El espectáculo de las últimas 48 horas no pudo ser más pedagógico. Por un lado Mauricio Macri en la cuna del capitalismo pidiendo crédito para salir de la enésima crisis financiera del país. Por el otro, sindicalistas, piqueteros y políticos de diversa laya, paralizando el mismo país en reclamo de la persistencia de las políticas que causaron la enésima crisis financiera. Pidiendo de manera amenazante que al enfermo se le siga administrando la receta que lo mantiene en terapia intensiva con breves lapso de lucidez desde hace 75 años.­

En ese espectáculo de contradicciones nadie es inocente. El Presidente practicó durante los dos primeros años de su mandato un populismo `soft’, que bautizó gradualismo. Con eso evitó una crisis inicial en su gestión, ganó las elecciones de medio término y les demostró a los políticos populistas que no es necesario haber nacido en La Matanza para conocer los trucos del oficio. El éxito, sin embargo, fue más efímero de lo calculado. Un moderado cambio de viento externo se convirtió en un huracán doméstico y puso al país al borde de otra crisis. Conclusión: Macri debió volver al realismo económico y viajar a Nueva York con la gorra en la mano.­

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PARO SINDICAL­

Pero menos inocentes aún son los sindicalistas que pararon al país. Su imagen perfecta no es Moyano, sino los `trabajadores’ de Astilleros Río Santiago que agredieron violentamente al gobierno bonaerense tomando días atrás la sede del Ministerio de Economía provincial. Ese astillero tiene 3.250 `trabajadores’ que le cuestan al estado 3.500 millones de pesos por año, pero que en los últimos 10 no construyeron un barco. Son la viva imagen de los que reclaman y se prenden en las estatizaciones. Son el perfecto resumen del atraso estructural del país y de su decadencia. Son el componente básico de la receta que incluye consumo sin producción, cierre de la economía, transferencia de los sectores productivos (agro) a los improductivos (armaderos de Tierra del Fuego).­

Una receta que produce estallidos cíclicos por falta de dólares y descapitalización. Que ha generado un capitalismo `prebendario’, forma educada de llamar a la mafia que quedó parcialmente a la vista con los cuadernos de Centeno.­

Esa receta o, para decirlo en términos kicillofianos, `modelo’, ha combinado la catástrofe económica con el éxito electoral y acuñado disparates muy repetidos como el de `vivir con lo nuestro’. Ha elaborado una épica del suicidio colectivo a partir de una serie de mitos alimentados por la demagogia e irresponsabilidad de la clase dirigente y la ingenuidad o el cinismo de los votantes. Hoy a los políticos y sindicalista se han sumado en defensa de esta `épica’ sectores clericales, universitarios trotskistas, lúmpenes de ultraderecha y tribus de diverso pelaje.­

REALISMO ECONOMICO­

Las encuestas muestran que un tercio de los votantes sigue respaldando a Macri y acepta el realismo económico. Otro tercio apoya a los políticos y sindicalistas amenazados por la cárcel que salieron a la calle. Dentro de un año el tercio restante definirá qué Argentina prevalece. Lo hará en una elección que puede convertirse en un punto de inflexión de la etapa democrática abierta en 1983. Paros, movilizaciones y discursos amenazantes no inciden en esos cambios históricos.­

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