Desde Toronto

Tiempos de recambio para los festivales internacionales. El Cinéma du réel del Pompidou de París y el Visions du réel de Nyon, en Suiza, dos de los más importantes del género documental, estrenaron nuevas directoras este año. La prestigiosa Viennale de Austria, el mes que viene, también tendrá una mujer al frente de la muestra, la italiana Eva Sangiorgi, en lugar del legendario Hans Hürch, fallecido en julio del año pasado. Otro italiano, Carlo Chatrian, hizo el mes pasado su última edición al frente del Festival de Locarno, para reemplazar a partir de la edición 2020 a Dieter Kosslick en la dirección de la Berlinale. Y esta edición del Toronto International Film Festival (TIFF), que comenzó ayer y se despliega con casi 350 films hasta el domingo 16, será la última para Piers Handling como director, después de casi un cuarto de siglo en ese puesto.

Fue Handling quien hizo crecer exponencialmente al TIFF de la manera que lo hizo, colocándolo a la par de Berlín, Cannes y Venecia, sin ser un festival competitivo. De hecho, el TIFF nació como un “festival de festivales” y a su manera siempre lo siguió siendo: aquí uno tiene la oportunidad de actualizarse sobre toda la producción internacional del año, desde las premieres de Hollywood que luego competirán por el Oscar hasta las propuestas más radicales de los territorios más remotos. Todo en uno, podría ser el eslogan del festival que Handling desarrolló hasta tal punto que ya no se limita a estos diez días de septiembre –que son su punto culminante– sino que se extiende durante todo el año, con estrenos y revisiones en su impresionante sede propia, el TIFF Bell Lightbox, que alberga también la TIFF Cinematheque, con un promedio anual de tres millones de espectadores para todas sus salas y actividades.

La continuidad del proyecto parece asegurada, en tanto su sucesor, Cameron Bailey, tiene responsabilidades directivas desde 2012, pero claramente la impronta cinéfila de Handling será difícil de igualar. Fue él quien impulsó la reputación de dos de los mayores cineastas canadienses, David Cronenberg y Atom Egoyan, a la vez que introdujo las más diversas expresiones del cine del mundo en el mercado angloparlante. En 1986, cuando todavía no era director del festival sino uno de sus programadores, tuvo a su cargo el montaje de una inmensa retrospectiva dedicada al nuevo cine latinoamericano titulada “Winds of Change” (Vientos de cambio), que llevó al hemisferio norte 96 largometrajes de la región. Y mucho del mejor cine europeo y asiático tuvo en Toronto, en el último cuarto de siglo, su principal plataforma de lanzamiento.

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Platform se titula precisamente la única sección competitiva del TIFF, creada hace apenas cuatro años, para resaltar aquellas películas que al festival le parecen particularmente valiosas y que corren el riesgo de pasar inadvertidas entre tanta oferta, en particular la de Hollywood, que con sus agentes de prensa suele monopolizar el espacio en los medios. Este año, Platform cuenta con tres cineastas de primer nivel como jurado –el húngaro Béla Tarra, el coreano Lee Chang-dong y la india Mira Nair– y doce títulos a considerar, entre ellos el estreno mundial de Rojo, del argentino Benjamín Naishtat. El tercer largo del director de Historia del miedo (2014) y El movimiento (2015) transcurre a mediados de los años ‘70, antes del golpe militar pero cuando ya su sombra amenazante se hace sentir sobre sus personajes, interpretados por Darío Grandinetti, Andrea Frigerio y el chileno Alfredo Castro, como un personaje tan misterioso como inquietante. Utilizando Platform como trampolín, Rojo saltará de aquí al inminente Festival de San Sebastián, donde integrará también la competencia internacional.

Tal como sucede habitualmente en Toronto, donde el cine argentino siempre es muy nutrido, el TIFF tiene además de Rojo unas cuantas películas nacionales diseminadas en sus distintas secciones. En Wavelenghts, sin duda la sección más prestigiosa del festival, con curaduría a cargo de Andréa Picard, estará La Flor, de Mariano Llinás, que viene de ganar el premio mayor del último Bafici y de participar de la competencia de Locarno. Las 14 horas consecutivas de esta producción de El Pampero Cine protagonizada por el colectivo de actrices Piel de Lava (Elisa Carricajo, Valeria Correa, Pilar Gamboa y Laura Paredes) convierten a La Flor en el film más extenso que haya exhibido alguna vez Toronto. Y de hecho, cualquier otro festival, como el de Nueva York, al que irá a continuación el film de Llinás, mientras simultáneamente tendrá una serie de proyecciones en la Sala Leopoldo Lugones del Teatro San Martín. “La Flor es la máxima expresión del film fleuve: una década de producción, cuatro actrices, tres continentes, seis capítulos, catorce horas”, escribió Picard en el catálogo del TIFF. “Una notable y loca proeza, la película de Llinás es un particular logro en el cine latinoamericano y una de las películas más épicas y exuberantes del año”.

En la sección Contemporary World Cinema, a su vez, hay tres películas a falta de una: El Angel, de Luis Ortega, que busca insertarse en el mercado norteamericano después de su éxito local; Acusada, segundo largometraje de Gonzalo Tobal, con Lali Espósito y Leonardo Sbaraglia, un drama judicial que en estos mismos días está compitiendo en la Mostra de Venecia; y Sueño Florianópolis, la comedia de Ana Katz protagonizada por Mercedes Morán, que viene de participar en el Festival de Karlovy Vary y después de Toronto cruza al de San Sebastián. Las dos últimas todavía no se han visto en la Argentina. Para completar el panorama del cine nacional en Toronto, la sección Special Presentations alberga La Quietud, la tragedia familiar dirigida por Pablo Trapero, con Graciela Borges como la madre de las hermanas interpretadas por Martina Gusmán y Bérénice Bejo, un trío que revela los secretos y mentiras de la clase terrateniente argentina, con oscuros vínculos con el pasado de la dictadura militar. Y hay un bonus track en la sección Short Cuts: el corto Todo se calma, de Virginia Scaro, sobre una mujer confinada en su departamento que finalmente tiene un encuentro con el mundo exterior.

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Todo este desembarco argentino deberá hacerse ver y escuchar en medio de un torbellino de títulos, cineastas y estrellas como sólo el Festival de Toronto suele reunir. Por ejemplo, el TIFF se aseguró el estreno mundial de High Life, la primera película hablada en inglés de la gran directora francesa Claire Denis, una fábula de ciencia-ficción protagonizada por Robert Pattinson y Juliete Binoche. La Binoche estará por partida doble en Toronto, ya que protagoniza a su vez Double vies, la nueva película de otro estupendo director francés, Olivier Assayas, que aquí se anima con una comedia sobre infidelidades varias. Y hablando del tema: el actor francés Louis Garrel –hijo del gran Philippe– se prueba como director en L’Homme Fidèle, que trae en estreno mundial, con él mismo como protagonista. De Francia, también promete Jessica Forever, opera prima de Caroline Poggi y Jonathan Vinel, que compite en Platform y que según Piers Handling es “la película más singular del festival: muy extraña y plena de sorpresas”.

El cine europeo en general está, como siempre, muy bien representado en Toronto, con los nuevos films de los alemanes Christian Petzold (Transit, estrenado en la Berlinale) y Ulrich Köhler (In My Room, presentada en Cannes), más el estreno mundial del nuevo documental de Werner Herzog, Meeting Gorbachev, un diálogo con el último líder de la disuelta Unión Soviética, que proviniendo de Herzog se supone que no será un diálogo cualquiera. De Italia, Paolo Sorrentino, el director de La gran belleza, trae sin pasar por Venecia, en estreno mundial, Loro (Ellos), una sátira política en línea con Il Divo. Pero si en aquella película de 2008 el blanco era el primer ministro demócrata cristiano Giulio Andreotti, aquí se anuncia una carga de artillería contra Silvio Berlusconi y su entorno. Por su parte, el húngaro László Nemes, que tres años atrás provocó una fuerte controversia con su opera prima El hijo de Saul, sobre los campos de exterminio nazis, trae su segundo largo, Sunset, ambientado en el imperio austro-húngaro hacia 1910. 

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Sin embargo, Asia pisa fuerte este año en Toronto. La lista de nombres de primera línea es impresionante, en todas las secciones: los japoneses Naomi Kawase, Shinya Tsukamoto, Hirokazu Kore-eda y Ryusuke Hamaguchi; los chinos Jia Zhang-ke, Wang Bing, Zhang Yimou y Chen Kaige; los coreanos Lee Chang-dong y Hong Sang-soo; el tailandés Apichatpong Weerasethakul, el iraní Jafar Panahi, el camboyano Rithy Panh… ¿Latinoamericanos? Los mexicanos Alfonso Cuarón (de regreso a su país con Roma) y Carlos Reygadas (con Nuestro tiempo); la chilena Dominga Sotomayor, que viene de ganar el premio a la mejor dirección en Locarno por Demasiado tarde para morir joven; el uruguayo Federico Veiroj con Belmonte, con la que luego competirá en San Sebastián… ¿Documentalistas? Claro, cómo no: los estadounidenses Frederick Wiseman, James Benning, Michael Moore y Erroll Morris, el ucraniano Sergei Loznitsa, el canadiense Ron Mann… 

Pero como siempre, Hollywood se lleva la parte del león, si no en cantidad de películas sí en despliegue promocional y en metros de alfombra roja. Nace una estrella, de Bradley Cooper como actor y director, junto a Lady Gaga; First Man, del ganador del Oscar Damien La La Land Chazelle, con Ryan Gosling como Neil Armstrong, el primer hombre en pisar la luna; Green Book, de Peter Farrelly, con Viggo Mortensen; The Front Runner, de Jason Reitman, con Hugh Jackman como un candidato presidencial; The Old Man & The Gun, de David Lowery, con Robert Redford, Sissy Spacek, Danny Glover, Tom Waits, Elisabeth Moss y Casey Affleck… La mayoría de estos títulos se anotan ya en la carrera por el Oscar, que una vez más, como siempre, suele empezar en Toronto.

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