Muy temprano, tanto que la luna aún no se iba… ya la estaba corriendo el sol. La luna de Avellaneda sobre el riachuelo. Abajo, las distintas corrientes y partidos de izquierda. Que intentaban subir al puente. Fuimos llegando, de a poquito. Si querés, ponele la música de “Fantasías Animadas” a la imagen. Los micros en los que íbamos comenzaron a subir lentamente, en la cara de la Prefectura, que con un cordón, le cerraba el paso a los manifestantes.

Sí, el PTS otra vez le cortó el puente a Bullrich. Ya estábamos arriba, volvimos sobre nuestros pasos a buscar a los que aún no habían podido subir. Ponele ahora la música que quieras.

Expectantes, mirando hacia adelante, vimos llegar a las otras columnas, centros de estudiantes, las banderas de la agrupación No pasarán y de La Bordó de la Alimentación.

No nos derrotaron, pensé. Despidieron familias en Pepsico, pero ahí está nuestra bandera, ahí están trabajadores y trabajadoras de Pepsico, de la alimentación, de aeronáuticos, docentes, y de un montón de gremios más, con la bandera del Movimiento de Agrupaciones Clasistas que desde muy temprano se ubicó en el medio del puente.

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Es inexplicable lo que sentís en el cuerpo porque sabés que detrás de las banderas están tus compañeros que se ponen al frente de la pelea no solo por sus puestos de trabajo, sino por los de todos. Entre ellos y nosotros, hay una escuadra de los mulos del patrón que pronto se disuelve.

Avanzamos, dimos la vuelta, retrocedimos, cambiamos de carril, éramos los dueños del puente y se lo dijimos cantando, el puente es nuestro la yuta que te parió.

Los achaques que te graba la fábrica en el cuerpo también te acompañan cuando hay paro. Particularmente creí que no iba a poder saltar ni correr, pero los pibes empezaron a cantar: “la clase obrera nos marca el camino, que nuestro es el futuro, que nuestro es el poder” y me dije: yo soy la clase obrera. Los brazos y las manos se me duermen a causa de las tareas repetitivas de tantos años, de levantar cajas, de laburar 12 horas por día. Yo soy la clase obrera y ellos, la juventud que nos marca el camino. Ellos luchan por el Astillero, por el aborto legal, por la educación, contra el ajuste del bobierno y la represión. Ellos nos marcan, por eso, entre risas, los imitamos, comenzamos a hacer el pogo de las chicas de 40 (promedio, jeje). “Acá llegó la izquierda combativa junto a los trabajadores…” Comencé a saltar, a poguear, obreros y estudiantes como en el Cordobazo, cantamos después.

El cielo con nubes de corderito, según dijo una camarada, a decir de su mamá, traerá lluvia después. El día perfecto, la certeza de estar donde teníamos que estar, garantizando el corte, mientras otros fueron a llorarle a la virgen sus penas sin gloria.

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Hay un aire de unidad, de organización. Los mulos del patrón no nos dejan atravesar el puente, pero yo salté y canté que somos la izquierda combativa. Mirá si no lo vamos a ser.

Las tendinitis se van con la luna hacia la noche y la quietud. No hay lugar para lamentaciones.

Me gustan las banderas de mi partido, me gustan los trabajadores que las portan, las trabajadoras que las agitan.

Me gusta estar donde hay que estar, porque el pueblo está siendo hambreado y reprimido, pero tenemos una mañana perfecta, con un cielo de corderito.

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