La asamblea de delegados departamentales del gremio docente votó ayer por mayoría aceptar la propuesta salarial del gobierno, que incumple el acuerdo firmado hace seis meses. El jueves, la asamblea de delegados de Capital, que representan un 40 % de los y las docentes, había votado rechazar la propuesta.

El acuerdo al que se llegó, como ya se explicó la semana anterior, empobrece escandalosamente a los docentes. Fue esa propuesta la que la conducción del sindicato militó ofensivamente con flyers, recorriendo las escuelas, confundiendo con explicaciones que dejaban la puerta abierta a que hubiera algo que la propuesta no dice que hay y llamando a aceptar esto “porque a otros les va peor”, “porque es lo que hay” y “si lo agarramos es plata en el bolsillo, porque otra cosa no va a haber”. Todavía se discute quién pensó esos argumentos: si es Monserrat el que se parece a Grahovac o si es Grahovac el que se parece a Monserrat.

Asambleas escolares para organizar las escuelas: un “te la debo” de Monserrat

La democracia para ellos es que las y los docentes voten la aceptación de lo que el gobierno necesita. Con esta política, intentan convertir a la asamblea departamental en una escribanía. Y no es un problema formal: que las voces de las y los docentes hayan sido acalladas por una política de pasivización enorme que incluye listas negras, descuentos enormes, escepticismo y mil cosas más es una necesidad que tiene el gobierno para que los trabajadores no puedan oponer ninguna fuerza organizada a las políticas de ajuste. Así, la conducción consiguió en estos últimos años que se votaran dos avances de la armonización jubilatoria, que se incorporaran regulaciones de flexibilidad laboral en el estatuto docente, acuerdos salariales desastrosos… y que muchas otras cosas no puedan ser discutidas, como por ejemplo la reforma que se implementa en las escuelas piloto o los cierres de curso.

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Pero no es sólo un problema sindical. Las y los docentes tampoco podemos discutir lo que se va a hacer frente a la votación del presupuesto 2019, un presupuesto que robará a la educación recursos siderales por segundo año consecutivo y que va más allá de la educación. Compromete la vida cotidiana de todos los trabajadores y sectores populares. Sobre ese punto, decide un puñado de dirigentes por arriba. Y, como no preparan el paro con asambleas que abran el debate entre los docentes y que impulsen instancias comunes con la comunidad educativa, después los docentes no adhieren masivamente. Cuando en esta asamblea se planteó que es fundamental que se realicen asambleas escolares para preparar el paro, la conducción estuvo en contra. Así de concreta es la política de la conducción para desorganizar a los docentes.

Un aval a que nos descuenten los paros

Monserrat, como si fuera Finocchiaro o Grahovac, opuso la lucha docente a la educación pública. Dijo que la mejor manera de defender el sindicato docente es defender la escuela pública, y la mejor manera de defender la escuela pública es que los chicos aprendan, y para que los chicos aprendan no hay que cortar la escuela. El derecho a las asambleas y los paros queda supeditado a la prestación del servicio. Le da la razón a Schiaretti hasta en el contenido de la ley de servicios esenciales. ¡Un escándalo! Llegó a decir que hay que adaptarse a la presión social para no hacer paros y asambleas. Según él, “usamos mal” las asambleas y ¡también usaríamos mal el método de la huelga si el gobierno no hiciera descuentos!

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Es el mismo argumento que toma la conducción para defender el operativo Aprender, quitarle “obstáculos” a la educación pública para competir contra la educación privada según las leyes del mercado.

Cómo pelear

Para la conducción de UEPC, hay que mirar a los otros sectores para convencernos de que hay gente que la está pasando peor y bajar las expectativas. Dicen que se pierden batallas por dar batallas donde no hay que darlas, legitimando las batallas que no se dan por negociar que pasen los ajustes.

La lucha de los estudiantes de la UNC en defensa de la educación pública, con una organización democrática en cada facultad y en una Asamblea Interfacultades, capaz de hacer movilizaciones multitudinarias y de confluir con otros sectores en lucha, esa lucha que es un ejemplo de organización hoy está siendo perseguida penalmente por el Poder Judicial. La conducción de UEPC no sólo desprecia estos métodos de lucha, sino que también se negó a hacer votar una moción que Docentes D-Base propuso para repudiar la imputación de estudiantes y docentes por la toma del Pabellón Argentina. Este claro intento de criminalizar la protesta social fue rechazado, entre otras organizaciones, por la Mesa de Derechos Humanos de Córdoba, Correpi, Adiuc y la CTA de los trabajadores.

En las próximas semanas se votará en el Congreso el presupuesto de miseria acordado entre Macri, los gobernadores y el FMI. Está muy bien que Ctera se haya pronunciado y que se haga un paro el 24, pero no puede ser un evento más; hay que prepararlo, organizar asambleas escolares para hablar específicamente sobre el presupuesto, cómo afecta a la educación, cómo afecta a la vida cotidiana de millones y millones de trabajadores y de sectores populares. A partir de esos debates se puede garantizar no sólo la adhesión al paro sino también la movilización, a la que tienen que adherir todos los sindicatos. Tenemos que estar a la altura del ataque, que es enorme.

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