Los casos de abusos sexuales que involucran directamente a sacerdotes católicos en todo el mundo se han transformado en una de las mayores crisis para la Iglesia católica. Mientras desde el Vaticano buscan mostrarse activos ante las denuncias, aunque son pocas las medidas efectivas contra los culpables, el Papa intentó justificar la complicidad de las autoridades eclesiásticas diciendo que “en los tiempos antiguos estas cosas se cubrían. Pero también en casa”.

La brutal justificación de Bergoglio, dicha en una entrevista con el diario español El País, es también un mensaje interno para la propia curia, preocupada por los alcances de las medidas papales.

En julio pasado el excardenal McCarrrick fue apartado del colegio cardenalicio y se “dispuso su suspensión en el ejercicio de cualquier ministerio público, así como la obligación de que permanezca en una casa que le será asignada para una vida de oración y penitencia”. Este jueves el Vaticano informó mediante un comunicado que “ha dimitido del estado clerical a Fernando Karadima Fariña, de la Archidiócesis de Santiago de Chile”, por los abusos sexuales a menores de edad.

Pero los intentos del Vaticano por encausar la crisis vuelven a verse cuestionados por la “guerra interna”. Nuevamente el exnuncio en Estados Unidos, Carlo Maria Viganò, atacó al papa Francisco y los altos cargos en Roma. Un mes después de acusarlos por encubrir las acusaciones por abusos sexuales que pesaban sobre el excardenal Theodore McCarrick, ahora ha vuelto a criticar al pontífice, esta vez por no responder a la acusación que hizo.

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“Ni el papa ni ninguno de los cardenales en Roma han negado los hechos que afirmé en mi testimonio. ’Qui tacet consentit’ (quien calla otorga) seguramente se aplica aquí, ya que si niegan mi testimonio, solo tienen que decirlo y proporcionar documentación para respaldar esa negación”, dice Viganò en su nueva carta reproducida este jueves en portales relacionados con sectores ultraconservadores de la Iglesia, como el estadounidense National Catholic Register o el español InfoVaticana.

“¿Cómo se puede evitar concluir que la razón por la que no proporcionan la documentación es porque saben que confirma mi testimonio?” añadió Viganò que, vale aclarar, tampoco aportó documentos o información que confirme sus acusaciones pero se apoya en que su relato suena verídico producto de la red de encubrimiento que desde hace años existe en la Iglesia.

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En su nueva carta el exnuncio decide atacar directamente el intento del Vaticano de mostrarse activo ante las denuncias de abusos. En la misiva sostiene que “la falta de voluntad del Papa para responder” a sus acusaciones “difícilmente concuerdan con sus llamadas a la transparencia y la construcción de puentes”.

Algo más que curas preocupados “solo por el bien de la Iglesia”

El exnuncio en Washington asegura que ofrece su testimonio “solo por el bien de la Iglesia”, pero la realidad muestra que está lejos de esas supuestas intenciones altruistas.

Como aseguramos en otros artículos, de este diario, el exnuncio y el sector de la curia al que pertenece tienen relaciones con organizaciones de la ultraderecha estadounidense. El diario The New York Times fue uno de los medios que los ligó directamente con el exjefe de consejeros del presidente Trump, Steve Bannon, que buscaba organizar a los prelados ultraconservadores contrarios a las posiciones de Francisco.

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No es casual que las denuncias de Viganò, que suenan verosímiles, sean replicadas por sitios web ligados sectores de la Iglesia fundamentalistas que apoyan políticas islamofóbicas de Trump y la ultraderecha europea, además de coincidir en el repudio a los homosexuales, el derecho al aborto legal, y defienden la familia tradicional como uno de los valores más altos.

Tampoco es casual que la nueva carta del exnuncio salga a la luz a pocos días de que Bergoglio sellara un acuerdo para normalizar las relaciones entre el Vaticano y el gobierno chino. La Santa Sede y Pekín consensuarán la forma del nombramiento de obispos y unificarán la Iglesia, abriendo así la puerta a la restitución de las relaciones diplomáticas, rotas hace casi 70 años cuando Mao Zedong expulsó del país al Nuncio del Vaticano y a sus misioneros católicos.

El anuncio del acuerdo despertó fuertes críticas de sectores de la Iglesia. Uno de los primeros en hablar fue el cardenal Joseph Zen, arzobispo emérito de Hong Kong, advirtiendo que el acuerdo podría provocar la eliminación de la llamada iglesia clandestina en el país asiático, lo que supondría “una traición” a los fieles chinos. “El Gobierno chino acabará eliminando a la iglesia clandestina -la que es fiel al Vaticano- con la ayuda de la Santa Sede” aseguro Zen.

En los sitios web que publican la carta de Viganò contra Bergoglio y el Vaticano se pueden leer notas que titulan “Desconfío de los marxistas chinos… y de los ingenuos…” atacando el acuerdo que el propio Papa reivindica.

Para Bergoglio y un sector del Vaticano la recuperación de las relaciones con China no se trata de un asunto menor. El papa ha buscado avanzar en la influencia de la Iglesia en el “lejano oriente” desde los primeros años de su mandato como un punto de apoyo estratégico. En esos primeros años contó con el visto bueno de la administración de Barack Obama, que veía en el Vaticano un mediador confiable en su relación con China, en especial luego de los servicios brindados por Bergoglio en el intento de recomposición de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba.

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Pero ese visto bueno para la política de la Santa sede por parte del gobierno de Estados Unidos ya no existe. La actual administración Trump está en un enfrentamiento comercial abierto con China, a quién considera uno de sus principales adversarios. Seguramente el acuerdo entre el Vaticano y Pekín no debe ser bien visto en Washington.

Mientras en los edificios cercanos a la plaza de San Pedro todavía se celebraba ese primer éxito en tierras asiáticas, los ruidos de los nuevos ataques advierten que la guerra interna en la Iglesia continúa. El objetivo inmediato es minar la autoridad papal y fortalecer al bloque que lo enfrenta. Para eso el sector ultraconservador de la curia utiliza inescrupulosamente como arma, y lejos de cualquier objetivo real por encontrar a los culpables, las denuncias por los abusos clericales.

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