El ex funcionario quiso desvincular a su esposa, dijo que los dólares no son suyos, pero no identificó a los responsables.

El ex secretario de Obras Públicas José López sorprendió ayer en el juicio por enriquecimiento ilícito relatando, sin credibilidad alguna, la historia del origen de los nueve millones de dólares con los que lo agarraron en el convento de General Rodríguez. López reiteró que la plata no era suya sino “de la política”; de “personas cuya identidad no puedo revelar, algunas de las cuales ni yo conozco”. Su versión contrasta con los hechos. López dice que él no tenía la plata sino que aquella noche, el 14 de junio de 2016, vinieron tres personas, una en moto y dos en un auto, que trajeron los dólares. Esas tres personas lo escoltaron hasta el convento. En la cuidadosa investigación que hicieron el juez Daniel Rafecas y el fiscal Federico Delgado acumularon filmaciones del auto en el que iba López y no se ve ninguna moto ni un auto escoltando o siguiéndolo. Además, en la causa, el propio López quiso desvincular a su ex esposa y en ese marco explicó dónde tenía guardado el dinero en la casa de Río Luján, Tigre. O sea que él mismo confesó que los dólares los tenía él.

López le había pedido al Tribunal Oral Federal número 1 que le otorgue entre una y dos horas para hablar. De hecho, iba a ser la primera vez que se iba a referir a lo ocurrido con la plata y el convento. Los jueces Adrián Grünberg, José Michilini y Ricardo Basilico le otorgaron el tiempo correspondiente y el ex funcionario sólo aceptó las preguntas de su defensora oficial Pamela Biserier, aunque después se cansó y también la cortó a ella.

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El relato de López no resiste el menor análisis ni un contraste con las pruebas del expediente.

Sostuvo que el dinero no era de él, que nunca se enriqueció y que los nueve millones de dólares los trajeron personas que le ordenaron llevarlas la convento. Esas personas lo escoltaron en una moto y en un auto y lo vigilaron todo el tiempo.

La versión se contradice, por ejemplo, con un hecho clave. La Policía Federal allanó su casa en Río Luján y no pudo encontrar el lugar en donde tuvo escondido el dinero. Sin embargo, López quiso despegar de todo a su ex esposa y entonces confesó dónde había estado el dinero. Había que subir con una escalera precaria hasta la plata superior, abrir una ventana que no era una ventana, sino una puerta, colocar la escalera subida desde abajo, salir al techo, rodear el tanque de agua, abrir una pequeña habitación oculta y levantar un falso piso. Todo eso le permitió a Rafecas-Delgado descubrir dónde se habían escondido los dólares. Los billetes, además, tenían la humedad del tanque de agua.

El fiscal Delgado reconstruyó todo el recorrido de López aquella noche, desde Tigre a General Rodríguez. Encontró imágenes de rotondas, de autopistas y nunca se vio a la Meriva con alguna moto atrás o con un auto siguiéndola. Además, era sencillo verificar porque se trató de una madrugada. Tampoco en las inmediaciones del convento se lo vio con moto o auto de escolta. La propia filmación lo exhibe actuando sin mirar para ningún lado, sin hostigamiento. Es más, la valija Samsonite con la mayor parte del dinero quedó afuera del convento, en la calle, dentro del vehículo durante 40 minutos, sin que el vecino Jesús se percatara de una moto o un auto vigilando o en las inmediaciones.

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Según López, el dinero era de la política, con nombres que no puede revelar por los riesgos físicos y de vida de su familia. Incluso sostuvo que hay alguno o algunos de los dueños de los dólares cuya identidad no conoce ni él. López nunca hizo una denuncia de amenazas ni en la revisión de las llamadas que se hicieron de sus teléfonos figuran comunicaciones o mensajes extraños.

El ex funcionario menciona que estando en Montevideo le dijeron que a él y a Agustín Rossi la SIDE los estaba siguiendo e investigando. Nada se verificó y, de hecho, Agustín Rossi es hoy el jefe del bloque de Unidad Ciudadana. En su exposición de ayer, López no presentó ni una sola prueba: no dijo verifiquen tal teléfono, o chequeen los ingresos a tal hotel donde se produjo tal hostigamiento de los espías.

López afirmó que estaba pactado con la madre Alba, de 95 años, que el dinero se guardaba en el convento y que se iría retirando de a poco. Por de pronto, el ex secretario no explicó por qué tuvo que sacar el dinero de su casa. No dio detalle alguno. Y en segundo lugar, el vínculo con el convento era de él, no de otras personas. El que registra llamadas, el que asistió con reformas al convento, era el propio López.

Todo indica que la historia verdadera es que López fue cobrando coimas a empresas, tal vez a lo largo de bastante tiempo. Una de las obras de mayor envergadura fue la del soterramiento del ferrocarril Sarmiento que López manejó con puño de hierro. En ese caso, hubo muchas idas y venidas, aunque la mayor manipulación de todas la produjo el actual gobierno. El pliego exigía conseguir el financiamiento para la obra y la administración Macri decidió, por decreto, que la plata la ponía el estado argentino. No obstante durante el período kirchnerista hubo cambios en condiciones y presupuestos, y eso lo manejó López. Es muy posible que parte de las coimas reconocidas por Odebrecht haya ido a parar al tanque de agua de la casa de Río Luján. En cualquier caso, ayer quedó flotando el interrogante de cuál fue el objetivo de la declaración de López de ayer. Una alternativa es que se trató de una amenaza. El mensaje es “por ahora no digo nada y hablo de gente que no quiero nombrar. La próxima ya los nombro”. No quedó claro qué es lo que quiere a cambio de seguir ocultando los supuestos nombres, en un caso de corrupción, con pruebas, que afectó al anterior gobierno.

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La otra alternativa es que López sufra algún nivel de desequilibrio emocional. Ayer, se lo vió hablando como narcotizado. Y un dato es que denunció que le impusieron a su primer defensora, la abogada hot Fernanda Herrera, aquella cantante de cumbia. Quienes presenciaron la escena de su designación cuentan que ella se ofreció porque estaba allí de casualidad y él aceptó. Así de simple. Pero, además, la joven mujer no presentaba el perfil de ser enviada por ningún poder oculto, ni servicios de inteligencia ni gobernantes ni ex gobernantes. Más bien ocurría lo contrario: ejercía una defensa alegre, de alta exposición, y terminó, como era de esperar, en el Bailando por un Sueño.

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