No puedo explicar el odio que siento cuando leo o escucho que las trabajadoras y los trabajadores del Astillero Río Santiago “son violentos, son vagos, son ñoquis” y un montón de mentiras más. El odio de clase y las ganas de tomar el cielo por asalto crecen cada vez más.

Cuando se trata de la clase trabajadora y la juventud, a mí se me pone la piel de gallina. Porque en nosotros veo el germen para cambiarlo todo.

Porque hace una semana, las obreras y los obreros del Astillero fueron a la toma de la Facultad de Humanidades de La Plata a charlar con las y los estudiantes, después de que nosotras y nosotros fuimos a Ensenada a apoyar la permanencia en la planta que hicieron el jueves.

Jona, un trabajador del ARS, nos contaba que a él le hubiera encantado ir a la universidad pero que no pudo, porque este maldito sistema capitalista se lo negó. También que después de horas ahí adentro se sentó en el piso porque estaba muy cansado y con fiebre, que Javi le dijo “ahí vinieron los pibes” y para él fuimos una “inyección”. Vino y se puso a agitar a nuestro lado.

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A mí me emocionan las trabajadoras y los trabajadores del Astillero. Siempre escuchamos las lindas palabras que nos dirigen. Ahora me gustaría que sean ellas y ellos quienes sepan lo que nos generan.

Ustedes son una inyección desde hace unos meses (con su lucha perdemos el tiempo exacto) porque el Gobierno ataca y, lejos de acobardarse, responden en las calles. Porque Vidal reprime y ustedes la hacen retroceder. Porque ustedes tienen a un negro, José Montés, que lucha codo a codo, al que le tiemblan las manos pero no la voz ni la mirada. Al Negro no le tiemblan las ganas de cambiarlo todo.

Dejo caer unas lágrimas porque hablar del Negro Montes me emociona. Mucho. Retomo. Estar en las calles con ustedes nos hace hacer un proceso acelerado de lucha. Porque ahora la unidad obrero-estudiantil la hacemos carne y no es una frase bonita.

Como dijo nuestro compañero y referente de Zanon, Raúl Godoy, “cuando un estudiante en lucha se empieza a emocionar y se le caen las lágrimas cuando ve una columna obrera, estamos hablando de un proceso muy profundo”.

Y sí. Nuevamente vuelvo a dejar caer lágrimas. Me hierve la sangre por las injusticias. Pero a la vez estoy llena de convicción. Convicción de abrazar estas ideas socialistas y querer cambiarlo todo.

¡Vamos a tomar el cielo por asalto!

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