Hace un mes, Kenia hacía cenizas cientos de piezas de colmillos de marfil pertenecientes a elefantes asesinados a manos de cazadores ilegales. El elefante pertenece al grupo de los Big Five, -que comprende además al rinoceronte, el leopardo, el búfalo y el león-, la nomenclatura que reciben los animales más difíciles de cazar. Una definición que per se no ha tenido en cuenta la existencia del hombre, quien ha resultado ser su peor enemigo. Quedan menos de medio millón de elefantes en el África Subsahariana, cuando a principios del siglo pasado había entre tres y cinco millones. La cifra de rinocerontes y leones desciende a una velocidad de vértigo (existen unos 25.000 de cada especie) y apenas quedan 880 gorilas de montaña en todo el continente.

Con estas cifras, África, el gran epicentro mundial de la vida salvaje corre el peligro de convertirse en el último testigo de la misma. Con motivo del Día Mundial del Medio Ambiente, el subdirector ejecutivo de la Agencia de Naciones Unidas a cargo del sector (PNUMA), Ibrahim Thiaw, ha subrayado la amenaza del tráfico ilegal de especies: “Sigue siendo un desafío global, pero África está más afectado que otras regiones. Los rinocerontes y los elefantes siguen estando muy perseguidos por los grupos criminales”. Según la última Asamblea de la ONU celebrada recientemente en Nairobi, la capital de Kenia, “el comercio ilegal de vida silvestre alcanza los 20.000 millones de dólares al año”.

Durante una visita al Parque Nacional Kruger, el más famoso de Sudáfrica, Sandra, la ranger del parque, lamenta algunos datos sobre la población de animales. De pronto, divisamos dos imponentes rinocerontes cruzando el camino para los coches. “Mirad qué hermosos. Cada vez son menos, justo la semana pasada encontramos dos cadáveres de rinocerontes asesinados por cazadores ilegales”.

Sandra explica cómo esos cazadores sortean el alambrado durante la noche por alguno de sus más de 19.000 metros cuadrados. Aunque hay vigilancia constante, es imposible cubrir todo el área. Matan a los rinocerontes con veneno por dos motivos: el primero es para no hacer ruido, el segundo es para cobrarse alguna otra víctima. “Cuando les envenenan, otros animales comen el cuerpo y se mueren también. Así los cazadores furtivos pueden conseguir leones u otros animales sin necesidad de enfrentarse a ellos“. Aunque Sandra comenta que los leones generalmente no comen carne que no hayan cazado ellos mismos, algunos han sido víctimas de esa trampa, al igual que las hienas u otros animales carroñeros.

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La expansión y desarrollo por parte del ser humano ha interrumpido la cadena de la naturaleza y ha condicionado el medio en el que todas las especies animales viven. Pero el drama de la fauna acorralada también es culpa de la caza ilegal, bien por el comercio que la impulsa como en el caso del marfil de elefante o del cuerno de rinoceronte, o bien por el hobby de lujo que permite que adinerados cazadores sacien su sed de virilidad llevándose la cabeza de un animal como tesoro para la pared de su casa. En el Día Mundial del Medio Ambiente, EL MUNDO recorre las cinco especies de animales más amenazadas en África.

1. Elefante: Acosado por su marfil

El Parque Nacional de Nairobi dio una lección ejemplar llevando a cabo la mayor quema de marfil de la historia el pasado 30 de abril. Sin ser la primera vez, en la capital de Kenia ardieron 105 toneladas de marfil de elefante, procedentes de entre seis mil y siete mil elefantes, un 5% de las existencias del mundo, y 1,5 toneladas de cuerno de rinoceronte. La mercancía fue incautada a cazadores y comerciantes furtivos, y el gesto fue traducido como un punto y final la matanza de animales salvajes con fines comerciales.

Según el PNUMA, entre 2009 y 2014 más de 170 toneladas de marfil fueron exportadas ilegalmente fuera de África. “Generalmente, la demanda del marfil proviene de Asia, donde los colmillos esculpidos representan un símbolo de lujo y poder económico”, explica World Wildlife Found (WWF). Según la organización, cada año mueren 30.000 elefantes africanos a manos de cazadores furtivos, lo que supone una pérdida del 8% cada año. Tal es su desconfianza hacia el ser humano que aunque generalmente no es agresivo, ha adquirido un método de protección en algunos países como Malawi.

En una excursión en el Parque Nacional Liwonde, el guía explicó la peligrosidad de acercarse al elefante negro: “Aún se acuerdan de cuando los mataban en Mozambique. No se fían del hombre y son agresivos como método de defensa“. Actualmente viven repartidos en 37 países sumando un total de 470.000 ejemplares y, aunque pueden vivir hasta 70 años, su largo embarazo (22 meses) ralentiza la repoblación.

2. Rinoceronte: Cazado por sus cuernos

Sudáfrica alberga el 80% de los rinocerontes de todo el continente y perdió a 1175 ejemplares durante el año 2015 a manos de cazadores furtivos. Menos que en el año anterior (cuando 1215 fueron asesinados) pero aún así muchos, si recordamos que en 2007 la cifra fue de 13 ejemplares. Es por eso que aparece en un reciente informe publicado por la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Crimen (UNODC) bajo el título World Wildlife Crime, como el país africano en el que más rinocerontes son matados cada año.

El Parque Nacional Kruger es donde se concentra casi toda la actividad, y sus cazadores son en gran parte mozambiqueños que consiguen burlar las fronteras. El país no termina de posicionarse respecto al comercio (por el momento legal) del marfil procedente de los cuernos. Mientras que unos ven que el dinero ganado podría ser invertido en la conservación del animal y en su seguridad frente a cazadores furtivos, los detractores piensan que el comercio legal podría tentar a los cazadores.

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Las piezas generalmente acaban en el mercado asiático, donde varias creencias les atribuyen propiedades curativas del cáncer y también como un elixir afrodisíaco.Pero no sólo Sudáfrica es lugar de riesgo para los rinocerontes, cuya población en el continente se estima en un poco más de 5.000 ejemplares de rinoceronte negro y de 20.000 de rinoceronte blanco. Una especie que se ha visto reducida en un 97,6% desde la década de los sesenta, cuando en condiciones normales pueden vivir entre 35 y 40 años y su periodo de gestación es de 16 meses.

3. León: Adiós al rey de la selva

La muerte del león Cecil el año pasado en el Parque Hwange de Zimbabue fue universal. No sólo por tratarse de uno de los ejemplares más majestuosos que quedaban en el país, sino porque puso de manifiesto la evidente existencia de la caza continuada de especies amenazadas como forma de lucro para millonarios. Ya en el año 1996 los leones fueron catalogados como animales en peligro de extinción, principalmente a causa del hombre. En los últimos veintiún años se han perdido el 42% de los ejemplares del apodado rey de la selva, lo que ha llevado a que se hayan extinguido en siete países africanos.

Según la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora (CITES), en África quedan a día de hoy 25.000 leones, cuando en la década de los cincuenta había más de 200.000 ejemplares. En el caso del león, así como de otros felinos, la mayor causa de las ilegalidades se cometen no sólo por la caza, sino también para el comercio de su piel que acaban directamente en la industria de la moda. En ese sentido, el leopardo, aunque sea un animal solitario y difícil de encontrar, también es víctima del comercio de pieles. En el cono sur de África se pueden encontrar un 51% de los ejemplares.

En un reportaje publicado por el diario británico The Guardian, afirmaban que en los últimos 250 años su hábitat histórico se ha visto reducido en un 75% en todo el mundo. Sin embargo, es el que más optimismo despierta entre las protectoras ya que se adapta fácilmente a su hábitat y condiciones de caza.

4. Gorilas: Grandes simios en declive

En Octubre de 2013, WWF presentó una queja contra la petrolera británica SOCO para que retirase su presencia del Parque Nacional Virunga, en la República Democrática del Congo, uno de los parques más antiguos y ricos en fauna salvaje de África y uno de los últimos resquicios del continente donde poder pasear entre gorilas. Aunque no sea una especie de simios tan perseguida por los mercados ilegales como por ejemplo los chimpancés u orangutanes, su población es escasa.

Virunga, donde viven un cuarto de los gorilas de montaña del mundo, es considerado desde 1979 Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO por su diversidad de hábitats y la riqueza de especies endémicas (más de 200). En un informe publicado por WWF, se especifica que los ingresos anuales del parque ascienden a más de 400 millones de dólares gracias a la pesca y el ecoturismo. Una visita de una sola jornada para caminar entre gorilas cuesta entre 400 y 700 euros, dependiendo del país desde donde se visite, la República Democrática del Congo o en el Parque de los Volcanes en Ruanda y el parque Nacional de Mgahinga, en Uganda.

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Actualmente quedan en dicho resquicio 880 ejemplares de gorila de montaña, con lo que no es de extrañar que vivan casi en cautividad y gracias a las aportaciones privadas. Dentro del riesgo de extinción que tiene la especie, hay que destacar que la población en 1989 era de 260 ejemplares menos que en la actualidad. La esperanza de vida de un gorila es de entre cuarenta y cincuenta años.

5. Tortugas marinas: Atrapadas en redes de pesca

El quinto animal del mundo con más riesgo de extinguirse son las tortugas marinas. Suponen un 3% de la lista de las especies salvajes de fauna y flora más vulnerables al crimen organizado según el informe de UNODC, después del palo rosa, los elefantes, la aromática madera conocida como agarwood, los reptiles, el pangolín y los rinocerontes. Según datos del WWF, al año decenas de miles acaban en el comercio ilegal. Aunque el océano Pacífico es el principal foco del mundo donde las tortugas son más cazadas, durante los últimos treinta años han desaparecido un 90% de los ejemplares de tortugas marinas, África también experimenta esa caza furtiva.

En el último episodio de una serie de documentales bajo el título Africa, producidos por el emblemático naturalista británico David Attemborough, el equipo se centra en las especies de animales con mayor riesgo de desparecer en todo el continente. Junto a las anteriormente citadas, aparecen las tortugas marinas. Los cazadores furtivos las buscan por diferentes motivos, desde decorativos hasta para comerciar con su carne y huevos para comerlos.

Pero no sólo el hombre es enemigo del ancestral animal: el cambio climático, el que caigan en redes de pescadores por accidente y, principalmente, las reducciones de su área natural de vida están contribuyendo a la desaparición de los siete tipos de especies de tortugas marinas que existen en el mundo.

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