El papa Francisco aceptó ayer la renuncia de tres obispos chilenos, entre ellos la de Juan Barros, una figura clave en el escándalo de abusos sexuales que sacudió a la Iglesia católica del país sudamericano. El prelado mapuche y franciscano Jorge Concha Cayuqueo asume de forma interina como administrador apostólico de la Diócesis de Osorno.

El Vaticano comunicó que quedarán sin cargo el obispo de Osorno, Juan Barros; de Valparaíso, Gonzalo Duarte García de Cortázar, y de Puerto Montt, Cristián Caro Cordero, estos dos últimos mayores de 75 años.

“Empieza un nuevo día para la Iglesia chilena, no puedo estar más emocionado y feliz”, señaló desde Estados Unidos, el periodista Juan Carlos Cruz, una de las víctimas de los abusos sexuales contra menores cometidos por el sacerdote Fernando Karadima, suspendido de por vida de sus funciones desde hace ya algunos años. “Agradecido al Papa  que está cumpliendo, es lo que nos dijo”, añadió Cruz, al conocer la decisión papal. Además de Barros, denunciado por las víctimas como uno de los presuntos encubridores de los delitos de Karadima, el pontífice aceptó las dimisiones de los obispos Cristian Caro y Gonzalo Duarte.

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“Se están yendo los delincuentes para la casa”, agregó Cruz, quien junto con el médico James Hamilton y el filósofo José Andrés Murillo, también víctimas de abusos, fueron invitados al Vaticano por el Papa en abril pasado, oportunidad en la que le entregaron sus testimonios personales sobre el mayor escándalo que sacude a la Iglesia chilena.

Los tres obispos, que serán reemplazados en sus cargos por administradores apostólicos, forman parte de la Conferencia Episcopal Chilena. El pasado mayo, Francisco mandó llamar a 34 obispos chilenos al Vaticano y estos presentaron sus renuncias en bloque tras reconocer que habían cometido “graves errores y omisiones”, y ahora el pontífice ha aceptado tres de ellas. Sobre todo la de Barros, al que el mismo Francisco había otorgado la diócesis de Osorno a pesar de las protestas de los fieles y cuya renuncia rechazó hasta en dos ocasiones.

La decisión de Francisco se conoció un día antes de la segunda visita que iniciarán en Chile el arzobispo de Malta, Charles Scicluna, y el sacerdote español Jordi Bertomeu, designados por el Sumo Pontífice “con el fin de avanzar en el proceso de reparación y sanación de las víctimas de abusos” sexuales, según había anunciado el Papa a fines de mayo.

Scicluna y Bertomeu estuvieron en febrero pasado en Chile, oportunidad en la que recibieron testimonios de cerca de 70 víctimas, entre ellos Cruz, Hamilton y Murillo, además de un grupo de laicos de la diócesis de Osorno que demandaban la renuncia del obispo Barros, designado en el cargo en 2015 por el sumo pontífice.

El caso más relevante era el de Barros, que ha sido acusado por las víctimas de Karadima no solo de encubrir los crímenes del sacerdote sino de haber sido testigo de los abusos. Fernando Karadima, de 81 años, fue sancionado en 2011 por la Santa Sede a un retiro de por vida de sus funciones por delitos ocurridos entre 1980 y 1995, según estableció la Justicia chilena, que no pudo aplicarle ningún castigo, pues los hechos ya habían prescrito.

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El caso de Karadima-Barros opacó la visita que el Papa realizó a Chile en enero pasado, ya que el obispo de Osorno estuvo presente en todas las misas que ofició Francisco y éste hizo una defensa cerrada del prelado. En el avión que lo llevaba de vuelta a Roma el Papa se retractó.

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