Inestabilidad y desconfianza. La situación del mercado cambiario se reflejó en una fuerte retirada de las posiciones en activos argentinos. Los ADR de empresas argentinas en Wall Street tuvieron pérdidas de hasta el 12 por ciento.

La tensión financiera no da respiro. El dólar subió ayer un 3,4 por ciento y marcó un nuevo record de 29,66 pesos. En algunas casas de cambio del microcentro llegaron a hacerse compras con una cotización por arriba de 30. El Banco Central mostró incapacidad para maniobrar la situación y a menos de dos semanas de asumir la nueva gestión incumplió la primera promesa que le hizo al mercado. Luis Caputo había asegurado a los inversores que mantendría un cronograma de ventas de dólares previsible a través de una única subasta diaria. Pero ante la incertidumbre cambiaria lanzó sorpresivamente una segunda subasta por la tarde en la que remató 300 millones de dólares. Las reservas cerraron con una caída de 1078 millones de dólares al sumarse pagos de deuda a acreedores externos.

La jugada del Central dejó más dudas que certezas en la city. Esto se debe a que el FMI había condicionado la continuidad del préstamo stand by a que no haya intervenciones en el mercado cambiario. Algunos analistas advirtieron que si la autoridad monetaria sigue mostrando estos niveles de irresponsabilidad pone en riesgo el ingreso del segundo tramo del crédito. Los inversores no perdonan la falta de coherencia discursiva y la inexistencia de un plan sostenible en el mediano plazo. El riesgo país volvió a subir y se posicionó por arriba de los 600 puntos. La Argentina ahora paga el doble de tasas para emitir un bono soberano respecto de lo que pagan los vecinos de la región como Brasil, Chile, Perú. Se abrió la economía, se liberaron los controles a la compra de dólares, se quitaron las retenciones pero el costo financiero del país volvió a ser idéntico al que se registraba a mediados de 2015.

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El clima de intranquilidad financiera se reflejó en los precios de las empresas que cotizan en la bolsa porteña. Las acciones del MerVal bajaron 2,8 por ciento en moneda local. Si se agrega la suba del dólar en la jornada, las pérdidas alcanzaron un 6,5 por ciento en moneda dura. Los bancos y las compañías energéticas fueron algunos de los sectores más castigados. Las acciones que se negocian en Nueva York anotaron un viernes negro con caídas de más del 12 por ciento en dólares. El Banco Francés marcó una baja del 7,1 por ciento, al tiempo que el Banco Macro bajó 5,7 por ciento, el Grupo Financiero Galicia 6,3 por ciento y Banco Supervielle 2,6. Edenor, mientras tanto, computó un retroceso de 12,3 por ciento, mientras que Pampa Energía bajó 4,3 por ciento y  Transportadora Gas del Sur 7,5. Ninguna de las 14 firmas que se operan desde Estados Unidos registró un aumento en su cotización.

El rojo bursátil resulta sorprendente si se tiene en cuenta que hace menos de diez días el MSCI recalificó al país de fronterizo a emergente. El equipo económico celebró ese guiño como un gran voto de confianza del mercado. Pero el rebote inicial no sólo se licuó sino que las acciones ahora registran un precio inferior respecto del que tenían el día anterior a la recalificación. El miércoles pasado, por caso, hubo un retroceso del 11 por ciento en dólares del MerVal: la mayor caída diaria desde el estallido de la crisis financiera internacional en 2009. La bolsa porteña es una de las que más cae en el mundo este año. Se registran pérdidas que duplican las anotadas en el mercado brasileño y cuadriplican las computadas en la bolsa chilena y peruana.

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La falta de instrumentos del equipo económico para hacer frente al ruido cambiario potenció la ansiedad de los inversores. Las carteras se dolarizan sin importar el precio de la divisa y las altas tasas de interés en pesos. La percepción es que el tipo de cambio sigue barato y que a la devaluación todavía le queda recorrido. La apertura irrestricta a los flujos de capitales, la libertad del campo para no liquidar la cosecha y la quita de impuestos a la exportación limitaron fuertemente el margen de maniobra del Central para enfrentar la escasez de divisas estructural de la economía. Caputo puede encerrarse horas en la mesa de dinero de la entidad y observar la evolución de las variables en diez pantallas distintas. Pero eso no hará que en forma mágica vuelvan las herramientas para controlar el desborde cambiario.

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