Yemen vuelve a ser escenario de una escalada con consecuencias que alcanzan al conjunto de Oriente Medio. El precio del petróleo Brent se ha disparado hasta su nivel más alto en seis semanas, acercándose a los 100 dólares por barril, después de que un ataque de los hutíes este martes contra instalaciones petroleras saudíes provocara incendios, dejara 73 heridos y obligara a detener temporalmente algunas operaciones de Aramco. El repunte se suma a una subida del crudo ya impulsada por la guerra entre Estados Unidos contra Irán y vuelve a colocar la seguridad energética regional bajo presión.
En este contexto, el petróleo se ha convertido en una de las primeras señales del alcance de la nueva escalada. Cualquier interrupción o amenaza sobre la infraestructura energética de Arabia Saudí puede trasladarse rápidamente a los mercados internacionales. Esta vez, los ataques afectaron a instalaciones de Aramco en Abha y Jizan, en el sur del reino, y provocaron el cierre temporal de algunas operaciones.
Detrás de esta reacción de los mercados se encuentra una ofensiva de gran envergadura. Los hutíes lanzaron el martes una oleada de misiles balísticos y drones contra varios objetivos en territorio saudí. Su portavoz militar, Yahya Saree, afirmó que el grupo empleó «decenas de misiles balísticos y drones» y señaló como objetivos instalaciones de Aramco en Abha, Najran y Jizan, además de la base aérea de Khamis Mushait.
Según la versión hutí, Saree aseguró que los ataques fueron «precisos y directos» y causaron daños extensos. El movimiento presentó la operación como una represalia por los bombardeos saudíes sobre Yemen. Según su portavoz, Arabia Saudí había realizado 121 ataques aéreos en los tres días anteriores contra las provincias de Marib, Al-Bayda, Al-Hudaydah, Taiz y Al-Jawf. Riad, sin embargo, no ha confirmado esas cifras.
Frente a la ofensiva hutí, la respuesta saudí fue inmediata. Su Ministerio de Relaciones Exteriores declaró que «Riad tomará todas las medidas necesarias para defender su soberanía» y exigió el fin de los ataques hutíes contra su territorio y contra los petroleros saudíes que navegan por el mar Rojo. El portavoz de la coalición liderada por Arabia Saudí, Turki Al-Maliki, calificó la ofensiva de «escalada peligrosa» y aseguró que se adoptarían las medidas necesarias para «disuadir a los hutíes y neutralizar las fuentes de amenazas».
La escalada, además, no terminó con esas declaraciones. Los hutíes informaron posteriormente de una serie de ataques de represalia saudíes, aunque Riad no los ha confirmado por el momento. La sucesión de ataques amenaza con reactivar una dinámica que ha marcado buena parte del conflicto: una ofensiva que desencadena una respuesta y una respuesta que abre la puerta a una nueva escalada.
A esta dimensión militar se suma la geográfica. Los objetivos atacados se encuentran en el sur de Arabia Saudí, pero la confrontación se extiende también hacia el mar Rojo y el estrecho de Bab Al-Mandeb, una de las principales puertas de entrada y salida del comercio marítimo mundial. De hecho, en julio, los hutíes anunciaron un bloqueo naval contra Arabia Saudí en respuesta a lo que describieron como un «asedio saudí a Yemen», una acusación que Riad niega.
Para entender por qué Arabia Saudí y los hutíes vuelven a enfrentarse con esta intensidad hay que remontarse a 2014. Ese año, los hutíes tomaron Saná y desplazaron al Gobierno reconocido internacionalmente. Un año después, en marzo de 2015, Arabia Saudí intervino militarmente al frente de una coalición que respaldaba a ese Gobierno, dando paso a una guerra que convirtió Yemen en uno de los principales escenarios de la rivalidad regional.
Desde entonces, el conflicto ha atravesado distintas fases. Aunque nunca llegó a resolverse, los combates se redujeron considerablemente durante una tregua de cuatro años. Sin embargo, esa pausa terminó en julio, cuando se reanudaron las hostilidades entre los hutíes y las fuerzas del Gobierno yemení reconocido internacionalmente y respaldado por Arabia Saudí.
Desde esa ruptura, la violencia ha vuelto a extenderse dentro del propio Yemen. Los enfrentamientos se han intensificado en varios frentes, especialmente en las provincias de Taiz, Al Jawf, Al Baida y Al Hudayda. El coste humano de esta nueva fase ya es considerable: en los últimos días, los combates han dejado cientos de muertos.
18.500 personas desplazadas en solo 72 horas
El repunte de los combates también está obligando a miles de familias a abandonar sus hogares. Alrededor de 18.500 personas han sido desplazadas en las últimas 72 horas por la intensificación de los enfrentamientos en las provincias occidentales de Taiz y Al Hudayda, según informó este martes la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) de Naciones Unidas.
«18.500 personas han sido desplazadas en solo 72 horas mientras los combates se intensifican en la costa occidental de Yemen y en partes de Taiz y Al Hudayda. La cifra continúa aumentando a medida que las familias huyen de la reanudación de las hostilidades», señaló la OIM en Yemen.
La organización también informó de víctimas civiles, incluidos muertos y heridos, en distintos puntos del país. La escalada se concentra especialmente en Taiz, Al Jawf, Al Baida y Al Hudayda, donde las fuerzas gubernamentales y los hutíes han incrementado los enfrentamientos.
La OIM advirtió de que el número de desplazados está «aumentando cada hora», mientras las familias continúan llegando a comunidades de acogida y lugares habilitados para personas desplazadas.
El jefe de misión de la OIM en Yemen, Abdusattor Esoev, describió las condiciones en las que se está produciendo este éxodo: las familias están «llegando sin nada: sin refugio, sin comida y sin saber si es seguro regresar».
Incluso abandonar las zonas de primera línea puede resultar peligroso. Esoev expresó su preocupación por los informes que apuntan a que algunas familias podrían no estar en condiciones de salir de forma segura debido a los combates y a la inseguridad en las rutas de salida.







