Durante la mañana del jueves 11 de octubre en una sala colmada comenzó el debate oral y público por delitos de lesa humanidad en el marco de la llamada “Megacausa Campo de Mayo”.

En esta primer jornada expuso su testimonio Carmen Metrovich, cuñada de Ana e impulsora de la Comisión de Amigos y Familiares que vienen peleando hace algo más de 6 años por verdad y justicia. Fue la primera en declarar ante el Tribunal Oral Federal Nº 1 de San Martín, conformado por los magistrados: Silvia Mayorga, Daniel Gutiérrez y Marcelo Díaz Cabral.

Entre quienes acompañaron a Carmen y la familia estuvieron presentes: Carlos “Titín” Moreira quien fue compañero de militancia de Ana; María Victoria Moyano, nieta restituida por Abuelas,; Alejandrina Barry, hija de desaparecidos; Carlos “Charly” Oroño, hijo de desaparecidos y obrero de Fate; Comisión Provincial por la Memoria; Juan Carlos Giordano ( IS ) ; Vilma Ripoll ( MST ); Nora Ciapponi del ex PST; Eduardo Barragan del PSTU y Susana y Nora Zaldua de la Comisión Justicia por la Masacre de La Plata, dirigentes de SUTEBA Tigre, entre otros.

A la par también escuchaban atentos los alumnos de dos colegios secundarios de Tigre y Pacheco que llegaron para presenciar la primera audiencia con mucho entusiasmo y por conocer la historia de Ana y la lucha de su familia.

Por su parte, los imputados Raúl Muñoz y Norberto Apa, sólo respondieron a las preguntas de rigor por parte del presidente del Tribunal, y ninguno de ellos optó por declarar, manteniéndose en silencio durante el resto de la jornada.

Con la lectura del requerimiento de elevación a juicio se trazaron las circunstancias en las que se llevaron secuestrada y fue asesinada Ana María.

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Luego ingresó Carmen a la sala, donde con andar seguro, se sentó y comenzó su relato de los hechos a partir de las preguntas de la querella representada por el abogado Pablo Llonto.

Con voz firme, contó quién era y cómo conoció a quien fuera luego pareja de su hermano, Santiago Metrovich: “Ana María era mi cuñada, una enorme militante, la conocí en un festejo de cumpleaños y el 31 de enero del año 82 fue la última vez que la vimos con vida.” “Siempre recibíamos su visita al menos dos veces a la semana, hasta que en un momento ya no vino a vernos, supimos que su secuestro fue el 4 de febrero alrededor de las 20.30 horas“ contó Carmen.

“Los vecinos llevaban más de dos semanas alertando a la policía sobre la presencia de un Ford Falcon verde, siempre a la misma hora, frente a la casa de mi hermano y de Ana María”. Esos llamados y denuncias recibían siempre por respuesta: “Debe ser una pareja. Nada raro”, continuó.

Recordó: “mi hermano trabajaba en la planta Ford de Pacheco. Nosotros en seguida dejamos de tener contacto con él. A los pocos días viene a la casa de mis padres –donde yo vivía- el capataz del sector en el que se desempeñaba José para avisar que no se presentara al trabajo porque el Ejército lo estaba esperando en la fábrica. Más adelante vendría directamente personal de la Comisaría 1° de Tigre pidiendo que mi hermano se entregara”. “El, supo viajar a Mar del Plata para hacer saber la situación a la familia de Ana María, mientras mis padres visitaban las comisarías de Pacheco y Polvorines”

Lugares, fechas, nombres, descripciones físicas, son el sostén en el desarrollo de su relato. Fueron años de mucha investigación, de pruebas conseguidas, de documentación que respalda su testimonio y es fundamental en esta causa, el trabajo llevado adelante por Carmen y sus compañeros en el camino de poder reconstruir la verdad.

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Datos aportados con seguridad y de forma meticulosa, hicieron su testimonio una muestra contundente de como acontecieron los hechos.

“El mismo día que vinieron a buscar a José se los llevaron a mis padres a la Comisaría de Pacheco para realizar el reconocimiento del cuerpo de Ana. Les mostraron un par de fotos y pudieron identificar un anillo que ellos mismos le habían regalado. El cuerpo de mi cuñada estaba muy deteriorado”, describió Carmen.

El caso fue de un gran impacto a nivel nacional e internacional. Fueron acompañados por referentes en la defensa de los Derechos Humanos, como el Premio Nobel de la Paz, Adolfo Perez Esquivel, integrantes del Centro de Estudios Legales y Sociales, abogados del PST, entre otros.

La familia recorrió comisarías, juzgados, y llegaron hasta organismos internacionales para poder contar con alguna información que permitiera saber el destino de Ana María, en la larga semana hasta que apareció su cuerpo en Dique Luján.

En la continuidad de su testimonio aparece Juan Pedro Peters, personal de Inteligencia de San Martín, quien llevó adelante un operativo de infiltración en el PST, bajo las órdenes de la Jefatura de Campo de Mayo donde el imputado y por aquel entonces Coronel Raúl Guillermo Muñoz, revistaba un alto cargo.

En esta instancia, Carmen supo relatar el extenso trabajo de infiltración que venían desplegando ya de manera conjunta la delegación Dippba San Martín y el Destacamento de Inteligencia 201 del Ejército a cargo de Norberto Apa, un año antes del asesinato de Ana María.

Relata Carmen: “Peters comenzó su infiltración en una sede del banco Londres donde se hizo pasar por delegado gremial de los bancarios (que aquél año se organizaban para luchar frente a condiciones laborales y salariales cada vez más regresivas). Así se contactó con militantes del PST y asistió a decenas de reuniones en bares de San Martín”. Incluso existe un registro fotográfico de Ana María que hoy consta en el expediente del juicio y que fue exhibido a los jueces y la propia testigo en la audiencia.

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“Gracias a la investigación conjunta que realizamos con la CPM que pudimos acceder a ese legajo, y otros documentos, que prueban la articulación entre la Policía bonaerense y el Ejército para el resultado del crimen de Ana María en febrero de 1982”, expresó de manera contundente.

Luego de casi dos horas de exposición frente a los jueces, finalizando este primer y único testimonio hasta el momento, Carmen dejó un mensaje al Tribunal mostrando una foto de su cuñada que traía guardada en un sobre: “Ella es Ana María, quiero saber por qué, porque lo hicieron. Ella merece justicia, la que durante casi 40 años le ha sido negada. No importa la edad de los imputados: deben estar presos en una cárcel común; por ella, por nuestros 30.000 detenidos desaparecidos, Presentes!! ” concluyó mientras la sala completa aplaudió sus últimas palabras en medio de un clima de mucha emoción.

En la próxima audiencia darán testimonio quienes fueron compañeros de militancia de Ana María por aquellos años. Es un caso emblemático que tuvo enorme repercusión en los medios, en días donde la dictadura genocida estaba agonizando.

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