Máximo Kirchner, diputado nacional de Unidad Ciudadana e hijo de los expresidente Néstor y Cristina Kirchner, encabezó este sábado en Ensenada el “Plenario de la Militancia Nacional y Popular”.

Las instalaciones facilitadas por el intendente Mario Secco albergaron a un millar de mujeres y hombres provenientes centralmente del conurbano bonaerense. Pero pese a ser convocado para “la militancia nacional y popular”, el acceso estaba restringido a quienes se hubieran anotado previamente y el operativo de seguridad y control no tenía que envidiarle a los típicos cónclaves de la rancia conducción de la CGT.

Allí lanzó una encendida arenga a las y los militantes del espacio político que lidera CFK para que salgan cuanto antes a convencer a la mayoría de la gente de que hay que enfrentar a Mauricio Macri, sus planes de entrega y al FMI. Para ello, afirmó, es necesario “construir una mayoría lo más amplia, plural y diversa posible. Un frente policlasista que incluya a todos” para así poder ganar las elecciones del año que viene.

Durante todo el día se especuló (y así se lo informaron a muchos militantes) con que el acto lo cerraría la propia Cristina. Pero luego de largas horas de debate en “comisiones”, y sin explicación alguna del falso rumor, finalmente el acto final lo encabezó el hijo, quien estructuró su discurso de tal manera que se ubicó él mismo como una suerte de sucesor en la dirigencia de ese espacio político.

Pasadas apenas las 19 Máximo tomó el micrófono y no dejaría de hablar durante los siguientes 50 minutos. Con un pañuelo verde atado a la muñeca y previo saludo de parte de su madre a la militancia, se despachó detallando muchas de las políticas de hambre, miseria y entrega que lleva adelante el gobierno de Mauricio Macri. Con números, estadísticas y la inevitable comparación con las gestiones de sus padres, fue conduciendo su parlamento hacia una propuesta frentista de cara a las próximas elecciones.

Todo el discurso fue lanzado con un tono bastante “canchero” y hasta haciendo algún que otro chiste de doble sentido, rememorando de forma un tanto improvisada la retórica antiprotocolar de su padre.

Habló de la necesidad de “un proyecto de país que no solo sea superador del actual sino también del que tuvimos hasta el 10 de diciembre de 2015”. De que las ideas que salven al pueblo “tienen que ser del propio pueblo”. Y de que “en estos dos años y medio, día a día, destruyen, destruyen y destruyen, odian, odian y odian”. Por eso, les pidió “a todas y todos” no caer en provocaciones. “Respondamos al odio con amor”, pidió.

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Kirchner detalló varias de las políticas de ajuste, entrega y sumisión al FMI que lleva adelante Macri. Con algunos números y comparaciones demostró el tipo de gestión para pocos que significa Cambiemos. Habló de una estafa a quienes votaron a Macri, que prometió todo aquello que no cumplió.

Pero en medio de esa crítica razonable y documentada al macrismo, Máximo aprovechó para reforzar la idealización de la gestión kirchnerista, llegando a algunos extremos. Por caso, para condenar el préstamo del FMI pedido por Macri reivindicó el pago de U$S 11 mil millones al mismo FMI en 2005, buscando darle un aire épico a esa decisión proimperialista de Néstor Kirchner.

“En dos años y medio le pagamos eso al FMI con el esfuerzo de las argentinas y los argentinos que se puso en valor. Algunos cometen el error de decir que lo pagó Néstor. No, lo pagaron los argentinos. Lo que hizo el presidente fue poner en valor el esfuerzo de los trabajadores”, dijo con convicción.

Cuestionó “la brillante idea” de Macri de que las Fuerzas Armadas actúen en seguridad interior. Lo hizo sin hacer referencia a la Ley Antiterrorista promulgada en 2007 a pedido de Estados Unidos ni al plan Escudo Norte lanzado en 2011 enviando militares a las fronteras.

Intentando distanciarse de las políticas del gatillo fácil y de la Doctrina Chocobar enarbolada por Patricia Bullrich, dijo que este modelo económico solo va a cerrar con represión y por eso le pidió a las “hermanas y hermanos que trabajan en las fuerzas de seguridad no vayan contra su propio pueblo”. Curioso, como si entre 2003 y 2015 no se hubiera puesto a las policías, a Gendarmería y a otras fuerzas represivas al servicio de proteger los negocios de las grandes patronales, el gatillo fácil no hubiera existido y Julio López no estuviera desaparecido.

Máximo le hizo un guiño al conurbano bonaerense (sobre todo a sus intendentes), comparando los presupuestos que destina el Estado nacional para esas zonas populosas con el que le da a la rica y acomodada Ciudad de Buenos Aires. Lo hizo comparando datos de gastos en seguridad y educación.

Ahí aprovechó para marcar otra desigualdad, la que sufren las provincias de la Patagonia respecto a la CABA. Y salió en defensa de su tía, la gobernadora santacruceña, de quien dijo que está “haciendo frente como puede al pago de salarios” de los estatales. Y no le faltó cinismo para reivindicar a las trabajadoras y los trabajadores en su lucha, que es precisamente contra el ajuste y la represión de Alicia Kirchner.

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Con sentido del oportunismo comparó la desaparición y muerte de Santiago Maldonado con la senaduría del ruralista Alfredo de Angeli, en el sentido de que mientras este último pudo hacer cien días de piquete desabasteciendo al país en 2008, el primero hizo dos días de piquete y terminó hundido en el río. Tal vez sería más correcto comparar a Santiago con Kosteki y Santillán (de la que fueron responsables políticos varios funcionarios que acompañarían luego a su padre y a su madre) o con Mariano Ferreyra, asesinado en 2010 por la patota de José Pedraza, uno de los sindicalistas modelo y amigos de Cristina.

En un curioso “giro” para la terminología peronista, en su casi hora de discurso Máximo no mencionó nunca al sindicalismo ni a los sindicatos. De allí que tampoco esbozó siquiera algún tipo de propuesta para la clase trabajadora organizada ponga toda su fuerza en las calles para enfrentar el ajuste y la carestía de la vida.

Solo hizo mención a las trabajadoras y los trabajadores cuando reivindicó las luchas de resistencia del INTI, del Hospital Posadas, del Astillero Río Santiago, de los mineros de Río Turbio y del personal de Télam. “Es salvaje lo que van a hacer y va a ser cada día peor. El problema no son los trabajadores públicos”, dijo Kirchner al tiempo que volvió a reivindicar a su tía: “Alicia en Santa Cruz no echó a nadie, se la bancó”. Sí, se la “bancó” a puro ajuste y palazo a quienes salieron a protestar.

Y en otro rapto de cinismo le dedicó unas palabras al crimen social de Moreno, donde murieron Sandra Calamano y Rubén Rodríguez por la explosión en una escuela. “Le sacó al intendente de Moreno el Consejo Escolar pero el interventor no se puso a ver lo que pasaba”, dijo respecto a María Eugenia Vidal. Quizás no se dio cuenta, pero así no hizo más que reconocer que su compañero de militancia Walter Festa tenía el Consejo Escolar en su poder, es decir que fue un colaborador central de Vidal para que las escuelas estén en el actual estado calamitoso.

Sobre el #CuadernoGate y las persecuciones judiciales a exfuncionarios del gobierno de su madre y a ella misma, el dirigente no dijo nada. Solamente una referencia general al “partido judicial” que cumple órdenes del “emperador” Macri, aunque lo hizo sin (poder) desmentir ninguna denuncia de las que se acusa al gobierno kirchnerista.

Finalizando el discurso Máximo Kirchner lanzó su única propuesta, que fue en definitiva el objetivo central del “Plenario de la Militancia”. Dijo que es momento de ponerse a “construir una mayoría lo más amplia, plural y diversa posible. Un frente policlasista que incluya a todos, trabajadores, científicos, estudiantes, a todos”.

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Pidió tener “la mayor generosidad posible no solo para construir ese frente sino para que también ese frente político, de ganar las elecciones pueda cumplir con la gente. Hay que ser inteligentes. Les pido que tengamos la generosidad suficiente para poder llevarlo adelante. Es necesario darle una oportunidad a la gente a la hora de elegir”.

La última parte del discurso estuvo dedicada a darle categoría de patriada a su propuesta, que es la de Cristina. “Yo les pido que este fervor, esta convicción y generosidad que tuvieron para venir a discutir entre todos la mantengan y la potencien. Que vayan a buscar al compañero y a la compañera en la fábrica, al compañero o a la compañera en la escuela y en universidad, al vecino y a la vecina para decirles que tenemos una oportunidad, que no hay que bajar los brazos, que la gente sí merece”.

Pidió que “no dejen que los convenzan de que no sirven para nada, que no les quiebren la autoestima. Necesitamos a ustedes de pie, compañeras y compañeros. Los necesitamos mirando de frente, poniendo el cuerpo, pensando una Argentina diferente, llenos de sueños, llenos de anhelos, llenos de amor. Porque esa va a ser la única oportunidad”.

Según sus palabras, “para que siga abierto el Astillero, para que se recupere el INTI, para que el Hospital Posadas tenga los médicos que tiene que tener, para que el pueblo tenga la salud, la educación y la seguridad y la capacidad de irse de vacaciones como se merece”, hay que armar ese “frente policlasista”. Si no, sugirió, no se va a poder construir “una Argentina grande, inclusiva, una Argentina donde vuelva a reinar el amor y la igualdad”.

Aplausos finales.

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