Un cocinero cordobés armó un foodtruck en el que el clásico sandwich será la estrella. Y un neuquino que habla “ruso básico” y una santafesina ofrecen traductores y servicios para viajeros en esa ciudad.

A casi un mes exacto de que ruede la primera pelota del Mundial, unos 20 mil argentinos se preparan para “invadir” la capital rusa y seguir adelante, con la esperanza de vivir una nueva final casi un mes más tarde. Y aunque Moscú no está acostumbrada al espíritu mundialista y aún falta merchandising en las calles y en los comercios, según aseguran algunos de los argentinos que viven allí, ellos sí lo viven como algo propio, al punto que desarrollaron diferentes emprendimientos para recibir a quienes, están seguros, “alentarán sin parar” a la celeste y blanca, desde traductores y asistencia con alojamientos y transporte hasta un foodtruck de comida típica en el que, por supuesto, no falta el choripán.

Uno de esos “anfitriones” es Daniel Flores, un neuquino hincha de River Plate de 37 años que vive en Moscú desde 2010, y que está al frente de Solupres Rusia, una empresa de servicios dedicados a los viajeros. Llegó a la capital rusa por su esposa, Elena, a la que conoció en Egipto cuando trabajaba en una petrolera. Después de pasar por Brasil, y aunque todavía no domina bien el idioma –“con ella hablamos en inglés”, aclara–, armó un sitio en Facebook que desembocó en un negocio para contactar y orientar a los argentinos que llegaban o ya estaban en ese país.

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Con el tiempo, y un oportuno acercamiento a empresarios del fútbol internacional, reconvirtió su proyecto con vistas al Mundial 2018. “Empecé hace dos años con la copa Confederacioines, y ahora vamos a repetir la experiencia con canales de TV de Argentina”, cuenta; y asegura que se “las rebuscará para ver a Messi”, porque aún no tiene entradas para los partidos de la Selección.

Sobre sus días en Moscú, Flores cuenta que el invierno es lo más complicado: “Nunca me imaginé que iba a salir a calle con -22º. El invierno de Neuquén es bravo, pero acá es tremendo. Solo voy al gimnasio porque queda cerca de casa y me distraigo un poco, sino la cabeza te trabaja mucho”.

Luciana Martignoni llegó a Moscú hace dos años por una beca de estudios, que la llevó sin escalas de su Santa Fe natal a la Plaza Roja. “Llegué sin saber una palabra en ruso y ahora no me quiero ir más”, dice la joven, que colabora con Flores en su empresa. Vive en una residencia universitaria en la zona de Prospek, cerca de grandes parques. “Salgo a correr todos los días y ando mucho en bicicleta. Si bien hay muchas bicisendas, el tránsito es complicado. Un punto que destaco de Moscú es su seguridad. Viajo muy tarde en el metro y nadie te molesta. Es más, ni te miran”, agrega la santafesina.

Respecto del entusiasmo que le genera vivir de cerca un Mundial, cuenta que es muy futbolera, pero aclara: “Solo miro partidos de la Selección. Vivir una copa del mundo desde adentro es increíble, quiero que empiece ya. Van a venir mis amigos desde Santa Fe y, como no tenemos entradas, vamos a ir a los Fan Fest. Será una experiencia increíble, estoy segura”, se entusiasma.

Asador de las estepas. Otro argentino que espera con ansias que arranque el Mundial es Sebastián Ojeda, un cordobés de 43 años que hace siete vive en Moscú.

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Tras trabajar como parrillero en diferentes restaurantes argentinos de esa capital, ahora es el encargado de Stargrill, una cadena de restaurantes locales, pero además, quiere cumplir un sueño: está a punto de presentar su propio foodtruck de choripanes, que tiene pensado instalar en pleno centro de Moscú, en la famosa Plaza Roja.

“Llegué a Rusia sabiendo solo ruso básico. Sufrí mucho al principio al punto de querer volverme varias veces. Solo hablaba con el argentino que me trajo, pero con el tiempo me fui acomodando y se hizo más llevadero”, asegura Ojeda, que es amigo de la mayoría de los jugadores argentinos que jugaron en Rusia.

Sobre el Mundial, cuenta que lo están volviendo loco desde su Córdoba natal pidiéndole entradas y alojamiento. “Estuvieron cuatro años para organizarse y quieren todo a último momento. Son increíbles mis amigos”, puntualiza sin perder su humor.

Casado con Yelena desde 2011, se prepara con desesperación para ver a la Selección Nacional. “Compré una entrada para ver a Portugal, no sé por qué, pero con un amigo vamos a tratar de ver los partidos de la Selección. Siempre hay posibilidades”, asegura confiado el chef que cambió las sierras cordobesas por la estepa rusa.

Viajan a Rusia para enseñar español 

Parece el sueño de cualquier fanático del fútbol. La idea que propone un programa de intercambio para jóvenes de 21 a 35 años: ofrece viajar a Rusia, vivir de cerca el Mundial y, además, no solo no gastar, sino al revés: poder vivir en casas de familia, en intercambio directo con la cultura rusa, visitar ciudades por tres meses y trabajar en los ratos libres.

Algo así pensó Noelia Del Valle Carrizo, una profesora de inglés y español que pasará, a partir del mes próximo, noventa días en ese país dando clases de castellano en centros de enseñanza. “Decidí anotarme en el programa Teach in Russia cuando estaba en Estados Unidos durante mi programa de la beca Fulbright. Alguien había tenido una buena experiencia con Watar y pasé un proceso de selección de dos entrevistas, tras el que me avisaron que había quedado seleccionada”, cuenta.

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El plan incluye alojamiento en casas de familia, con habitación propia, y acceso a comidas, internet, seguro médico, y 200 dólares para gastos. Moscú, San Petersburgo y Kasán son las ciudades más elegidas por los candidatos argentinos, ya que permitirán estar cerca del seleccionado en su primera fase.

“Estaba buscando algo que me permitiera enseñar español, ya que además de mi grado en inglés, tengo experiencia como asistente de lengua española. Lo que más me atrajo fue la posibilidad real de conocer otras culturas, costumbres y valores, además, obviamente del Mundial”, agrega Del Valle Carrizo.

Lo que más la entusiasma es la movida que, anticipa, se vivirá en las calles de las ciudades rusas durante su estadía: “Será un período donde habrá chances de mucha interacción entre diferentes culturas, y que una argentina amante del fútbol como yo tenga la posibilidad de estar en un Mundial es maravilloso”, anticipa la joven profesora de idiomas.

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