Un kiosco cercano al Le Parc cerró poco después de la muerte del fiscal. Y agentes de Prefectura avisaban sus movimientos.

Aunque el secreto se apoderó del expediente, la palabra “homicidio” ya se instaló en la causa por la muerte de Alberto Nisman. Y un sospechoso, al menos como partícipe necesario del crimen, deberá presentarse el martes próximo en los tribunales federales. Diego Lagomarsino custodiado y con una tobillera electrónica que le permite por ahora esquivar el riesgo de una detención- enfrentará las acusaciones por la muerte del titular de la UFI-AMIA. Quiere hablar y decir que es inocente, aseguraron sus allegados.

Esta semana, el fiscal Eduardo Taiano presentó un dictamen de más de mil páginas ante el juez federal Julián Ercolini en donde repasa el devenir de la investigación y plantea una nueva serie de interrogantes en la historia del caso.

Para Taiano, en base a la pericia de Gendarmería, está claro que a Nisman lo asesinaron. También que Lagomarsino fue, dada su confianza con la víctima, el encargado de introducir en la escena del homicidio el arma de la cual saldría la bala matadora. Pero no está claro el móvil del hecho.

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Hay otros misterios que se desprenden del trabajo del fiscal, según pudo saberse. Uno es un puesto de diarios que cerró al día siguiente de la muerte de Nisman. Otro es el papel que jugó un grupo de agentes de la Prefectura Naval que avisaba cada vez que Nisman entraba y salía de Le Parc. Curiosamente, nadie sabe a quién le reportaban esos movimientos.

El dato no parece inocente si se tiene en cuenta los serios cuestionamientos a la seguridad de Nisman. Hay cuatro custodios citados a indagatorias para la semana próxima.

Según la investigación, se había dispuesto una consigna -o guardia externa- de agentes de Prefectura en el entorno de la vivienda de Nisman que debía reportar sus movimientos. “Delta tal, hora tal, sale el señor”, decía el agente de turno cada vez que Nisman salía del edificio. Pero los agentes asignados en algunos casos no sabían quién era la persona a la que estaban vigilando. Por su parte, Antonio Raúl Pascal, en ese entonces jefe del Servicio de Seguridad de Puerto Madero, manifestó que no sabía que los prefectos de esa consigna pasaban esa información.

Otro punto llamativo fue el cierre abrupto de un kiosco de diarios, ubicado sobre la esquina de la calle Aimé Paine y la avenida Azucena Villaflor, en Puerto Madero, a metros de Le Parc. Dicen que fue inmediatamente después de la muerte del fiscal. A los vecinos siempre les llamó la atención que el negocio tenía pocos diarios y revistas para vender. Y que el encargado era una persona muy formada con un nivel “por encima de la media”.

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Otro punto en cuestión: habrá que encontrar una respuesta a la explosión de llamadas entre personas vinculadas a los servicios de inteligencia durante el fin de semana de la muerte de Nisman. Los llamados telefónicos se produjeron aun antes de que se conociera que Nisman iba a aparecer muerto en el baño de su departamento, con un tiro en la cabeza, a horas de presentarse a declarar ante el Congreso.

El fiscal terminaba de denunciar a la entonces presidenta Cristina Kirchner por encubrimiento a Irán en el ataque a la AMIA, una causa en la que acaban de ser indagados la ex jefa de Estado, el ex canciller Héctor Timerman, el piquetero Luis D’Elía y el ex Quebracho Fernando Esteche. En Comodoro Py sospechan que el juez Claudio Bonadio firmaría en breve sus procesamientos.

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