“La parte soñada” es un texto pantagruélico que relega
la peripecia central para discurrir sobre la naturaleza anárquica
del sueño y los materiales inconscientes que abastecen la
imaginación de un escritor.

Más un tríptico que una trilogía, en tanto sus componentes se
articulan en simultáneo y no bajo la idea de una secuencia
temporal, este nuevo experimento literario del autor de
“Historia Argentina” representa el eslabón intermedio de una
apabullante indagación sobre los modos en que se
interrelacionan la invención, el sueño y la memoria en el
fatigoso proceso que antecede al surgimiento de una obra
literaria.

En esta novela que llega después de “La parte inventada” (y
antes de “La parte recordada”), Fresán propone una aproximación
a los sueños como insumo de la ficción pero también de la
propia vida. Y bajo esa excusa, el autor de “Vidas de santos” y
“Trabajos manuales” no pierde la oportunidad de desplegar su
portentosa ilustración literaria y musical, que como en loop
trae una y otra vez las referencias al “Visions of Johanna” de
Bob Dylan y al escritor ruso Vladimir Nabokov, uno de sus
principales tutores literarios.

“Cuando se deja de soñar no solo se pierde la posibilidad de
imaginar las cosas que no pasaron ni pasarán nunca sino también
la memoria de las cosas que pasaron”, suelta uno de los
personajes más enigmáticos de la novela, un escritor atrapado
en la incerteza y la desazón: “Sus motivaciones y movimientos
son muy líquidos. Este hombre es un signo de los tiempos… o
mejor dicho de los destiempos”, define Fresán en diálogo con
Télam, en una fugaz visita a Buenos Aires que pone un
paréntesis a su residencia de más de una década en Barcelona.

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– Télam: ¿”La parte soñada” interpela solo los
disparadores de tu obra o es también una exploración sobre la
manera en que lo onírico opera sobre la propia
vida?

– Rodrigo Fresán: Se podría hablar de una historia paralela a
la de la Humanidad: la de los sueños que han generado guerras,
proyectos, conquistas… El sueño insume una tercera parte del
total de nuestras vidas. Tan importante es, que a lo largo del
tiempo han surgido un montón de intentos de sistematizar eso,
desde los oráculos hasta Freud, pasando por las últimas
investigaciones neurológicas. El de lo sueños es un territorio
muy próximo a la literatura y en ese sentido me interesa
abordar las simetrías entre ambos: por qué se te ocurren
ciertas cosas y no otras, sumado a la falta de dominio de lo
que está haciendo tanto quien sueña como quien escribe.

– T: La obra excede los límites de la indagación
literaria para avanzar en la idea de construcción que asume
toda verdad ¿Se trata de avanzar sobre la “buena prensa” que
siempre ha tenido la verdad?

– R.F: Sí, de hecho uno de los héroes no secretos del libro es
Vladimir Nabokov, que dijo alguna vez que la realidad estaba
sobrevalorada. El lo dijo desde un punto de vista artístico en
cuanto a que los escritores no debían apoyarse tanto en la
realidad a la hora de armar ficciones, pero lo más cómico de
todo es que las últimas investigaciones de la mecánica cuántica
apuntan justamente a la idea de que aquello que entendemos por
realidad es una especie de construcción consensuada para no
volvernos locos. La realidad está llena de elipsis, de puntos
muertos, de agujeros, de contradicciones y hasta de olvidos.
Muchas de las manifestaciones literarias que se entienden como
experimentales o vanguardistas están más cerca de cómo pensamos
o de cómo transcurre nuestra vida que la gran novela realista
del siglo XIX.

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– T: Hace tiempo que trabajás desatendiendo las
fronteras entre los géneros ¿El desdoblamiento en categorías
como la ficción o el ensayo encorsetan la
literatura?

– R.F: Es que no pienso en términos de género. Al día de hoy
mucha gente no logra descifrar a cuál pertenece por ejemplo
“Historia argentina”… la verdad es que yo tampoco. Es una
marca de mis escritura y a la vez un signo de los tiempos, algo
que define a mi generación. Ahora tal vez hay un exceso de
zapping, de “short attention”, de spam… Me tocó vivir una
época donde estaba la novedad de cambiar de canal pero tal vez
no había demasiados canales como ahora. Más allá de eso, creo
que es una conducta muy típica del escritor argentino esta
fluidez de los géneros en términos de que nunca está claro si
una obra es un ensayo, una novela o un libro de cuentos..
Piglia hacía mucho esta operación pero esto está en la
literatura argentina ya desde el “Facundo” de Sarmiento. Todas
las grandes novelas argentinas son muy raras desde el punto de
vista formal: “Rayuela”, “Sobre héroes y tumbas”, “Respiración
artificial”, “Adán Buenosayres”…

– T: El libro habla también de cómo la tecnología trama
hoy las relaciones y los consumos. “¿Verdad que hasta hace no
mucho había menos cosas que les gustaban y que se tomaban su
tiempo para pensar si algo era digno de un like o no?”, dice
uno de los personajes en una larga diatriba contra este nuevo
paisaje social en el que todo aparece mediatizado por pantallas
¿Esta nostalgia pre-tecnológica se hace extensiva a la
literatura?

– R.F: Es que nos estamos pasando un poco. Hubo un momento en
nuestras vidas en que sabíamos por los menos 25 teléfonos de
memoria. Extraño discusiones con mis amigos hasta las dos de la
mañana peleándonos sobre si Bill Murray estaba en tal o cual
película. Y no había modo de averiguarlo. Ahora esas
discusiones se zanjan en un segundo. Yo añoro un poco eso. No
hay tiempo para que decante nada. En ese sentido, la práctica
de la lectura y la escritura sigue teniendo un tiempo todavía
… se está convirtiendo en la más lenta de las artes
probablemente. Piglia decía que todo arte recién podía volverse
vanguardista cuando aparecía un nuevo arte. Por ejemplo, la
pintura se pudo volver vanguardista cuando surgió la
fotografía; la fotografía cuando surgió el cine; el cine cuando
llegó la televisión. Y la televisión recién pudo hacer lo mismo
cuando surgieron las redes sociales. Es una linda teoría, pero
más allá de lo acertada que sea, es curioso que la literatura
vaya en solitario y no haya surgido nada para que pueda
volverse vanguardista. Al mismo tiempo puede ser realista,
convencional, conservadora, vanguardista, puede suceder todo en
un mismo plano… es como un verso libre.

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