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El caos de tránsito y desabastecimiento expusieron la fragilidad del gobierno brasileño

Los camioneros comunicaron su deseo de que el resto de la población participe del paro para obligar a Temer a renunciar. Para ello, piden a la gente que no haga cola en las estaciones de servicio y que tampoco pague precios altos.

El noveno día de huelga de camioneros en Brasil mostró una disminución de los bloqueos y una normalización del abastecimiento, y el presidente brasileño, Michel Temer, negó cualquier amenaza de golpe de estado. Sin embargo, la crisis de desabastecimiento provocada por el paro expuso la fragilidad del gobierno, según analistas.A pesar de que los bloqueos disminuyeron ayer y el abastecimiento comenzó a normalizarse, aún persisten paralizaciones promovidas, según el ministro de Seguridad Raúl Jungmann, por empresas distribuidoras que quieren desestabilizar al gobierno. Las autoridades comenzaron así a investigar la presencia de grupos políticos infiltrados entre los camioneros, una acusación respaldada por organizaciones sindicales. “No son los camioneros los que están en huelga. Hay un grupo muy fuerte de personas que quieren derrocar el gobierno”, dijo José da Fonseca Lopes, presidente de la Asociación Brasileña de Camioneros.

Sin embargo, según el diario brasileño Estadao, los manifestantes negaron que estuviesen siendo comandados por algún infiltrado. “Esta es una lucha nuestra, no nos gustan los políticos y tampoco queremos que ellos estén aquí”, afirmó un camionero en uno de los grupos de WhatsApp utilizados para que la información y decisiones de acción circulen más rápido. En esos grupos los camioneros también comunicaron su deseo de que el resto de la población participe para obligar a Temer a renunciar. Para ello, piden al pueblo que no hagan cola en las estaciones de servicio y que tampoco paguen precios altos, puesto que, alegan, esta es una lucha de todo el país, según Estadao.

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En los corredores del Congreso, aliados del gobierno cuestionan la credibilidad de Temer para llegar hasta el fin de su mandato, el 1 de enero de 2019, en caso de que la situación empeore, según Folha de Sao Paulo. Denunciado por corrupción en dos ocasiones, Temer consiguió congelar la apertura de investigaciones negociando partidas presupuestarias y cargos a cambio de votos en el Congreso. Así, gastó prácticamente todo su capital político, opinó el politólogo André César, de la consultora Hold. “Llegamos a un punto en que el gobierno Temer no tiene más nada que ofrecer. Terminar  su mandato extremamente debilitado (…), un zombi en Planalto”, afirmó César. Temer asumió la presidencia en 2016, tras el golpe parlamentario a la presidenta de izquierda Dilma Rousseff. Con la clase política desmoralizada por los escándalos y la economía recuperándose de forma muy lenta, la huelga de los camioneros despertó cierta simpatía entre la población. “La huelga muestra una vez más el gran nivel de descontento, de rabia y eso tiende a beneficiar en las elecciones a candidatos con discursos más radicales”, aseguró el politólogo Mauricio Santoro, de la Universidad del Estado de Río de Janeiro. Evidencia de la afirmación del analista fue el fuerte activismo de grupos de ultraderecha que se vieron durante los días de paro y que piden una intervención de las Fuerzas Armadas para, según dicen, moralizar la política. El presidente, no obstante, restó importancia a esos movimientos y alegó ayer, ante la prensa extranjera, que no había riesgo de intervención militar.

El diputado Jair Bolsonaro, un nostálgico declarado del régimen militar y segundo en las intenciones de voto, trató, por su parte, de tomar distancia de esos grupos. “La idea de un golpe no me pasa por la cabeza ni pasa por la cabeza de ningún general”, aseguró en una entrevista publicada ayer por Folha de Sao Paulo. “Eso lo apoya un grupo pequeño. Con la desesperación se pide cualquier cosa. En mi opinión, la de mis amigos en general, si un día tiene que volver (la intervención militar), que sea a través del voto”, opinó el presidenciable. Bolsonaro consideró que por la vía de las urnas los militares podrían llegar al poder de forma legítima. Sin embargo, en la misma entrevista subrayó que quien garantiza la libertad y la democracia en Brasil son las Fuerzas Armadas.

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Después de haber subestimado el movimiento, el gobierno Temer creó un gabinete de crisis y acabó cediendo a numerosas reivindicaciones, incluida una reducción del precio del diésel, que será subvencionada por el Tesoro. En el Palacio de Planalto admitieron, además, que la huelga tuvo un diseño logístico capaz de cortar el flujo de cargas en puntos esenciales como refinerías y aeropuertos. Para Santoro, las concesiones del gobierno pueden funcionar a corto plazo, pero van a generar un problema fiscal, un problema de recursos en el presupuesto público. “Los camioneros se encuentran frente a un gobierno muy frágil, muy vulnerable. El gobierno mostró capacidades limitadas de reacción, con muchas vacilaciones”, opinó el analista político Carlos Pereira, de la Fundación Getúlio Vargas. Dentro del arco político brasileño existen posiciones encontradas ante la huelga. Los partidos que integran la coalición de gobierno criticaron los bloqueos, en tanto que dos partidos de izquierda dieron su respaldo al movimiento, en respuestas enviadas al diario O Globo.

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