucede en Argentina…Lo mismo vi que hacían (otros que no él pero similares) en la Venezuela de Chávez y en Bolivia…Pero Evo los sacó a patadas en el culo (fui testigo)…El periodismo mediocre y obvio hace daño y compra espejitos 5G o ya no sé punto cuánto…”.

La proposición de marras, para el caso convertida en ecuación; sí, así podemos acordar en llamarla, es peligrosa pero ¡Ay! tan nuestra; y eso que eludimos aquello del logaritmo como número al cual se debe elevar una base dada para obtener un resultado determinado. ¡No, de eso ni hablemos! ¿Para qué complicarla? Aunque pensándolo mejor, se trata de una ecuación que ni por poco se encierra entre las fronteras argentinas, sino que se produce y reproduce desde hace un tiempo prolongado ya en los variopintos territorios y universos progresistas y otros que dicen serlo, de esa nuestra América, en la que cuando así le definió el cubano José Martí ni por asomo acontecían los teoremas o las probaciones matemáticas que nos ocupan, puesto que, en términos generales, porque siempre sobreviven para dar testimonio las excepciones, entre las primeras escaramuzas y guerras político militares de la Independencia y la nueva ola sin espumas de las prácticas políticas post dictaduras, los entrecruzamientos entre nativos y de otras comarcas fueron de saberes y experiencias compartidas, más significativo aún, de desprendimientos de cuerpos y vidas sin mediaciones ni cálculos; nunca, se podrá decir, o al menos como modalidad, de asesores y consultores del mercadeo político.

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Quizá convengan

Dos aclaraciones antes de avanzar sobre el núcleo central de este artículo: la pulsión tilinga y cholula que se registra entre no pocos animadores individuales y colectivos de nuestros universos progresistas, de izquierda o nacionales y populares, como gusten llamarlos, a la hora de querer interpretarse a ellos mismos y de accionar sobre el conjunto social.

He aquí la primera. La derecha, para ser sintéticos en la palabra a coste de cierta precisión, al fin al cabo el texto que es ideología dista por suerte de las necesidades del quirófano y de otras técnicas de arduo cuidado infinitesimal; la derecha escribía, tiene una larga tradición en el trasiego, en eso de importar y exportar conocimiento. Como lo recordó el importado más exitoso de los últimos tiempos por la política de nuestra lumpen burguesía, un especialista en comunicación como guerra sucia, sigilosa y nocturna tal cual lo fueron los grupos de tarea de la Doctrina de la Seguridad Nacional, el ecuatoriano Jaime Durán Barba, el domingo pasado en una nota que publicara Perfil y en la que no ahorró desinformación ni agravios, “hoy se usan técnicas de análisis científico que complementan el arte con el pensamiento. Se desarrollaron en Estados Unidos desde la intervención de Joseph Napolitan en la campaña de Kennedy y se sistematizaron académicamente desde que la fundación de la “West Point de la política”, la Graduate Schooll of Political Managment de la George Washington University”.

Ahora la segunda de las aclaraciones anunciadas. Recorriendo diccionarios digitales constaté que cholula o cholulo es todo individuo “admirador de los integrantes de la farándula, que busca relacionarse con famosos y vive obsesionada por conocer sus vidas privadas…una persona frívola, superficial. Y releyendo a Arturo Jauretche en la revista Confirmado (1966) se recuerda: “la tilinguería impone sus pautas, y cómo ellas están perturbando el desarrollo de la inteligencia nacional y sus impulsos creadores. Y ésta es cosa de que debe tomar cuenta también el político militante, si es que no sabe que el comité ha muerto definitivamente. Porque los estados de opinión, entre los cuales tiene importancia fundamental el slogan que surge de la cuestión de los status, pesan mucho más que una recluta que sólo vale para las elecciones internas. En el Espasa Calpe se lee tilingo: ‘Argentinismo: Insustancial, ligero, que habla muchas tonterías’. Segovia, en su Diccionario de Argentinismos, expresa: ‘Dícese de la persona simple y ligera que suele hablar muchas tonterías’. Los paisanos, de un tipo así, dicen; ‘Hombre sin fundamento’ (…). La tilinguería cotiza una marca de vino, un tabaco, un pomelo, o una palta, muy por debajo de un toro lleno de medallas. Se entra muy bien en la alta sociedad llevando de la rienda al toro, pero es difícil mostrando una botella de vino por lujosa que sea la etiqueta, por más sugestiones de chateau que evoque, tanto en la presentación como en la exquisita calidad del producto. A un cuarto de siglo de la entrada del país al capitalismo, debemos recordar que el capitalismo naciente en la Argentina fue ajeno en sus hombres al hecho histórico que lo provocaba, produciéndose la paradoja de que le correspondiese a la clase obrera abrir la etapa del desarrollo económico burgués. Más aún: la nueva burguesía sigue aún incapacitada para jugar su papel, y es precisamente porque en la medida que asciende, pierde conciencia de su propia realidad para hacer suya la imagen de importancia que le presenta el tilingo”.

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Sin más vueltas

Ahora sí, y con cierta evocación inicial. Entre las tantas posibles se me ocurre una de las más gloriosamente subversivas. La de Frantz Fanon, quien desde la caribeña Martinica saltó a la ilustrada Francia, primero para defenderla de los nazis y de Vichy, luego sí para estudiar, pero con un fin: su teoría y praxis como herramientas centrales de la experiencias revolucionarias del Tercer Mundo; y  recordemos: en 1953 se incorporó como médico al Hospital Psiquiátrico de Blida-Joinville, en Argelia, y dos años más tarde se sumó al Frente de Liberación Nacional (FLN), desde el cual sus labores fueron decisivas para el triunfo de la Revolución anticolonialista.

Frantz Fanon.

Pero por aquí y por América Latina, para no hacerlo demasiado extenso al viaje alrededor del planeta sometido, y tras la estrategia imperial de sustituir la ya mencionada Doctrina de la Seguridad Nacional, marco intelectual de las dictaduras y genocidios indispensables en su etapa inicial para el modo neoliberal del sistema capitalista global, vigente como acto y no como potencia desde aquél 15 de agosto de 1971, en el que Richard Nixon le quitó al dólar su respaldo en oro y anunció en forma oficial el fin de la política monetaria internacional, acordada en la conferencia de Bretton Woods; a partir de la sustitución de aquella vieja doctrina para ejércitos de ocupación en sus propios países por la actual y denominada Democracia Controlada (o vigilada), quería afirmar más arriba, los universos progresistas o contra hegemónicos fueron colonizados por una suerte de profesionalización de la práctica política, convertida entonces en una suerte de cooperativa de funcionariatos, asesorías, contratos y rentas varias (en un modo de sustento cuando no de enriquecimiento privado), acompañada por la marcada tendencia al academicismo financiado desde los centros del poder, en reemplazo de las tradiciones de producción y divulgación intelectual surgidas en forma dialéctica desde la propia organicidad de la práctica militante. Todo un proceso que podría definirse como licuación de la política, raquitismo pareciera que incurable en el volumen de su producción crítica.

Es en ese esquema que hoy las universidades y centros de estudio del de la Unión Europea y de EE.UU, financiadas por los aparatos estatales y privados, locales e internacionales del propio sistema de poder, comenzaron a distribuir por el mundo periférico en lucha nacional y social a sus jóvenes egresados, mayormente sociólogos, politólogos y comunicadores, investidos con una aura de ilustradísimos progresistas, como asesores, operadores, militantes caviar y casi siempre funcionales, sabiéndolo o no, a los directorios de las corporaciones transnacionalizadas y  a los servicios de inteligencia de las potencias imperiales.

Claro que toda operatoria descripta requirió de un estado cultural y psicológico colectivo en amplios sectores de la izquierda y del llamado campo popular, ¡y qué decir entre el mundillo ONG! Fue indispensable ese plexo de debilidad de formación intelectual entre las organizaciones rebeldes y acendrado complejo de inferioridad tras la derrota político militar de los ´70, para que los países de nuestra América se convirtiesen en receptores de esta morralla de asesores y consultores importados, las más de las veces de origen español, lo como fueron en su mayoría los tantos que desembarcaron en la Venezuela de los primeros años de Chávez y pretendieron hacerlo en la Bolivia del por entonces flamante Evo Morales en la presidencia. Recuerdo a varios de dudosa procedencia y destina – algunos hoy están en el Podemos español – y a otros parecidos que con clase el propio Evo se encargó de decirles idos de acá, en una reunión de Cochabamba en la cual pretendieron explicarle a él cómo hacer para comunicarse con la pluralidad de naciones bolivianas.

Y como cierre

Pensar que desde su propia experiencia intelectual, científica y militante aquél Fanon de la cita anterior, entre su tanta obra reflexionó, constató en el campo de batalla y escribió acerca del valor que como objeto de comunicación no mediática en un contexto de lucha revolucionaria tuvo el velo de la mujer musulmana, pues ratificaba a los machos occidentales y colonialistas en la ignorancia prejuiciosa que los llevaba (y lleva) a desvalorizar a las jóvenes, niñas y adultas de aquellas culturas para ellos “exóticas”, una palabra que aman los etcnocentristas.

Resultó que confiados en sus propias idioteces, los oficiales de la ocupación francesa en Argelia daban paso libre entre burlas y obscenidades a las argelinas que en forma cotidiana cubrían sus rostros con el velo, también cuando necesitaban atravesar las filas enemigas. Pero muchas de ellas eran combatientes que hicieron estragos logísticos y armados entre los colonialistas.

Lo escrito en el párrafo anterior juega tan sólo como anécdota para el punto final, aunque no tan final, porque como integrante de la comunidad docente de la Facultad de Periodismo y Comunicación de la UNLP, quizá la decana de los centros universitarios especializados en ese campo, con estudiante de toda nuestra América, cierro este texto con el enunciado de una obligación, con una preocupación que comparto aquí con ustedes. Somos los profesionales y los académicos de la Universidad Pública los únicos que podemos revertir la actual y maldita ola de cholulismo y tilinguería que se abate desde hace tiempo dentro de nuestras fronteras políticas e intelectuales. Sin demasiadas dudas al respecto.

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