Bases militares estadounidenses, rusas, españolas, también posiciones estratégicas en zonas de conflicto como Afganistán o Irak han quedado al descubierto por culpa del big data y, sin quererlo, de los corredores. Strava, una de las aplicaciones más famosas entre los deportistas, ha permitido conocer al público en general rutas por zonas ocultas a los usuarios.

El pasado mes de noviembre, la famosa aplicación presentó un mapa de calor para mostrar las rutas más utilizadas por los cerca de 1,2 millones de usuarios activos. Un anuncio inocente que se ha vuelto en contra de los servicios secretos de los países y sus enclaves estratégicos. “Si los soldados utilizan la aplicación como la gente normal, como cuando van a hacer ejercicio, podría ser especialmente peligroso”, apunta Ruser, analista del Instituto de Analistas de Conflictos Unidos.

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Sin embargo, Strava ya ha confirmado que si existe culpa alguna es de sus usuarios. “Nuestro mapa de calor global representa una vista agregada y anónima de más de mil millones de actividades cargadas en nuestra plataforma. Excluye actividades que han sido marcadas como zonas privadas y definidas por el usuario. Nos comprometemos a ayudar a las personas a comprender mejor nuestra configuración para controlarlas sobre lo que comparte”, destacan en un comunicado.

La aplicación vuelve a estar en el foco mediático meses después de saltar a los medios porque su información sobre el posicionamiento de sus usuarios podría ser utilizado por acosadores, ahora ha intentado esquivar este fallo de privacidad trasladando la responsabilidad a sus usuarios.

Strava y la mayoría de aplicaciones similares en el mercado trabajan con una conexión permanente al sistema GP, que está activada por defecto, de tal forma que aunque el usuario no esté realizando ninguna actividad física.

Esta “red social de los atletas”, como así se hace llamar Strava, en conexión con la información disponible de Google Maps es una potente arma contra las infraestructuras y secretos ocultos de los gobiernos de todo el mundo.

Los responsables de Strava, eso sí, disponen desde hace tiempo de un documento oficial al que enlazan para aclarar la polémica, y allí explican que son los usuarios los que deben marcar actividades como privadas para que éstas sean excluidas de estos mapas de calor.

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