En 1974, Washington convenció a Riad que financiara el entonces creciente déficit estadounidense. El país árabe advirtió ahora que podría vender los US$ 750 mil millones en bonos del Tesoro y otros activos norteamericanos.

La embajada de Arabia Saudita en Washington se ubica justo al frente del complejo de edificios Watergate,  epicentro del escándalo de espionaje que forzó la renuncia en agosto de 1974 del Presidente Richard Nixon. Una suerte de simbolismo de la cercana relación que desde ese entonces han tenido Estados Unidos y Riad. El vínculo se ha puesto en entredicho luego que el reino saudita advirtiera que comenzaría a vender sus US$ 750 mil millones  en bonos del Tesoro y otros activos que tienen en EE.UU. si el Congreso aprueba un proyecto de ley que permite que ese estado árabe pueda ser considerado “responsable” ante la justicia estadounidense por los atentados del 11 de Septiembre de 2001, señaló el diario The New York Times.

La advertencia se produce en medio de la intensa presión de congresistas demócratas y republicanos para que se desclasifique una sección de 28 páginas de un informe de la comisión oficial del Congreso que abordó los ataques de 2001. Se cree que en esas páginas se detallan posibles conexiones sauditas con los atentados. Eso partiendo de la base que 15 de los 19 terroristas del 11/9 eran sauditas, igual que el entonces líder de Al Qaeda, Osama bin Laden.

El proyecto, que aprobó el Senado el 17 de mayo, está actualmente en la Cámara de Representantes.

De acuerdo a una investigación de la agencia Bloomberg, el vínculo de ambos países se estrechó a niveles insospechados a partir de julio de 1974, cuando una delegación enviada por el propio Nixon -compuesta por el secretario del Tesoro estadounidense, William Simon y otros funcionarios- llegaron secretamente hasta la ciudad saudita de Jeddah para realizar negociaciones comerciales.

La información se viene a conocer ahora, después que Bloomberg solicitara la desclasificación de documentos del Tesoro apelando a la Ley de Libertad de Información.

En esos años, los lazos entre ambos países eran tensos, debido a que en octubre de  1973, los miembros de la  Organización de Países Arabes Exportadores de Petróleo decidieron no exportar más petróleo a los países que habían apoyado a Israel durante la guerra de Yom Kipur (del 6 al 23 octubre de 1973). Esto cuadriplicó los precios del crudo, sometiendo a Estados Unidos a una díficil situación económica.

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En este contexto, señala Bloomberg, la idea del viaje de Simon a Jeddah era neutralizar el uso del petróleo como arma política y encontrar la manera de persuadir al reino de financiar el creciente déficit de Estados Unidos con su riqueza en petrodólares.

Antes de formar parte del gabinete de Nixon, Simon dirigía la mesa de Bonos del Tesoro en Salomon Brothers. Es por eso que él entendía mejor que nadie el atractivo de la deuda pública estadounidense y cómo vender a los sauditas la idea de que Estados Unidos era el lugar más seguro para guardar sus petrodólares. Así elaboró un plan que llegó a influir en casi todos los aspectos de las relaciones entre ambos países durante las cuatro décadas siguientes: Washington compraría petróleo a Arabia Saudita y le entregaría al reino ayuda y equipos militares. A cambio, los sauditas invertirían miles de millones de sus ingresos de petrodólares en bonos del Tesoro estadounidense y financiarían el gasto de EE.UU.

Tras una serie de negociaciones, el entonces Rey Faisal exigió que las compras de bonos del Tesoro del país se mantuvieran “estrictamente en secreto”, según consta en un cable diplomático obtenido por Bloomberg en la base de datos del Archivo Nacional.

El secreto se mantuvo hasta ahora. El Tesoro reveló que las inversiones en deuda de Arabia Saudita alcanzaban US$ 117 mil millones, lo que convierte al país árabe en uno de los mayores acreedores extranjeros de Estados Unidos. China, por ejemplo tiene una inversión de US$ 1.200 millones y Japón, US$ 1.100 millones. “El cálculo actual representa apenas 20% de sus  US$ 587 mil millones de reservas en moneda extranjera (de Arabia Saudita), muy por debajo de los dos tercios que los bancos centrales normalmente guardan en activos en dólares”, dice Bloomberg.

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