PLAZA ALEM – PLAZA SARMIENTO
PLAZA DE LA ESTACION

Con la llegada del ferrocarril en 1865 y lo que siguió después al quedar las vías sólo hasta Chascomús durante más de 9 años aquel hueco feroz donde hacían noche las carretas y llegaban para entregar sus cargas o haciendo noche para seguir a Buenos Aires, ese lugar muy poco agraciado con la llegada del Ferrocarril y la construcción de su estación por donación de la Municipalidad de las seis manzanas sobre la calle Belgrano, todo ese contorno pasó a ser uno de los lugares más apreciados del pueblo-ciudad. Las carretas se ordenaron para su carga y descarga de lo que iba a diario hacia la gran metrópolis, junto a los pasajeros que acercaban las diligencias desde Ranchos, Pila, Dolores, estancias y puestos de la zona de la costa.
Las actividades sociales y comerciales que se habían desarrollado muy cerca del fuerte y creado un centro donde se afincaban el movimiento de la ciudad de golpe y porrazo pasó a ser desplazado por la Plaza de la Estación, que pasó a llamarse en primer momento Sarmiento, pero en la década del 90 por rencillas políticas se le cambió de nombre por Alem, esto según notas de Tocci en su libro El Barrio de la Estación. Años más tarde al renovarse los consejales volvió a tener el antiguo nombre, Sarmiento.
La gran cantidad de pasajeros y clientes para tomar el tren a Buenos Aires favoreció la instalación de hoteles, pensiones, casas de comida, fondines pone Tocci en su libro eran muy reconocidos los clientes del campo, que paraban un dia en espera de tomar su tren a la ciudad, lo mismo ocurría, pero en forma más revoltosa con los carros de leche de los vascos que una vez entregados los tarros seguían reunidos en los locales para jugar sus clásicos partidos de mús.
Además, como forma de atraerlos a su deporte preferido, la pelota a paleta, se hicieron varios trinquetes en la zona, se registraron más de cinco en cuatro manzana.
Gauchos, peones, paisanos, viajantes, inmigrantes pronto a encontrar nuevos trabajos, vendedores callejeros conocidos como “cuentenis” apodo que recibían los turcos vendedores por pagos semanales de prendas económicas y fantasías pueblerinas, queda en la imaginación de cada uno agregar nuevos rubros, pero no podemos olvidar a los linyeras y además las damas querendonas.
El mismo ferrocarril incorporó a nuevos trabajadores con nombre propio: jefe de estación, auxiliar, cambista, radiotelegrafista, guardabarrera, jefe de encomiendas, este era realmente un introductor de nuevos y llamativos productos en el pueblo y era irremplazable para las novedades que trajo el ferrocarril, dejando para el final los queridos y numerosos comisionistas. ¿Quién no dependió de sus gustos y atención para elegir algo a la distancia?

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HEG

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