Grabois lanzó su nuevo armado político, el Frente Patria Grande, en el que confluyen la corriente estudiantil La Mella, el movimiento popular La Dignidad, la agrupación feminista Mala Junta y otras organizaciones sociales y políticas. Su objetivo es reunir más voluntades para promover la candidatura de Cristina Kirchner a presidenta, enfrentando al macrismo en las elecciones de 2019.

Sin embargo, el discurso de Juan Grabois en el acto de lanzamiento y sus declaraciones posteriores, además de generar contradicciones entre sus propias aliadas, le valieron, por un lado, un cruce con De Vido y un “reto” de Cristina y, por otro, un contundente repudio publicado en las redes sociales, firmado por Colectivo Ni Una Menos.

Las feministas cuestionan que, a pesar de haberse pronunciado públicamente en contra del derecho al aborto diciendo, además, “que no era de interés de las mujeres pobres”, Juan Grabois se presenta en el acto de lanzamiento rodeado de jóvenes feministas con sus pañuelos verdes. Consideran que esta impostura le permite legitimarse –especialmente tratándose de un año en que una generación joven fue la que protagonizó la “marea verde”- al mismo tiempo que “disciplinar” a las mujeres díscolas que no acuerdan con su liderazgo. Un liderazgo que, como bien señalan desde este manifiesto público, no por casualidad es ejercido por un referente social –y ahora político- que, llamativamente, en su cuenta de Twitter sólo sigue (lee, escucha) a la cuenta del pontífice.

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Ni Una Menos señala también que en el libro de Grabois que acaba de publicar la editorial Planeta, el autor opina que los feminismos “no son una agenda para el pueblo pobre y no le hacen cosquillas al poder real”, calificando al movimiento de “moda ideológica”. Bien parecido a la denominación de “ideología de género” con la que el Papa y las iglesias evangélicas han decidido apodar al movimiento de lucha de las mujeres, para combatirlo.

Taxativamente, el Colectivo Ni Una Menos, señala que “en nombre de enfrentar al gobierno, el discurso de la unidad nos vuelve a disciplinar”

La declaración del Colectivo Ni Una Menos también apunta contra argumentos que vienen repitiéndose como justificación para “bajar un cambio” con las críticas al Papa y la jerarquía eclesiástica, en nombre de “ponerle un freno a las iglesias evangélicas que intervienen directamente en la democracia formal imponiendo sus candidatos legislativos como sucede en Brasil.” Y traen a colación, entonces, la injerencia descarnada de la Iglesia Católica en la política nacional, impidiendo la sanción del aborto legal que ya había obtenido media sanción en la Cámara de Diputados. Por esa misma razón, cuestionan la convocatoria a la misa en la Basílica de Luján del 20 de octubre y el papel que allí cumplió la dirigente sindical Vanesa Siley, que participa del movimiento de mujeres, pero decidió no aparecer junto a los obispos con el pañuelo verde que usaba asiduamente.

Las feministas sostienen que es falaz ese argumento que se presenta como “es más urgente cómo ganarle a la derecha y lo nuestro puede esperar.” Podemos agregar que se trata de un remedo degradado de la vieja lógica del estalinismo y otras políticas de corte populista que, ante el reclamo de las mujeres, sostenían que primero había que unirse por la revolución socialista y dejar, para otro momento, la lucha contra todas las formas de opresión que, incluso, dividen las filas de quienes se ven sometidos a la explotación.

Taxativamente, el Colectivo Ni Una Menos, señala que “en nombre de enfrentar al gobierno, el discurso de la unidad nos vuelve a disciplinar, a poner bajo la jefatura de los varones más reaccionarios y misóginos. No podemos tolerar este retroceso. No en nuestro nombre. No en nombre del movimiento feminista.”

Mientras Grabois organiza un seminario para los cuadros de su flamante frente, con expositores como Alberto Fernández, Sergio Massa y próximamente Rodriguez Larreta, el debate está abierto. No sólo en las redes sociales, donde han aparecido estas declaraciones, sino también en el movimiento feminista y al interior del propio armado político de Grabois, donde las críticas de la izquierda y este pronunciamiento de un sector del feminismo, sacaron a relucir la incomodidad de algunas jóvenes de su propia lista con su liderazgo.

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