Provenientes del arte urbano, el diseño gráfico, el cine y la animación, este grupo de artistas irrumpió en el escenario local a fines de los años 90 a través de stencils, instalaciones y campañas que funcionaban como señalamientos en el espacio público, como aquella en las que pintaban ganado en las sendas peatonales del siempre transitado microcentro porteño y que, en sus comienzos, ellos mismos definían como “actos de guerrilla”.

A lo largo de su carrera, este colectivo -cuya cantidad de integrantes fue fluctuando y que actualmente integran Julián Manzelli (alias Chu) y Orilo Blandini- fue ganador del certamen Curriculum Cero de la galería Ruth Benzacar, presentaron en Tecnópolis aquel gigante de hierro llamado Coloso de energía, exhibieron sus obras e instalaciones urbanas en distintos sitios del mundo y una de sus piezas forma parte de la colección del MoMA de Nueva York.

Por sus orígenes, el espacio público es significativo en cada una de sus creaciones, y es por eso que la inmensa sala Cronopios del Centro Cultural Recoleta se asemeja ahora a un gran parque donde reina el extrañamiento y por momentos el absurdo, piezas realizadas en el último año y especialmente para esta exposición.

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“Desde sus orígenes, la obra de Doma se basa en una lectura crítica del absurdo que es la realidad. Con eso generamos obra. Muchas cosas de la realidad, de la política, de la situación social, nos resultan absurdas y es una inspiración para generar obra en torno a eso. Nuestra visión de éstos últimos años no es muy positiva, y así nació esta muestra, una crítica a la vida contemporánea”, cuenta a Télam Julián Manzelli.

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