Se trata del genocida que la actual Corte Suprema intentó beneficiar con el 2×1 y que frenó una gran movilización en Plaza de Mayo. Después del golpe el reo integró una patota parapolicial que se hacía llamar “grupo SWAT”.

El Tribunal Oral Federal 2 porteño condenó ayer por delitos de lesa humanidad durante la última dictadura a Luis Muiña, el represor al que intentó liberar con la aplicación del “2×1” la Corte Suprema de Justicia reformateada por el gobierno de la alianza Cambiemos. El civil que meses después del golpe de Estado integró una patota parapolicial, conocida como “Grupo SWAT”, en el Hospital Alejandro Posadas recibió la pena de prisión perpetua. Luego de la audiencia, mientras quienes colmaban la sala del subsuelo de Comodoro Py coreaban “como a los nazis / les va a pasar / a donde vayan los iremos a buscar”, Muiña fue devuelto a su celda de la Unidad Penitenciaria 34 de Ezeiza. El represor Argentino Ríos, un ex portero clave para el trabajo sucio del grupo de tareas porque conocía a todos los trabajadores, llegó al juicio oral con procesamiento firme por secuestros, torturas y asesinatos en el policlínico de Haedo pero murió impune el mes pasado. “Muiña sonaba como apellido de la impunidad”, recordó el abogado Pablo Llonto, querellante en el proceso, tras el fallo que impulsó el ahora presidente del alto tribunal, Carlos Rosenkrantz. “Este veredicto confirma que no va a ser un icono de la impunidad sino de la justicia”, destacó en diálogo con Radio La Imposible, de H.I.J.O.S. Capital.

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En 2011 Muiña había sido condenado a 13 años de prisión en el primer juicio oral por crímenes de lesa humanidad en el Posadas aunque para la mayor parte de la sociedad fue un desconocido hasta el 3 de mayo de 2017, cuando los cortesanos Rosenkrantz, Horacio Rosatti y Elena Highton de Nolasco pretendieron aplicarle el beneficio del 2×1, léase computar doble los días en prisión sin sentencia firme. Una semana después, cientos de miles de personas se movilizaron a Plaza de Mayo y en plazas de todo el país para repudiar el fallo de la Corte y lograron que el Congreso anulara en tiempo récord su original interpretación de una ley que había sido derogada antes de la reapertura de los procesos de lesa humanidad.

El “grupo SWAT”, como lo llamaban irónicamente los trabajadores que lo padecieron (por una serie policial de TV norteamericana), entró en escena en el Posadas tras la intervención militar que encabezó Reynaldo Benito Bignone, el último dictador, condenado a 15 años de prisión en el primer juicio por delitos en el policlínico y fallecido en marzo pasado, antes de que comenzara el segundo. Lo conducía Ricardo Nicastro, un subcomisario retirado de la Policía Federal, y habían sido contratados por el Ministerio de Bienestar Social a pedido del coronel médico Julio Ricardo Estéves, el interventor posterior a Bignone. En el juicio oral de 2011, además de Bignone y Muiña, fue condenado el brigadier Hipólito Mariani. Gracias a la larga noche de impunidad generada por las leyes de obediencia debida y punto final llegaron a estar imputados pero murieron sin condena Estéves, Agatino di Benedetto y Juan Máximo Copteleza, otro de los jefes del grupo.

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El SWAT funcionó menos de un año, fue disuelto a comienzos de 1977. Muiña gozó de total impunidad durante treinta años. Fue detenido en octubre de 2007, mientras trabajaba como agente de seguridad privada en la empresa Securite SA. Los jueces Jorge Alberto Tassara, Julio Panelo y Néstor Guillermo Costabel lo condenaron ayer a prisión perpetua por el homicidio calificado de Jorge Mario Roitman y lo absolvieron por el de Jacobo Chester. Secuestrado en su casa el 2 de diciembre de 1976 y torturado en el centro clandestino “El Chalet”, en el mismo predio del Posadas, los restos del médico Roitman fueron hallados a fines del año pasado por obreros que cavaban una zanja a 25 metros de ese lugar. Confirmó su identidad el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF). Chester, que era empleado de estadística en el Posadas, fue secuestrado el 26 de noviembre de 1976, fue torturado en el mismo “Chalet” y asesinado pocos días después. Su cuerpo fue hallado en el Puerto Nuevo, Dársena “f”, del Río de la Plata. “Durante el juicio, Muiña no miró para atrás ni para los costados. No quería cruzar la mirada con la ex enfermera Gladis Cuervo, pero tampoco con Zulema Chester o Alejandra Roitman, las hijas de dos de sus víctimas”, relató la periodista Luciana Bertoia en una crónica del juicio que publicó el portal Nuestras Voces.

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