SEGUNDA VUELTA ELECTORAL 2016

Kuczynski pide vigilar para que no les “roben los votos”. Keiko: “Vamos rumbo a la victoria”

Los primeros datos del recuento en Perú confirman lo que apuntaban las encuestas a pie de urna: una derrota inesperada y por la mínima de la derechista Keiko Fujimori y una victoria del liberal Pedro Pablo Kuczynski (PPK). A pesar de que quedan muchas horas para saber el resultado definitivo, los datos empiezan a apuntar que los Fujimori han repetido su fracaso de 2011, cuando se quedaron sin la victoria en la recta final frente a Ollanta Humala. De nuevo la ola de antifujimorismo del final de la campaña, en este caso con un respaldo de última hora de la izquierda al liberal Kuczynski para frenar a Fujimori, parecen haber tenido un efecto sorprendente. Con el 89,5% del escrutinio oficial, el exministro de Economía de Alejandro Toledo lograba un 50,5% frente al 49,4% de la hija del autócrata que gobernó Perú entre 1990 y 2000.

Todos los datos parciales, a la espera del definitivo, apuntaban en el mismo sentido: victoria por la mínima. Según los primeros recuentos de mesas elegidas que siguen las encuestadoras, el llamado conteo rápido, PPK ganó por 50,5% frente a 49,5% (datos de Ipsos) o 50,9% frente a 49,1% (datos de GFK). Sin embargo, los fujimoristas no reconocían la derrota y preferían esperar a los datos definitivos. Una diferencia tan escasa y el habitual voto oculto a Fujimori movían a la cautela a todos los expertos y auguran una larga noche de tenso recuento en el que puede ser clave el trabajo de los personeros (fiscales o interventores), y ahí la red del fujimorismo es mucho más potente en todo el país.

En un ambiente de gran tensión con diferencias muy escasas y cierto miedo al fraude, Kuczynski compareció ante sus fieles con una expresión de inquietud muy contenida. “No hemos ganado todavía, para eso hay que esperar los resultados oficiales. Tenemos que ser vigilantes para que no nos roben los votos en la mesa. Pero estoy seguro que la ONPE [la organización electoral] saldrá mañana en la noche con su veredicto a favor de la democracia. Tendremos un país democrático. Por eso tomamos estos veredictos oficiales con optimismo pero con modestia. Nosotros aborrecemos la dictadura y amamos el diálogo”, aseguró el candidato. Y a partir de ahí llamó al diálogo, imprescindible porque está en minoría en el Congreso. “Somos conciliadores, a pesar de los que nos dicen vamos a poder gobernar el Perú hacia un horizonte brillante y mejor. Vamos a conversar con todos. No más pullas ni enfrentamientos”.

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La tensión creciente de la noche quedó aún más clara cuando poco después habló Keiko Fujimori y, lejos de reconocer la derrota, se dio por ganadora y confió en que se confirmara su victoria cuando empezaran a llegar los votos del interior. “Nos llena de orgullo saber que contamos con el 50% de respaldo de la población”, aseguró. “Es un voto ajustado, pero vemos la vitalidad de la democracia de nuestro país. Las cifras que vemos en la televisión nos muestran un empate técnico. Vamos a esperar con prudencia, toda la noche llegarán los votos de las regiones y el voto rural del Perú profundo. Por eso estamos optimistas. Hoy hemos dicho no queremos odio, queremos unidad y reconciliación. Estamos contentos rumbo a la victoria”, clamó.

Antes de que llegaran esos datos de recuento, dos encuestas a pie de urna apuntaban en la misma línea, a una victoria por la mínima para PPK (50,4% por 49,6%, según Ipsos, 51,2% por 48,8%, según GFK) mientras otra, de CPI, apuntaba al éxito de Keiko con un 51,1% frente a 48,9% de PPK. El tradicional voto fujimorista oculto hacía desconfiar a todos, aunque el recuento de las primeras mesas ya no es un sondeo sino datos reales.

Fujimori centró su campaña en la inseguridad buscando el voto de los pobres y hace solo una semana parecía imparable camino de la victoria, con 5 o 7 puntos de ventaja sobre PPK. Pero el candidato dio un giro radical a su campaña, endureció sus ataques, y sobre todo se subió en la ola de antifujimorismo alentada por la izquierda y por los escándalos que afectaron al partido de Keiko, cuando su secretario general tuvo que dejar el primer plano por una investigación de la agencia antidrogas de EE UU, la DEA.

Fujimori parece ver como se le esfuma una victoria que tenía hecha sobre todo con el voto de los pobres, que apostaban por ella empujados por la desesperación de la inseguridad y la sensación de desprotección. En el centro de votación del colegio Leoncio Prado, en el barrio de Pamplona alta, muy cerca de una barriada de chabolas donde Keiko arrasa, esa realidad salta a la vista. Los vecinos han cerrado sus propias calles con enormes verjas, para protegerse de los ladrones. Cada habitante de esas casas bajas, explica Maribel, que tiene un puesto de comida, tiene llaves de la valla. Los coches no pueden circular en ningún momento y por la noche se cierra por completo incluso el paso a las personas. “Como la municipalidad no nos cuida lo hacemos nosotros, es por los pandilleros”, cuenta. En Lima casi todas las casas de los barrios de clase media tienen vallas electrificadas y en todos los cafés y restaurantes hay correas bajo la mesa para enganchar el bolso y evitar robos. La inseguridad es un asunto central, sobre todo para los más pobres, que la sufren más.

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“Vecinos unidos contra el robo. Se prohíbe el ingreso de delincuentes. Se dará captura y castigo en la ronda vecinal”, señala un cartel en otra calle del barrio cerrada por los vecinos, que da idea de esa autogestión. Es en ese ambiente donde ha crecido el fujimorismo y sus propuestas de mano dura. Sin embargo, incluso aquí, en territorio fujimorista, hay gente como Alicia que votará a PPK “porque tiene más experiencia [77 años frente a los 41 de Keiko]”, señala en el colegio después de votar. “La gente de las invasiones [barrios de chabolas que se instalan en un cerro] vota a Fujimori porque están agradecidos por la leche que les dan por la mañana y los comedores que tienen. Pero yo voy a apoyar a PPK por el bien del país”, sentencia Teodulfo.

En el colegio electoral en la universidad privada Ricardo Palma, en un barrio limeño de clase media, los dos jóvenes que están a la puerta realizando los sondeos a pie de urna para dos encuestadoras diferentes señalan que “está muy parejo”. Lima es clave porque en esta megaurbe reside un tercio de los casi 23 millones de peruanos llamados a votar. Y es donde está más fuerte PPK, que ha recibido un apoyo inestimable de la líder de la izquierda, Verónika Mendoza, y gracias a ella está logrando entrar en los barrios pobres de Lima y en el sur del país, donde por sí mismo no tendría ninguna fuerza. Los primeros datos indicaban que PPK ganó en Lima y en el sur, precisamente gracias a los votos de Mendoza.

Keiko Fujimori en un mitin.

“Desde el lunes haremos una oposición vigilante”, señalaba Mendoza después de votar en Cusco, su tierra. Ella ha dejado claro que apoya al liberal PPK solo para evitar que gane Keiko, pero luego será su opositora. Ese es otro de los grandes problemas. Si PPK da la sorpresa y se alza con el triunfo en esta segunda vuelta, se encontrará con un Congreso controlado por los Fujimori. Algunos analistas creen que muchos parlamentarios fujimoristas se aliarían con PPK y además auguran que si Keiko pierde por segunda vez se abrirá una guerra familiar con su hermano Kenji, que aspira a sucederla, y que solo el padre encarcelado podría dirimir. Para confirmar ese análisis, Kenji hizo un gesto claro de distancia con su hermana y no acudió a votar. En cualquier caso el de PPK sería un Gobierno con dificultades parlamentarias.

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La guerra de fondo es total pero Perú es un país donde las formas siempre se respetan y todos trasladan una enorme tranquilidad y respeto. Los candidatos mantuvieron un ritual especial en un país que tiene una de las cocinas más famosas del planeta: el copioso desayuno electoral frente a las cámaras. En ambiente festivo, los candidatos abren sus casas o algún local partidario para desayunar ante los objetivos con coberturas en directo de todas las cadenas.

Kuczynski desayunó con su esposa, Nancy Lange —prima de la actriz Jessica Lange— en La Victoria, una barriada popular. “Que hoy ganen la democracia, la unidad y el diálogo, Voten con alegría”, pidió a sus seguidores. Keiko Fujimori desayunó ante las cámaras con sus hijas y su marido, Mark Vilanella, además de su hermano Kenji y su madre, Susana Higuchi, que en los 90 se divorció de su padre y denunció la corrupción fujimorista. Esta vez las parejas de los dos candidatos son ciudadanos de EE UU. “Es un día de fiesta, llego contenta, con ilusión”, señaló Fujimori antes de votar. Solo el recuento determinará para quién es la fiesta esta vez.

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